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Segunda parte del reportaje de Drácula en el cine donde se repasan los inicios de Drácula en el séptimo arte, cuando la productora Universal se hizo con los derechos de adaptación a la gran pantalla de la obra de Bram Stoker.
 

Drácula en el cine (II): La Universal

Segunda parte del reportaje de Drácula en el cine donde se repasan los inicios de Drácula en el séptimo arte, cuando la productora Universal se hizo con los derechos de adaptación a la gran pantalla de la obra de Bram Stoker.
 
Drácula (Dracula, 1931)
 
Esta mítica película puede calificarse de múltiples formas, pero lo que está claro es que es todo un clásico. La Universal se atrevió en aquel tiempo a adaptar la obra de Stoker en un momento en el que el género de terror aún no se había definido como tal. De este modo, la productora no tenía ninguna certeza acerca de la reacción del público, que fue muy positiva. Tanto, que inauguró el cine de terror tal como lo conocemos hoy día y el popular subgénero de vampiros.

Su director, Tod Browning, había dirigido en 1927 una película llamada La casa del horror (London After Midnight, 1927) con Lon Chaney en el papel protagonista, de modo que tenía cierta experiencia con el género. Lamentablemente, la última copia de este filme desapareció en un incendio, de modo que resulta imposible valorar el resultado. El trabajo en esta película, además de otros papeles brillantemente realizados – como en Nuestra Señora de París (The Hunchback of Notre Dame1923) –  aportaban motivos suficientes para la que Lon Chaney fuera considerado idóneo para el papel protagonista, aunque su fallecimiento en 1930 hizo necesario buscar un sustituto para encarnar al príncipe de las tienieblas. El actor propuesto no era un nombre que fuera popular en Hollywood, pero tenía cierta experiencia como Drácula tras interpretar varias versiones teatrales en Broadway de la novela de Stoker. 

Béla Lugosi, actor de origen húngaro (nacido en la mismísima Transilvania), interpretó el papel que le haría mundialmente famoso como el Conde Drácula. Una curiosidad destacable sobre su interpretación es que su nivel de inglés era simplemente aceptable, por lo que hubo algunos diálogos que tuvo que aprender fonéticamente, sin saber el significado concreto de lo que decía. En vez de ser un lastre, el fuerte acento húngaro dotó al personaje del misticismo necesario.
La imagen de vampiro, asumida universalmente desde entonces (pelo engominado hacia atrás, tez empolvada, capa negra…) no se corresponde en absoluto con el Drácula de Stoker, si bien es cierto que la mayoría de adaptaciones de Drácula en el cine realizadas hasta la fecha asumen esta imagen tan identificativa.
Esta película es una de los iconos de la historia del cine. Es por eso que, a pesar de poseer una ritmo lento con notables espacios de silencio y una interpretación excesivamente teatral en ciertos momentos (no hay que olvidar que está basada en una adaptación teatral de Drácula), es muy  recomendable verla – a ser posible, en versión original – y dejarse llevar por la nostalgia de los inicios, disfrutando con el primer y genuino Drácula en el cine.
 
 
Drácula versión hispana (1931)
 
El Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) descubrió en su poder una copia de esta película, que se dio por perdida durante décadas. Esta obra – considerada una rareza – fue el resultado de una costumbre realizada con las películas más populares al carecer de dobladores: se rodaba íntegramente de nuevo con actores hispanoparlantes. Fue dirigida por George Melford (que no sabía hablar español) en el mismo set de la Universal durante los descansos de rodaje de la producción principal.
Hay que destacar que ambas películas, a pesar de ser una versión de la misma historia, poseen bastantes diferencias, por lo que es recomendable intentar ver esta desconocida versión, ya que hay quien  la califica como superior a la versión de Tod Browning. Es cierto que en el plano técnico se pueden observar originales movimientos de cámara que no aparecían en la versión americana, pero en el plano interpretativo las actuaciones son más planas y teatrales  que en la versión de Lugosi.

Carlos Villarías, el actor que da vida al príncipe de las tinieblas, es un andaluz nacido en Córdoba. De este modo se convirtió en el primer español que encarna a Drácula en el cine.

 
La hija de Drácula (Dracula's daughter, 1936)
 
Esta  secuela de la película de Lugosi es una continuación de la misma desde el punto exacto donde había acabado Drácula (Dracula, 1931) De este modo, es inexplicable la ausencia de todos los personajes principales excepto de Van Helsing, que, en esta ocasión se enfrenta a la primera vampiresa protagonista de una superproducción, la condesa Zaleska. El título del filme ya descubre el vínculo familiar de la condesa Zaleska con el Conde Drácula. Sin embargo, a diferencia de este último, la hipnótica y misteriosa condesa pretende desembarazarse de la maldición vampírica que la posee. El rechazo hacia su naturaleza es una novedad en el cine de vampiros en general, y muy particularmente en el universo de Drácula.
La película no goza del ambiente gótico de la primera, ni cuenta con el personaje de Drácula más que de forma referencial. La única escena en que aparece Drácula está muerto (de verdad) y es Lon Chaney Jr. caracterizado quien lo encarna. Las escenas de terror son muy escasas, de forma que la inclusión en el género es un poco tangencial. 
 
El hijo de Drácula (Son of Dracula, 1943)
 
En la cuarta entrega de la Universal (contando con la versión hispana) podemos ver a Lon Chaney Jr. ejerciendo de Drácula. O mejor dicho, de su hijo Alucard. Este personaje prescinde por completo de la hipnótica apariencia de Lugosi y es más humano, mostrando al espectador un vampiro con menor misticismo e infundiendo mucho menos terror en el espectador. Esta película añade importantes novedades a la estética y leyenda de Drácula, como el dominio de la niebla, la levitación, la metamorfosis en murciélago o la “vampirización”. Además, son notables los avances técnicos y de efectos especiales. Sin embargo, con todo ello no deja de ser una película predecible y vacía de contenido que perfila a un Drácula excesivamente terrenal.
 
Apariciones
 
A pesar de la evidente pérdida de esplendor de la década de los años 30, el viaje de Drácula por los estudios Universal no había llegado a su fin. A partir de este momento, la Universal comenzó a explotar el personaje de Drácula y sus otros personajes de terror, realizando películas apodadas como “ensaladas de monstruos”, algunas de ellas ciertamente grotescas. En estas películas participaban todos los "monstruos" de la Universal: el hombre-lobo, Drácula, el monstruo de Frankenstein…  mezclándolos a lo largo del metraje y dejando la calidad técnica o el guión en un segundo plano.  Dos muestras de esta época:

 La mansión de Drácula (House of Dracula, 1945) En este caso es John Carradine quien da vida a Drácula, aunque aparece en poco metraje, ya que Lon Chaney Jr. tiene mucho mayor protagonismo encarnando al hombre-lobo. En este caso, Drácula gana en misticismo y misterio gracias a la interpretación de Carradine. Sin embargo, los hechos suceden atropelladamente en la película evidenciando una importante falta de guión.

 

Abbot y Costello contra los fantasmas (Abbott y  Costello meet Frankenstein, 1948) Esta película de culto integra al hombre lobo, Drácula y al monstruo de Frankenstein en una historia demencialmente divertida, aunque la mitología asociada a cada personaje no se cuida en exceso (si nos fijamos, hay un momento en el cual Drácula se ve reflejado en un espejo). Drácula, en este caso, no es más que un icono que publicita la película con su presencia sin involucrarse en el eje central del guión, como una “estrella invitada”. De hecho, la autoparodia de personajes como Bela Lugosi encarnando a Drácula refleja las horas bajas del género.
 

 

Hasta aquí la segunda entrega de Drácula en el cine. En la próxima hablaremos del resurgir de Drácula de la mano de Chistopher Lee durante sus años de rodaje en el estudio británico más mítico: La Hammer.

 

Sobre La morsa verde

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Amante de la ciencia ficción, el terror y la fantasía, tanto en versión cinematográfica como literaria.

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