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Crítica: “Caníbal y Omnívoros”: las diferencias del saber comer

Últimamente el cine español está desarrollando un selecto sentido gastronómico, los directores han tomado una tendencia, se han revelado y han decidido dar el salto a la alta cocina. A los actores no les ha importado y se han sumado a esta corriente. Se han acomodado e incitado a toda la academia a seguir sus pasos, pues realmente es de extrañar que con un tema tan infrecuente como es el canibalismo, varias películas se estrenaran durante el mismo año. Caníbal ya se presentaba como un gran promesa para los premios Goya mientras que Omnívoros únicamente conseguía debutar en el festival…

Resumen de Reseña

Caníbal
Omnívoros

Resumen : Descripción de Caníbal y Omnívoros

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Últimamente el cine español está desarrollando un selecto sentido gastronómico, los directores han tomado una tendencia, se han revelado y han decidido dar el salto a la alta cocina. A los actores no les ha importado y se han sumado a esta corriente. Se han acomodado e incitado a toda la academia a seguir sus pasos, pues realmente es de extrañar que con un tema tan infrecuente como es el canibalismo, varias películas se estrenaran durante el mismo año. Caníbal ya se presentaba como un gran promesa para los premios Goya mientras que Omnívoros únicamente conseguía debutar en el festival de Sitges.

El cine tiene hambre y en nuestro menú podemos saborear la comparación de dos películas que aún partiendo de una idea base similar, consiguen resultados completamente opuestos.

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Caníbal nos cuenta la historia de Carlos (Antonio de la Torre), un prestigioso sastre de Granada, entre cuyas aficiones se encuentra la antropofagia de mujeres. Un buen día, verá como todo su modo de vida se ve truncado por la aparición de Nina, una joven rumana que busca desesperadamente a su hermana gemela.

No obstante, Caníbal no es propiamente una historia de psicópatas, sino la historia de un hombre atrapado en la soledad por sus acciones. Un debate psicológico de los límites y razones de la deshumanización del hombre y el retrato de la lucha de la persona cuando ésta se ve sobrepasada por sus impulsos. En ningún momento se llega a conocer el pasado del protagonista, ni la motivación de su acciones y éste simplemente es presentado por su proceso. Nunca se hace hincapié en los métodos del asesino, llegando incluso a eludirlos por completo, para únicamente mostrar a Carlos como un hombre atormentado sumido en una vorágine de soledad y oscuridad de la cual no puede escapar. No es de extrañar el intercambio de los diálogos por la necesidad del trabajo no verbal.

¿Pero entonces cómo logran las sensaciones llegar al espectador? Todo el peso de la obra recae en el aspecto visual. Las escenas son lentas y los planos largos y sostenidos. El subrayado de cotidianidad de las acciones confiere a la obra un realismo afilado que junto a la iluminación oscura y la retención visual logra definir y matizar los papeles de la evolución de los personajes a lo largo del tiempo. A su vez, Granada se nos presenta como un juego alejado del vitalismo, predominando los días lluviosos y un folclore triste y apagado, encajando completamente con la visión del espacio interior del protagonista. Pero ante todo, el largometraje se rige por su excelente estética.

Excelente trabajo de Antonio de la Torre que mantiene en todo momento un tono distante con el espectador a la vez que recrea a la perfección el proceso de deshielo entre la la parte caníbal y humanidad de sentimientos desatada por Nina. En ningún momento se llega a empatizar con el personaje pero a su vez, éste consigue sumir al espectador en su mismo terreno.

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Caníbal no es un largometraje de visionado fácil y presenta un duro muro para aquellos espectadores que únicamente buscan el entretenimiento en la comodidad de la sala. Los abundantes planos suspendidos, los innumerables silencios y la presencia de una impregnarte cotidianidad, sin duda harán que muchos desesperen, se aburran y acaben finalmente abandonando la sala, pero para todos aquellos que deseen gozar del cine psicológico en su máximo esplendor, Caníbal se les presentará como una obligación. Un reto difícil de digerir que acabará por desgarrar los atisbos de su ser, abocándolos a los antojos de un frío y desamparado placer,  a gemir en silencio, pues ante todo, Caníbal de Martín Cuenca es cine de autor con mayúsculas.

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Omnívoros, en cambio, parte de un enfoque completamente distinto al presentado en Caníbal. Esta vez, el tema del canibalismo no servirá como excusa para presentar la introspección de un personaje atormentado por la lucha entre sus pulsiones, sino que ahora la trama se centrará en la práctica de antropofagia como punto principal de su desarrollo.

Marcos Vela, un prestigioso crítico gastronómico, acepta el encargo de escribir un reportaje sobre la reciente aparición de una serie de restaurantes clandestinos que ofrecen a sus clientes los más exóticos manjares. Su investigación, le llevará a descubrir que en uno de ellos se organizan sesiones furtivas de canibalismo a cambio de grandes sumas de dinero.

A pesar de su bastante acertada idea origina, el largometraje de Óscar Rojo no consigue en ningún momento acercarse al nivel de Caníbal, coronándose a su vez como una profunda obra de carácter amateur que denota grandes carencias tanto a nivel técnico como estructurales. La incapacidad de una correcta dirección del historia conlleva el resultado de una trama tan pobre que acaba precipitándose, inevitablemente, en un idealismo moral barato. El tema de las sociedades gastronómicas antropófagas y la psicología de su porqué queda bruscamente apartado del punto de mira, acentuándose lentamente los designios éticos de un protagonista con grandilocuencia justiciera que desea, ante todo, poner fin a su propia pesadilla haciendo prevalecer el bien en la sociedad. No es de extrañar que cuando las fluctuaciones del guión se vuelven notorias, éste acabe haciendo aguas y presente un desenlace muy forzado. Un final que ni actores logran evitar, sumándose a su vez a este dantesco espectáculo que conduce el largometraje. Éstos, de interpretaciones bastante cuestionables y carencia rotunda de profundidad parecen sacados de un elenco circense más que de un thriller macabro. Los personajes tornan ridículos, se vuelven caricaturas de ellos mismos, y la verosimilitud de sus acciones se hunde a la vez que la obra.

El montaje llega a la mediocridad de lo estándar y  aunque muchas veces el ritmo narrativo se ve interrumpido por escenas irregulares, forzadas y sin sentido que logran descentrar al espectador, se consiguen apreciar ciertos momentos de tensión y angustia durante el transcurso del film.Primeras-imagenes-Omnivoros_TINVID20130909_0004_3

Pero tras el visionado de la película nos asalta una duda ¿hacia que género pretendía encarar Óscar Rojo a Omnívoros? ¿Hacia una obra de género gore? ¿Un thriller? Cabe coincidir con la crítica especializada que Omnívoros es una obra de final de carrera, los medios son escasos y la carencia de experiencia por parte del director es más que notoria. ¿Entonces, qué es Omnívoros? En definitiva, una obra que pudo ser y no fue

Sobre Francisco Beas

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Estudiante de Primero de Ciencias Biomédicas en la Universidad de Barcelona. Intento hacer críticas de cine, series y videojuegos pero me quedo en el camino. Freak.

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