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La distopía del mes (XLVII): La Isla

La Isla (The Island, 2005) es una película dirigida por Michael Bay y protagonizada por Ewan McGregor y Scarlett Johansson.

 

El director

 

Michael Bay pasó los primeros años de su carrera dirigiendo videoclips hasta que se le presentó la oportunidad de dirigir un largometraje llamado Dos policías rebeldes (Bad Boys, 1995). Con él se impulsó la carrera cinematográfica de un joven Will Smith y nació una fructífera relación entre el director y un productor llamado Jerry Bruckheimer. A esta colaboración se deben títulos como La Roca (The Rock, 1996), Armageddon (1998), Pearl Harbor (2001) o Dos policías rebeldes II (Bad Boys II, 2003). La Isla es la primera película que rompe el tándem Bay-Bruckheimer. De todos es bien sabido que cualquier director que se precie tiene su franquicia. Steven Spielberg tiene Indiana Jones, Peter Jackson El Señor de los Anillos y George Lucas – antes de venderla – Star Wars… y Michael Bay tiene sus Transformers, una de las franquicias más taquilleras de la historia del cine. Bay siempre ha sido duramente criticado por su forma de dirigir, fundamentalmente debido al frecuente uso de efectos especiales en sus películas. De forma reiterada, se le acusa de un exceso de acción (y muchas, muchas explosiones), en detrimento de un mayor (y mejor) desarrollo de los personajes. Sea como fuere, la cuestión es que suele reventar la taquilla, de forma que trabajo no le va a faltar. Como director, su última obra es 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi (13 Hours, 2016) – un hurra por quien le puso el título en España – , y tiene Transformers: The Last Knight (2017) en fase de post-producción. Como productor, su último título es Ouija: El origen del mal (Ouija: Origin of Evil, 2016), pero – ojo – tiene confirmada la serie de TV Jack Ryan, la sexta y séptima entrega ( mas un spin-off) de Transformers, una nueva entrega de The Purge, otra de Viernes 13 y Bad Boys 4 en 2019 (la tercera está prevista para el año anterior, pero Bay no interviene en ella). Casi nada.

 

ISLA 1

 

La trama

 

Lincoln Seis-Echo y Jordan Dos_Delta son dos supervivientes del holocausto nuclear que asola la Tierra. Como todos los humanos, han sido ubicados en un edificio donde se sortea semanalmente un pasaje a La Isla, el único reducto no contaminado del planeta. Sin embargo, Lincoln comienza a plantearse el funcionamiento del sistema, lo que le llevará a descubrir la verdad detrás de un mundo utópico diseñado para retenerlos y utilizarlos.

ISLA 2

La distopía

Se pueden encontrar numerosas similitudes de La Isla con las grandes distopías del cine como La fuga de Logan (Logan’s Run, 1976), Fahrenheit 451 (1966) o THX 1138 (1971), especialmente en la desesperada búsqueda de la verdad del protagonista. Además, La Isla, ambientada en un futuro no demasiado lejano plantea un curioso punto de vista sobre uno de los debates bioéticos más intensos y complejos de los últimos años, lo que la convierte en una obra de especial interés.

 

ISLA 3

 

La crítica

 

En primer lugar, debemos dejar claro que estamos ante una obra mucho más próxima al género de acción que al de ciencia ficción. Es por ello que, tras unos 20 minutos de metraje, el espectador maneja una cantidad de información suficiente como para saber cuál es la situación de los personajes y anticiparse ligeramente a lo que puede ocurrir. Bay no se entretiene desenvolviendo el envoltorio, sino que va directamente al núcleo duro de la acción. Si bien es cierto que – generalmente – la tensión creada en la antesala puede ser muy interesante (incluso imprescindible en ciertas películas), no es menos cierto que, al acabar de desenvolver el envoltorio y mostrar al público el caramelo, éste pueda resultar un tanto insípido, debido a las expectativas creadas. La Isla no tiene ese problema, ya que mantiene al espectador en alerta desde el primer minuto, precipitando los hechos que se suceden en ella a una velocidad de vértigo.

Con respecto a la dirección artística, y en concreto el diseño de decorados, está claro que La Isla bebe de los clásicos de la ciencia ficción antes mencionados, de un modo que juega con la nostalgia y predispone al fanático de la ciencia ficción a admirar (una vez más, en realidad) el estilo aséptico, limpio y luminoso que plantea. Un clásico entre los clásicos que siempre funciona entre los amantes del género.

Uno de los aspectos más destacables de La Isla reside en el apartado de fotografía. Hay un curioso e interesante manejo de la luz durante toda la película, especialmente con la luz solar crepuscular. Detrás de este juego de luces está Mauro Fiore, un director de fotografía que se alzó con el Oscar en su categoría por el trabajo realizado en Avatar (2009) y que ha participado en películas como Día de entrenamiento (Training Day, 2001) o Acero Puro (Real Steel, 2011).

El escocés Ewan McGregor ha demostrado ser, a lo largo de su carrera, un intérprete de lo más versátil. Ha trabajado con directores como Woody Allen, Tim Burton, Roman Polanski, J.A. Bayona, Baz Luhrmann, Ridley Scott… Comenzó su carrera cinematográfica con el clásico Trainspotting (1996), de Danny Boyle. Pocos años después, encarnaría a Obi-Wan Kenobi en la saga Star Wars, dando vida a este popular personaje en la segunda trilogía (precuela de la trilogía clásica). Lo cierto es que McGregor ha sabido elegir con acierto los trabajos en los que participar, logrando no encasillarse en ningún perfil concreto, con lo que mantiene las puertas abiertas a todo tipo de personajes y situaciones. Demostró que sabe cantar (y bien) con Moulin Rouge (2001), nos tocó la fibra sensible con Big Fish (2003), y siempre logró huir tanto de la etiqueta de galán como de la de bufón. Sus últimos trabajos han sido el drama American Pastoral (2016), que es su debut tras las cámaras, el western La venganza de Jane (Jane Got a Gun, 2016), la serie de TV Fargo , así como la segunda parte de Trainspotting, que está prevista para el año que viene. En La Isla realiza un trabajo aparentemente menos complejo que otras ocasiones, quizá por el tipo de película (más acción que drama), porque Bay no ha sabido explotar todas las capacidades de este impresionante actor o debido a que desarrollar la profundidad dramática de los personajes no es el objetivo de La Isla. A pesar de todo, consigue una rápida conexión con el espectador, al que le cuesta mucho no empatizar con él.

Scarlett Johansson es una de las actrices más cotizadas de Hollywood. Su mayor atractivo es su capacidad innata de interpretación, a pesar de que algunos medios sólo le otorguen su innegable belleza como único mérito en su faceta de actriz. Johansson ha demostrado a lo largo de su carrera que es una intérprete impresincible en nuestros días, con películas como El truco final (El prestigio) (The Prestige, 2006), La dalia negra (The Black Dahlia, 2006), Match Point (2005) o La joven de la perla (Girl with a Pearl Earring, 2003). Dos trabajos clave en su carrera son Ghost World (2011) y Lost in Translation (2003), imprescindibles para conocer el trabajo de esta extraordinaria intérprete.  A pesar de seguir colaborando en proyectos muy dispares, parece que Johannson ha encontrado un género en el que se siente especialmente cómoda: la ciencia ficción. Encarna a la Viuda Negra en el universo de Los Vengadores, se ha puesto a las órdenes de Luc Besson en Lucy (2014), realiza un trabajo espléndido en la (muy) recomendable Under the Skin (2013), y está preparando la versión en imagen real de la mítica Ghost in the Shell, prevista para el año que viene. En La Isla realiza un trabajo correcto; aunque es necesario explicar que el guión no deja mucho a los actores con lo que trabajar, por lo que – como comentábamos en el caso de McGregor – quizá ambos estén un tanto desaprovechados.

La Isla cuenta con grandes intérpretes (además de los mencionados, tambien participan Sean Bean, Steve Buscemi o Djimon Hounsou) y una buena historia con un debate bioético apasionante, pero en vez de desarrollarlo, se queda en la zona más superficial. A pesar de ello, La Isla funciona. Mantiene el interés vivo a lo largo de todo el metraje, y la pirotecnia no resulta demasiado excesiva, teniendo en cuenta a su director. Si bien es cierto que podría clasificarse en algunos foros como cine de entretenimiento (en el mejor sentido de la palabra), quizá sea el punto donde está su fortaleza. Es cine sin grandes pretensiones, por lo que no se pierde entre diferentes puntos de vista y  cuestiones éticas, sino que va directamente a contar lo que quiere que el espectador conozca; una historia compleja y dramática, pero de fácil compresión (que no digestión), lo que – de vez en cuando – es de agradecer. Una interesante película para ver, disfrutar y pensar; con palomitas y coco.

 

Sobre La morsa verde

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Amante de la ciencia ficción, el terror y la fantasía, tanto en versión cinematográfica como literaria.

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