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Crítica: “¡Piratas!”. Una deliciosa locura.

Sin duda la plastilina vence por goleada a la animación por ordenador. Lejos de ser una película infantil,¡Piratas! tiene ese humor absurdo inglés que unido con el ambiente pirático recuerda mucho a la famosa  saga de juegos de ordenador Monkey Island, incluyendo la costumbre de embadurnar a alguien en alquitrán y cubrirle de plumas, o los descabellados detalles modernos totalmente fuera de lugar en pleno siglo XIX. Y por supuesto, la principal idea: piratas con una sensibilidad entrañable, en contraste con los aguerridos y sangrientos piratas que les rodean. Incluso la isla Sangrienta a la que acuden estos desastrosos corsarios…

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Sin duda la plastilina vence por goleada a la animación por ordenador. Lejos de ser una película infantil,¡Piratas! tiene ese humor absurdo inglés que unido con el ambiente pirático recuerda mucho a la famosa  saga de juegos de ordenador Monkey Island, incluyendo la costumbre de embadurnar a alguien en alquitrán y cubrirle de plumas, o los descabellados detalles modernos totalmente fuera de lugar en pleno siglo XIX. Y por supuesto, la principal idea: piratas con una sensibilidad entrañable, en contraste con los aguerridos y sangrientos piratas que les rodean. Incluso la isla Sangrienta a la que acuden estos desastrosos corsarios debe su nombre a la isla Blood de este juego de Lucas Arts.

Desde la creación de Wallace & Grommit y Chicken Run, Peter Lord ha demostrado una vez más que son verdaderos artistas con el stop-motion, un campo en el que muy pocos se atreven a entrar, y sólo él logra no sólo obtener resultados fabulosos, sino superar en calidad a grandes productoras con un largo bagaje en la animación. ¡Piratas! combina el clásico mito del valor de la amistad sin llegar a pecar de empalagosa, y salpicada con delirantes personajes como un pardillo y excéntrico Charles Darwin.
La banda sonora está repleta de un magnífico rock reconocible para todo amante de la música, incluyendo grupos como The Clash, Tenpole Tudor y Supergrass.

Muchos detalles de esta película han sido censurados en Estados Unidos por considerarse "demasiado picantes", a pesar de que se reducen a simples chistes, y no precisamente el grueso de estos. Del mismo modo, parece ser que la teoría de la evolución que asoma tímidamente a lo largo de la aventura como futuro descubrimiento de Darwin, también pareció suficientemente polémica a ducho país.

En cuanto a la estética, no cabe duda de que la magia y belleza de los personajes hechos con arcilla es única: los movimientos, gestos y la naturalidad con la que estos muñecos cobran vida en la pantalla es admirable, sin olvidar el esfuerzo y la proeza de hacer todo un film de 88 minutos con tan insólitos medios. El diseño gráfico es sin duda otro de los platos fuertes: la ambientación, los paisajes, tabernas y el propio mar están cuidados al más mínimo detalle.

El guión tampoco tiene desperdicio: cada personaje importante en la trama tiene su correspondiente arco de transformación, incluso juegan con la empatía, simpatía y la lástima para posicionar al espectador, y sobre todo, se preocupan de que esos tres factores se turnen para acompañar al protagonista, ya sea en su momento de descenso y caída (lo que se conoce como "noche oscura"), o por pura identificación. Peter Lord también ha buscado un McGuffin tan evidente en el mundo pirata que a nadie más se le habría ocurrido usar: Poly, el loro del Capitán Pirata, que resulta ser un Dodo. La anticipación y el cumplimiento tampoco dejan lugar a dudas o tramas abiertas. Cada cabo queda atado, como una película digna de manual. La maestría con que ha bautizado a cada uno de los grumetes que acompañan a este aspirante a pirata del año es más que exitosa: no tienen nombre alguno, y sin embargo resulta imposible olvidarles (Pirata con pañuelo, pirata con gota, pirata albino…)

Resulta curiosa la vestimenta con la que los piratas exitosos presumen de ser los mayores saqueadores y más sanguinarios, y por lo tanto dignos de merecer un trofeo: el estilo en este caso es completamente pimp (estampados de leopardo, anillos y oros por todas partes…). Además el humor es inteligente, especial para que pueda resultar comercial, pero el buen humor no puede ser disfrutado por todos. A diferencia de otras películas actuales, en las que el clásico villano se empieza a desvanecer, dejando en su lugar conflictos internos u obstáculos, ¡Piratas! no decepciona en ese aspecto, ya que tiene como villana a nada más y nada menos que la Reina Victoria de Inglaterra.

Risas sin precedentes, buen humor y sobre todo buen sabor de boca. Hoy en día es difícil encontrar buenas películas en este campo, casi todas ellas se reducen a animación hecha con poco esfuerzo y un escaso cuidado en el guión. ¡Piratas! no es una de ellas.

Sobre Silvia Dorado Castro

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