"El Ilusionista" es la segunda película de animación dirigida por el animador y director Sylvain Chomet, que nos sorprendió hace unos años con la extraordinaria y rocambolesca “Bienvenidos a Belleville” (Les triplettes de Belleville – 2003), obra de obligado visionado para todo fan del cine de animación. Habiendo dejado el listón tan alto, no cabía sino preguntarse si con "El Ilusionista", sería capaz de alcanzar el nivel de extrema belleza y deformación que caracterizaban a Belleville.
"El Ilusionista" es una triste y melancólica historia que nos transporta a mediados del siglo pasado. Allí, un viejo mago deambula de una ciudad a otra, viendo como cada vez es más complicado mantenerse en un negocio hacia el cual, la gente ya no siente interés. Acompañado por una fantasiosa muchacha, el mago intentará encontrar un lugar donde poder ejercer su trabajo.

Hay tres elementos fundamentales que conjuntamente dan forma a la película: La ausencia de diálogos, el dibujo y la música. "El Ilusionista", al igual que Belleville, es una película muda. Los diálogos de los personajes se reducen a la mínima expresión. Toda la información nos llega a través de las imágenes, los gestos y los movimientos de los personajes en pantalla. No hace falta una sola palabra para dar a entender lo que ocurre. El dibujo es la parte más extraordinaria de la película. Alejándose de la exageración y extravagancia de los personajes y cosas de Belleville, El Ilusionista nos muestra un mundo mucho más armónico y realista. El dibujo tradicional de los paisajes y ciudades es delicioso, un trabajo artesanal tratado con mucho mimo y detalle. Los personajes son fácilmente atribuibles a Chomet y mantienen continuamente un ágil movimiento por la pantalla. Todo ello, acompañado por una música clasicista y lenta que acompaña y ayuda a construir el ambiente gris y nostálgico de la película. Una tripleta de características que hacen rebosar magia a la película por los cuatro costados.
Queda claro entonces, que "El Ilusionista" no es un producto convencional. No es una película de entretenimiento como tal, sino más bien un espectáculo artístico y visual. El entretenimiento solo puede surgir llegando a disfrutar de estas facetas. Es una película para ver de manera diferente a la normal, con mucha paciencia y no esperando una trama o historia superlativa. De hecho, la historia, aunque correcta y prácticamente constante, carece quizás de un poquito más de fuerza y atractivo.
Veo a El Ilusionista, cayendo otra vez en la comparación, como obra un escalón más baja que Belleville, pero tan cuidada y mágica como esta. Recomendada para todos aquellos que gustan de ver el cine y la animación como un arte más allá del puro entretenimiento. Lástima que hayamos tenido que esperar un año entero, para que las distribuidoras de nuestro país se hayan decidido a traerla por estos lares. Guardemos un minuto de silencio por ellas.
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