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Crítica: “Anonymous” El código Shakespeare

William Shakespeare (Rafe Spall)  no escribió las obras que llevan su nombre. De hecho no sabía escribir y apenas leer. Era un pícaro, un pendenciero, un actorcillo que por azares del destino se encontró con la posibilidad de estampar su nombre en uno de los legados literarios más importantes de la historia. Este punto de vista queda asumido por "Anonymous" desde el principio. Entonces la película nos cuenta por que las obras del divino bardo no llevan la firma de su autentico autor.  Nueva York, época actual. En un teatro repleto el actor Derek Jacobi siembra las dudas sobre la…

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William Shakespeare (Rafe Spall)  no escribió las obras que llevan su nombre. De hecho no sabía escribir y apenas leer. Era un pícaro, un pendenciero, un actorcillo que por azares del destino se encontró con la posibilidad de estampar su nombre en uno de los legados literarios más importantes de la historia. Este punto de vista queda asumido por "Anonymous" desde el principio. Entonces la película nos cuenta por que las obras del divino bardo no llevan la firma de su autentico autor.  Nueva York, época actual. En un teatro repleto el actor Derek Jacobi siembra las dudas sobre la autoría de la obra de Shakespeare y comienza a contar una historia distinta de la oficial. Un flashback nos lleva a la Inglaterra del siglo XVI  en la que el escritor Ben Jonson (Sebastian Armesto) es brutalmente interrogado por Robert Cecil (Edward Hogg), Secretario de Estado de la Reina Elizabeth I (Vanessa Redgrave/Joely Richardson) sobre la localización de unos manuscritos entregados por el Duque de Oxford (Rhys Ifans).

Luego hay otro flashback  … y luego otro mas.  Entramos en una trama plagada de intrigas palaciegas, amores frustrados, el teatro como instrumento político y sobre el don y la maldición del arte. Siguiendo fiel a su estilo de reciclamiento Emmerich ha hecho su Amadeus particular mezclando elementos de la saga Elizabeth I. Aunque nos pueda parecer que el director alemán ha realizado un tipo de trabajo distinto al que nos tiene acostumbrado creo que simplemente lo que ha hecho es aplicar su formula habitual a otro género. Historia de buenos y malos con pocos matices, espectacularidad… en resumen, un producto popular que funcione en taquilla. Este enfoque no le hace ganar muchos puntos ante la crítica pero Roland  ha demostrado tener un buen tirón ante el público que le permite una envidiable autonomía con sus mastodónticos proyectos.  Emmerich es un director acostumbrado a funcionar con grandes presupuestos y que estos luzcan con todo su esplendor en la pantalla. En ese aspecto la producción cumple perfectamente en diseño, vestuario, fotografía y efectos especiales.  Como es habitual en su cine el reparto no destaca especialmente, sobre todo por tener unos personajes muy encorsetados. Podemos hacer la excepción con Vanessa Redgrave encarnando a una peculiar e imprevisible reina Elizabeth I.

Como también es habitual en el cine de Emmerich hay escenas de efectos especiales inolvidables. Las vistas aéreas del Londres del siglo XVI (mejorando el movimiento de las figuras humanas serian perfectas) o un entierro en la nieve con incuestionable valor plástico.
Los fragmentos de las obras de Shapeskeare representadas en los teatros populares  o simplemente en cobertizos serán bastante gozosos sobre todo para aficionados al teatro.
En contra podemos mencionar el inicio confuso en cuanto a la forma de mezclar flashbacks, amontonar una presentación de personajes tras de otra y un forzado clímax final en el que el poder de la obra de Shakespeare sobre la multitud pone a prueba nuestra credulidad.
Lo que si transmite la película es una pasión por el puro espectáculo y una confianza ilimitada en la forma de plasmarlo, lo que por otra parte es seña de identidad de Emmerich.

Los críticos siempre menospreciaran a esta forma de concebir el cine, fundamentalmente como un instrumento de hacer pasar un buen rato. Un poco como hacía Cecil B. DeMille. Me permito una licencia al pensar que todo esto no importaría a un joven Emmerich mientras disfrutaba de un programa doble de cow-boys, ciencia ficción, bélico o cualquier otro género en un cine de barrio de su localidad.
 
Al menos así me gusta imaginármelo.

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