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La distopía del mes (VI): Soylent Green

 

Charlton Heston protagoniza esta historia, basada en la novela de Harry Harrison ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio!, ambientada en el año 2022, donde la humanidad debe resolver los problemas derivados de la superpoblación, especialmente el hambre.

El director

Richard Fleischer, nacido en Nueva York, obtuvo su primer éxito comercial en la factoría Disney, para quien dirigió 20.000 leguas de viaje submarino (20000 Leagues Under the Sea, 1954).Ha realizado películas tan conocidas como Conan, el destructor (Conan the Destroyer, 1984), Tora, Tora, Tora (Tora! Tora! Tora!, 1970) o la película fantástica Viaje alucinante (Fantastic Voyage, 1966).

 


La trama

En el año 2022, el mundo sufre las consecuencias de la superpoblación. La ciudad de Nueva York tiene una población de 40 millones de habitantes. En estas condiciones, el espacio es un lujo al alcance de muy pocos, y la comida escasea hasta tal punto que el alimento más accesible para la mayor parte de la población es Soylent Green, unas galletas de color verde que son procesadas directamente del plancton.

 

La distopía

Estamos ante una distopía de tipo social. Es curioso que el número de humanos por metro cuadrado tenga una proporción directa al nivel de deshumanización presente en el mundo. A mayor número de seres humanos, mayor es el nivel de competitividad entre ellos. No surgen apenas gestos de solidaridad o generosidad. Es la ley del más fuerte.
Se desconocen las probabilidades de que la superpoblación tenga lugar en nuestro mundo, ya que la demografía depende de muchos factores, algunos de ellos impredecibles (avances médicos, guerras, epidemias, desastres naturales…). Lo que no se puede negar es que este concepto entra en la esfera de lo posible, especialmente si tenemos en cuenta que la población mundial aumenta cada año con 80 millones de personas.

 

La crítica

Una serie de imágenes fijas concatenadas, que se entremezclan con una rapidez vertiginosa, sirven para introducir la situación al espectador. La superpoblación asola Nueva York, y se puede observar el (caótico) orden necesario para no perder la calma en las calles. No es una historia distópica lejana, sino que pretende imprimir realismo y cercanía en cada uno de sus detalles, incluyendo los decorados y el vestuario. La arquitectura no es muy diferente de la actual (aunque todo es más gris, y transmite una sensación bastante nítida de lo artificial y miserable que es el mundo). La ropa de los protagonistas, por su parte, tiene un estilo working class que no se asocia a la ocupación de los mismos, algo que puede generar desconcierto en un primer momento. La ropa más identificativa es la de “los muebles”, un nuevo concepto de prostitución o compañía (según el caso), que portan delicados y coloridos vestidos que, sin embargo, no pueden ocultar la tristeza y resignación de las personas que han de vivir ese cruel destino.
La música acompaña perfectamente a la historia, es una parte imprescindible de la película en momentos clave. Así mismo, también se utiliza de forma muy inteligente el silencio. En este filme, el silencio es atronador, ya que uno espera encontrarse con un ruido constante, debido a la cantidad de personas que hay por metro cuadrado. Sin embargo, aunque las calles estén repletas de gente, prácticamente no se oye nada, lo que crea una sensación de calma tensa a lo largo de todo el metraje.
El actor principal, y sobre el que recae todo el peso de la película es Charlton Heston. Este mítico actor, conocido por grandes clásicos como Ben-Hur (1959), Los diez mandamientos (The Ten Commandments, 1956), El Cid (1961) o Sed de mal (Touch of Evil, 1958), protagoniza el filme que nos ocupa con una energía y naturalidad que justifica la fama que alcanzó como actor. Además, Charlton Heston protagonizó títulos de ciencia ficción que le mantuvieron en primera línea, tales como El planeta de los simios (Planet of the Apes, 1968), o El último hombre vivo (The Omega Man, 1971), un remake de El último hombre sobre la Tierra (The Last man on Earth, 1964), por lo que parece que este género no le resultaba precisamente desconocido cuando rodó Soylent Green. Estamos, indudablemente, ante uno de los grandes actores de la historia del cine.
Es necesario aclarar que esta película es un auténtico filme policial, aunque se desarrolla en extrañas circunstancias. No se indaga sobre las causas o consecuencias de la superpoblación, sino que ahonda en los conflictos éticos que conviven con esta realidad. La historia es hipnótica, y se plantean ideas impactantes que harán las delicias de los amantes de la ciencia ficción y de los futuros distópicos.

Sobre La morsa verde

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Amante de la ciencia ficción, el terror y la fantasía, tanto en versión cinematográfica como literaria.

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