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La distopía del mes (XXX): Mad Max 2

 

Mad Max 2: El Guerrero de la Carretera (Mad Max 2 -también conocida como – The Road Warrior, 1981) es la segunda entrega de la saga Mad Max, iniciada en 1971 y con su última entrega estrenada recientemente: Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road, 2015). Mad Max 2 goza de un mayor prestigio y una mejor acogida por parte de público y crítica con respecto a su antecesora, convirtiéndose así en una de esas raras ocasiones en las que se contradice el dicho “segundas partes nunca fueron buenas“. Esta película tuvo una gran  influencia en cine y literatura, y se ha convertido en toda una referencia distópica.

El director

George Miller es especialmente famoso por crear la saga Mad Max. Suele ejercer de director, guionista y productor de todas sus películas. Además de Mad Max, es conocido por películas tan radicalmente distintas de la saga, como Las brujas de Eastwick (The Witches of Eastwick, 1987), Babe, el cerdito valiente (Babe, 1995) o Happy Feet, rompiendo el hielo (Happy Feet, 2006), por la que ganó un premio Oscar a la mejor película de animación. Actualmente, ha anunciado su intención de rodar otra entrega de Mad Max (la quinta ya), Mad Max: The Wasteland.

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La trama

El petróleo ha provocado una guerra mundial que ha traído como consecuencia un holocausto nuclear. El mundo resultante tiene en la gasolina su bien más preciado y codiciado, y la sociedad se agrupa en violentas tribus. No existe gobierno ni ley, más allá de la propia supervivencia. Max, un guerrero solitario, atormentando por su pasado, se encuentra en medio de una guerra de tribus y debe posicionarse para luchar a vida o muerte por una de las dos.

 

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La distopía

Estamos ante un mundo tan áspero y hostil como su paisaje. Un desierto sin fin, tan sólo cruzado por largas carreteras de asfalto, es el escenario de una vida sin esperanza, sin más objetivo que el de ver amanecer al día siguiente. El peligro acecha a cada esquina, y la vida no tiene prácticamente ningún valor.

A pesar de la escasez de alimento, la radiación, la sequía o la falta de infraestructuras, el mayor peligro reside en el ser humano. Depositar la confianza en alguien puede convertirse en una actividad de alto riesgo, ya que la locura ha plantado una semilla en la mente de cada habitante de este mundo distópico y es imposible adivinar si van a clavarte un puñal en la espalda en cuanto te des la vuelta con el fin de robarte el coche o las botas que llevas.

 

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La crítica

 

Comienza con una voz en off y una serie de imágenes que explican cómo ha llegado al mundo a esta situación. Es llamativo que sea en esta segunda entrega – y no en la primera – donde se hace esta introducción. Tras ponernos en antecedentes, Miller ofrece una trepidante persecución; para abrir el apetito de acción al espectador. Induce a pensar que estamos ante un paraje extremadamente inhóspito, donde es prácticamente imposible huir de bandidos y ladrones.

Mad Max tiene en la fotografía uno de sus puntos más sobresalientes. Brillante, luminosa, cálida y con una vasta profundidad de campo que será “marca de la casa” en toda la saga. Este genial estilo de fotografía es, además, completamente óptimo para el escenario en el que se produce la acción, mostrando la inmensidad del desierto y la sensación de estar, precisamente, en mitad de ninguna parte. Para contrarrestar el paisaje desértico, Miller despliega un diseño de vestuario que, en la mayoría de las ocasiones, roza lo bizarro. El cuero (negro), las botas (negras), las tachuelas y los adornos metálicos son la base para construir una estética muy particular de inspiración post-punk, que define a cada personaje, formando parte de él. Como no podía ser de otro modo,  entre los elementos más importantes de Mad Max se encuentran los vehículos. Modificados en infinidad de formas (derrochando imaginación en cada uno de ellos), los coches, motos, camiones y demás vehículos cobran personalidad propia. La gran mayoría están destartalados, oxidados, son poco más que chatarra, pero son imprescindibles para sobrevivir, ya que las distancias entre poblados son poco menos que inmensas.

Miller ofrece un ritmo de dirección endiablado. La cámara está en movimiento la mayor parte del metraje, confiriendo gran dinamismo a las escenas de acción, en las que Miller rechaza todo tipo de trucos y se decanta por acrobacias y secuencias reales. Utiliza una cámara acelerada en algunos momentos, y, a pesar de ser muy arriesgada, convence. La enérgica dirección deja en un segundo plano los diálogos, que son más bien escasos, y dejándose influir por el género western, tanto en el fondo como en la forma. La banda sonora acompaña de una forma épica a la historia, y eleva la tensión en las escenas de acción.

Max es Mel Gibson. Este actor neoyorkino tiene en su haber obras tan conocidas como Arma Letal (Lethal Weapon, 1987), de la cual derivó otra exitosa franquicia, o Braveheart (1995), que protagonizó y dirigió y por la que obtuvo cinco estatuillas en los premios Oscar. La década de los noventa fue su mejor año, y desde entonces no ha logrado contar con un éxito entre público y crítica tan elevado como en aquella época. Podría afirmarse que toda su carrera comenzó con el papel de outsider de Max, al que supo imprimir su estilo personal e hizo que el público asociara al actor con este rol. Mel Gibson es a Mad Max como Schwarzenegger a Terminator o el inolvidable Christopher Lee a Drácula.

Mad Max es una película atípica en muchos sentidos. A pesar de ser una película distópica, está mucho más cerca del western que de la ciencia ficción. Presenta un héroe que ejerce como tal en contadas ocasiones, y que en realidad es poco más que un vagabundo. Tiene una alarmante cantidad de personajes grotescos, desequilibrados y con los que es imposible empatizar.  Mad Max parece tener todo en contra. Y sin embargo, triunfa esplendorosamente. Y lo hace porque ha tenido un extraordinario trabajo delante y detrás de las cámaras, con gran esfuerzo, creatividad, buena voluntad y mucho saber hacer. Un clásico que está disfrutando de una segunda juventud gracias a las nuevas entregas de Miller, y de las que esperamos que sepa mantener el nivel, llenando las pantallas de acción de alto octanaje.

Sobre La morsa verde

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Amante de la ciencia ficción, el terror y la fantasía, tanto en versión cinematográfica como literaria.

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