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La distopía del mes (XLII): El atlas de las nubes

El atlas de las nubes (Cloud Atlas, 2012) es una película producida y escrita por las hermanas Lilly y Lana Wachowski. En este caso, además de por ellas, está codirigida por el compositor Tom Tykwer. La película está basada en la novela homónima de David Mitchell, publicada en 2004.

 

Los directores

 

De las conocidas hermanas Wachowski ya hemos hablado en el reportaje dedicado a Matrix (The Matrix, 1999). El atlas de las nubes está escrita, producida y dirigida por ellas, pero (esta vez) no en exclusiva. Tom Tykwer, codirector de la cinta y compositor de la misma, es un productor, guionista, director y compositor alemán, conocido por películas como La princesa y el guerrero (Der Krieger und die Kaiserin, 2000) o la exitosa Corre, Lola, corre (Lola rennt, 1998). Una de sus películas más conocidas es El perfume, historia de un asesino (Perfume: The Story of a Murderer, 2006). Actualmente colabora con las hermanas Wachowski en su serie de televisión: Sense 8.

 

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La trama

 

A lo largo de los tiempos, pequeñas acciones son capaces de cambiar el rumbo de la humanidad. Todos los actos, desde los más nobles hasta los más rastreros, independientemente del impacto que hayan tenido en su momento, dejan una huella en el tiempo sobre la que otras personas actúan, inconscientes de la irreversibilidad de lo que ya está escrito, pero con la valentía suficiente como para utilizar  las herramientas de las que disponen para intentar cambiar el futuro.

 

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La distopía

 

Estamos ante una película que desarrolla seis acciones diferentes en seis etapas distintas de la Historia, pero relacionadas entre sí. Hay dos de estas épocas que se desarrollan en el futuro. Una de ellas es el año 2044, en la ciudad de Neo-Seúl. El antiguo Seúl fue inundado por el crecimiento del nivel del mar. En esta época, de clara estética cyberpunk, se ha evolucionado hacia un consumismo extremo y artificial, llegando a esclavizar a los trabajadores del sector servicios, creados como clones y tratados como animales. Religión y poder se dan la mano en una ambientación política de corte fascista, donde se da una extraordinaria importancia a los pensamientos “peligrosos”. La historia más alejada (desde nuestros días hacia el futuro) se sitúa en Hawaii en el año 106 después de “La Caída”, perdiendo incluso la referencia temporal que tenemos en nuestros días. En este caso, estamos ante un mundo post-apocalíptico, donde han arraigado de una forma muy notable las supersticiones y el misticismo en la cultura del ser humano. Demonios, dioses, canibalismo y naturaleza conviven con unos niveles de radiación que ponen en riesgo la supervivencia de la raza humana.

 

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La crítica

El inicio de El atlas de las nubes, presentando varias historias aparentemente inconexas, revela que  estamos ante una película atípica. Por el diseño de vestuario y decorados podemos adivinar que están situadas en espacios temporales diferentes: Siglo XIX, años 30, años 70 o la actualidad. Todas ellas, sin excepción, están fantásticamente ambientadas, consiguiendo evocar en el espectador dichas épocas. Sin embargo, hay dos de ellas que están situadas en el futuro, con lo que hay que “inventar” nuevos ambientes. Año 2044. Neo-Seúl. Carreteras virtuales, coches espaciales, altos rascacielos, revolución tecnológica… Todo ello recuerda a Blade Runner (1982), incluso por el vestuario y el diseño de vehículos. En el último periodo (cronológicamente hablando), existe una vuelta a los orígenes, con tribus rivales que conviven en un valle selvático. Una de ellas se ha entregado al canibalismo, y la otra se dedica a la agricultura y ganadería. Esta evolución de los seres humanos evoca (inevitablemente) al futuro representado en El tiempo en sus manos (The Time Machine, 1960). Sin embargo, a diferencia de esta última, en El atlas de las nubes, ambas tribus viven bajo el influjo de la superstición y la brujería, en una especie de involución. Su indumentaria, sus tatuajes faciales, así como la arquitectura de las cabañas en las que viven no reflejan en absoluto la época supertecnológica que vivieron en el pasado.

Cada una de las historias que componen El atlas de las nubes tiene un estilo propio, en dirección, fotografía… sin embargo, logra mantener unos puntos en común necesarios para dar continuidad estética a la película; de este modo, podemos pasar de una historia a otra sin apenas darnos cuenta de ello, incluso llegando a mezclar acciones de distintas épocas sin necesitar un puente entre ambas. Uno de los elementos que se mantiene fijo a lo largo del metraje es la música. El tema central (compuesto por su co-director Tom Tykwer) está presente de uno u otro modo en cada uno de los relatos, incluso siendo protagonista de uno de ellos. El cuanto a la dirección, se utilizaron dos unidades paralelas; una con Tykwer (que dirigió los episodios de 1936, 1973 y 2012) y las Wachowski que dirigieron los de 1849 y (como no puede ser de otro modo) los del futuro. Así las cosas, llama la atención no encontrar mayores diferencias entre los trabajos finales, tanto a nivel técnico como estético. Quizá haya que achacarlo a un meticuloso trabajo de postproducción, gracias al cual se consigue saltar el orden cronológico para intercalar las historias con un sentido; una espina dorsal que convierte a El atlas de las nubes en algo más que la suma de sus partes.

El reparto coral de El atlas de las nubes es impresionante, incluyendo a cuatro actores ganadores de un premio Oscar: Tom Hanks, Halle Berry, Susan Sarandon y Jim Broadbent. Además, cuenta con Jim Sturgess, Doona Bae, Hugh Grant, Hugo Weaving o James D’Arcy, entre otros. Uno de los aspectos más interesantes de la película de las Wachowski y Tykwer es poder observar y analizar la versatilidad de los actores, ya que encarnan a personajes muy diversos. Eso sí, parte de cada personaje encarnado por un mismo intérprete está encerrado en los demás roles, de modo que – aunque se trate de épocas históricas diferentes – el espectador podrá ver matices en común de los personajes que encarnan cada uno de los actores. Si bien es cierto que se dota  los actores de una caracterización impresionante (haciendo que – en ocasiones – algunos de ellos sean irreconocibles), también deben aportar un estilo  diferente en cada momento, lo que implica una mayor dificultad en su desarrollo. Todos ellos hacen un trabajo magnífico, y resulta muy estimulante poder contemplar a intérpretes tan reconocidos trabajando conjuntamente.

El atlas de las nubes genera gran división de opiniones entre el público o la crítica. Lo cierto es que sus cerca de tres horas de metraje no se hacen nada lentas, lo que es un buen indicador de que ,al menos, es entretenida. La mencionada caracterización de los actores, así como los guiños a películas como Fahrenheit 451 (1966) o Soylent Green: Cuando el destino nos alcance (1973) son elementos que mantienen despierto el interés. Sin embargo, dejando elementos de atrezzo a un lado, lo cierto es que estamos ante una obra de gran complejidad. El atlas de las nubes se presta a ser analizada desde puntos de vista tan diversos como interesantes y encierra un mensaje profundo y estimulante acerca de la huella del individuo en la sociedad del futuro, que hace de esta película una obra absolutamente recomendable.

 

 

Sobre La morsa verde

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Amante de la ciencia ficción, el terror y la fantasía, tanto en versión cinematográfica como literaria.

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