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Act of Valor

Crítica: “Act of valor”. Una película antiamericana

Act of Valor (2012) es uno de los últimos grandes éxitos de la cartelera estadounidense, ya que con un presupuesto de 12 millones de dólares ha recaudado hasta el día de hoy casi 70 millones. El filme se encuadra en ese subgénero tan de moda de ‘películas de acción sobre la Guerra de Irak y los conflictos de Medio Oriente’ que proliferaron en la última década. Porque Act of Valor es un exponente más de esa historia contada hasta el hartazgo acerca de un grupo de soldados estadounidenses dispuestos a actuar heroicamente en pos de derrotar a una potencial amenaza…

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Act of Valor (2012) es uno de los últimos grandes éxitos de la cartelera estadounidense, ya que con un presupuesto de 12 millones de dólares ha recaudado hasta el día de hoy casi 70 millones. El filme se encuadra en ese subgénero tan de moda de ‘películas de acción sobre la Guerra de Irak y los conflictos de Medio Oriente’ que proliferaron en la última década. Porque Act of Valor es un exponente más de esa historia contada hasta el hartazgo acerca de un grupo de soldados estadounidenses dispuestos a actuar heroicamente en pos de derrotar a una potencial amenaza terrorista para su territorio.

Pero a diferencia de filmes como Body of Lies (2008) o Green Zone (2010), donde el ejército estadounidense tiene un rol ambiguo, Act of Valor se pone decididamente de un lado –de hecho, los protagonistas son marines reales. Parafraseando a quien comenzó la ‘guerra contra el terror’, en Act of Valor uno está con el ejército de EE.UU. o con los terroristas. No hay grises. Hay hasta lo que podría llamarse una especie de ‘pornografía armamentista’, donde se nos enseña cada artefacto bélico propiedad del U.S. Army. Los marines son hombres recios, llenos de honor, respeto y amor por la libertad, la democracia y los valores familiares. Son guerreros perfectos, no fallan un disparo, y el filme los eleva a un status de cuasi-superhéroes –hecho curioso, por tanto, que el filme llegue a la cartelera el mismo día que la muy esperada The Avengers (2012).

Toda película representa un punto de vista, el de un grupo de personas, los autores, acerca del mundo que los rodea. La toma de posición extrema de Act of Valor no es, en este sentido, necesariamente condenable. Pero llama la atención que dicho enfoque pueda ser tan básico, parcial y absurdo. Es extraño que los protagonistas luchen para proteger el valor de la familia al mismo tiempo que amenazan con matar a la hija de uno de los terroristas. Y es chocante lo vago que resulta el concepto de libertad para unos soldados que dicen defenderla pero un instante después se burlan de un grupo de musulmanes que rezan en medio del desierto. Estas contradicciones se cuentan de a cientos.

Pero en esa toma de posición tan sesgada, Act of Valor encuentra, casi inconscientemente, el elemento que la hace una película profundamente ambigua. Más allá de que resulta algo densa y previsible –tanto que las primeras frases nos develan el final–, el filme llega al punto de pisarse su propia cola al momento de retratar la actualidad militar de los Estados Unidos. De tanto que se han perfeccionado estos soldados, los combates en pantalla se tornan aburridos, rutinarios y totalmente previsibles, al punto de que los marines ya no son partícipes de una guerra sino que se han convertido más bien en perpetradores de una gigantesca masacre gracias a su poderío tecnológico-armamentístico.

Aún más, analizando apenas un poco más profundamente a los marines estadounidenses, puede verse que se trata de frías máquinas de matar, seres que ya no son capaces de expresar ninguna emoción, cuya única salida para ganarse el cielo y el reconocimiento de los demás es morir como héroes en el campo de batalla. Se trata de cuerpos vacíos de sentimientos y llenos de venganza, atributos todos que suelen ser propiedad exclusiva de los fundamentalistas Islámicos que pretenden combatir.

Precisamente donde Act of Valor pretende hacerse fuerte y trazar una línea gruesa de separación entre dos mundos presumiblemente diferentes, el cine se interpone una vez más para reflejar que la realidad es mucho más indefinida de lo que podemos suponer.

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