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La distopía del mes (XLVIII): 1984

1984 (1984) es la adaptación al cine de la novela homónima de George Orwell, a día de hoy considerada una de las obras literarias más influyentes de nuestro tiempo. Esta novela se erige como uno de los referentes de la literatura distópica junto con Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Orwell la escribió – en gran medida – a partir de sus experiencias en la Guerra Civil Española, dibujando un futuro de pesadilla que sirvió de caldo de cultivo para la mayoría de obras distópicas posteriores. Estamos sin duda, ante la distopía madre, el origen de todo este subgénero de la ciencia ficción. Ha sido llevada al cine con anterioridad, en 1956, y tiene una evidente influencia en obras como El dormilón (Sleeper, 1973) de Woody Allen o Brazil (1985), de Terry Gilliam (por sólo citar algunas).

 

El director

 

Michael Radford es un director de cine de Nueva Delhi. A lo largo de su carrera ha combinado las facetas de director, guionista, y productor. A pesar de no contar con demasiada popularidad entre el gran público, ha cosechado numerosos reconocimientos, incluyendo la nominación al Oscar como mejor director, mejor adaptación y mejor película con El cartero (y Pablo Neruda) (Il postino, 1994). Otras de sus obras son El mercader de Venecia (The Merchant of Venice, 2004) y Elsa & Fred (2014), pero su película más reconocible sigue siendo, a día de hoy, 1984.

 

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La trama

En un futuro totalitario, el amor, la verdad, la libertad… son términos a extinguir por el sistema. La censura y el bombardeo de información falsa se impone con tal fuerza que no sólo intenta cambiar el presente, sino también el pasado, modificando la memoria colectiva. La policía del pensamiento detiene a todos los sujetos susceptibles de rebelarse, mientras todos los movimientos están controlados por un sistema de videovigilancia permanente, el Gran Hermano. Bienvenidos a 1984.

 

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La distopía

 

Como hemos adelantado, estamos ante una de las distopías más importantes y representativas de la historia del cine. Simplemente cogiendo uno o dos de los factores presentes en 1984, se puede (y así se ha hecho ya en varias ocasiones) desarrollar una distopía aterradora. El conjunto de elementos que ofrece 1984 dibuja una realidad desoladora, sin intentar simular una utopía para revelarse como una pesadilla. En primer lugar, es necesario conocer el contexto geopolítico. El mundo está repartido en tres superpotencias: Oceanía, Eurasia y Estasia (Asia Oriental), que están librando una guerra perpetua. La acción se desarrolla en Oceanía, que vive en un estado de guerra permanente, con las calles destrozadas y la inseguridad adueñándose de la población. El gobierno lo representa el Partido (Ingsoc), cuyo máximo representante es el Gran Hermano, onmipresente en las telepantallas y que monitoriza todos los movimientos. Hay cuatro columnas en el poder, llamadas Ministerios: Del amor (que se encarga de la tortura y la manipulación mental, así como de promover el celibato), de la Paz (que promueve la guerra), de la Abundancia (controla la economía y el racionamiento) y de la Verdad (el que censura, destruye o manipula la información). Se está desarrollando un nuevo lenguaje, la neolengua, creada con el fin de eliminar palabras peligrosas para el sistema o que puedan resultar estimulantes para la población. La propaganda y el autobombo del Partido es continua y escandalosa, con la continua repetición de sus lemas y  mensajes de prosperidad y victoria, mientras la gente vive en la mas absoluta pobreza. Un ambiente extremadamente opresivo y con una evidente sobreinformación, donde no hay sitio para el pensamiento autónomo. Se cultiva un patriotismo exacerbado, meticulosamente diseñado, con el fin de dirigir los odios y frustraciones hacia el exterior, y nunca hacia el sistema. Las denuncias anónimas a la policía del pensamiento se traducen en detenciones de personas que, inocentes o no, sufren interrogatorios, torturas, humillaciones y ejecuciones públicas.

 

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La crítica

 

1984 comienza con una llamativa consigna: “ Quien controla el pasado, controla el futuro. Quien controla el presente, controla el pasado”, tras lo cual se observa una plaza llena de gente atenta a un vídeo (que sirve de orientación al espectador), que se revela como un poderoso instrumento de manipulación política.

La zona donde se desarrolla la acción, en los alrededores de lo que sería Londres, está devastada. Los edificios están en ruinas, todo está lleno de polvo y suciedad, y el silencio sólo es interrumpido por los repetitivos mensajes del Partido transmitidos por una onmipresente megafonía. El rostro del Gran Hermano inunda las calles, las viviendas, los dormitorios, los puestos de trabajo… Las telepantallas, mientras no emiten vídeos propagandísticos, proyectan la cara del líder y captan las imágenes de lo que sucede frente a ellas. Todas las personas llevan uniformes, que varían según el rango al que pertenezcan dentro del Partido, siendo el más común el típico mono azul de obrero.

Roger Deakins, responsable del apartado de fotografía, tiene en 1984 uno de sus primeros trabajos. Una fotografía muy oscura, que genera una atmósfera ceniza, procesando la imagen de tal modo que consigue que sea uno de los pilares más importantes de la película, mostrando un gran talento y anticipando una exitosa carrera. Deakins es conocido por colaborar con los hermanos Cohen y Sam Mendes, y ha estado nominado en trece ocasiones a los premios Oscar en su categoría.

La música está ausente durante la mayor parte del metraje, posiblemente con el fin de evitar adornar lo más mínimo la realidad. Sin embargo, cuando la banda sonora hace su entrada, lo hace de forma muy interesante, para poner el acento en los momentos más significativos de 1984. A la batuta está Dominic Muldowney, que trabajó en películas como Bloody Sunday (2002), de Paul Greengrass, así como varias TV movies como Emma (1996), protagonizada por Kate Beckinsale.

La música tiene un corte experimental (muy actual, en realidad), al igual que el estilo de dirección que imprime Radford. Para estar estrenada en 1984, posee planos y secuencias que podrían pasearse por festivales de cine independiente en estos días sin levantar la más mínima sospecha de que es una obra que tiene ya 32 años. Podríamos afirmar que ha envejecido tan bien que parece no haberlo hecho en absoluto. Además de su estética y dirección, una de las razones que ayudan a ello es el fabuloso duelo interpretativo que tiene lugar entre John Hurt y Richard Burton.

John Hurt, actor nacido del teatro, obtuvo el reconocimiento de público y crítica tras El expreso de medianoche (Midnight Express, 1978) y El hombre elefante (The Elephant Man, 1980). Se hizo muy conocido entre los más jóvenes de los años 90 por encarnar al cuentacuentos de la serie homónima, y entre los de hoy en día gracias su personaje en la saga Harry Potter, Mr. Ollivander. Su filmografía evidencia una heterogeneidad en los géneros muy curiosa, habiendo participado en títulos como El Prado (The Field, 1990), de Jim Sheridan, Melancolía (Melancholia, 2011), Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979), An Englishman in New York (2009), Hellboy (2004) o V de Vendetta (V for Vendetta, 2005) – que no es sino una revisión de 1984 – y ha participado en numerosas series de TV, como la mítica Doctor Who. Una de las mayores habilidades de este actor es la de resultar creíble. En 1984 da vida a un personaje muy complejo, con una profundidad psicológica inusual; un aspecto de fragilidad y bondad que encierra un intenso sufrimiento y debate interno. Hurt resuelve el reto con maestría, con una actuación que – aún a día de hoy – puede resultar impactante; una interpretación sobresaliente que define perfectamente la profesionalidad de este actor.

Frente a Hurt, Richard Burton, un actor elevado a mito del cine. Al igual que Hurt, comenzó su carrera en el teatro, aunque se vio interrumpida temporalmente al ser reclutado para participar en la Segunda Guerra Mundial. Fue una actor muy exitoso desde el principio de su trayectoria; una de sus primeras películas, Mi prima Raquel (My Cousin Rachel, 1952) le valió un Globo de Oro y la nominación al Oscar, premio al que estaría nominado hasta en seis ocasiones más, sin llevarse la estatuilla en ninguna de ellas. Entre sus títulos más representativos figuran Ana de los mil días (Anne of The Thousand Days, 1969), El desafío de las águilas (Where Eagles Dare, 1968), Cleopatra (1963) o ¿Quién teme a Virginia Woolf? (Who’s Afraid of Virginia Woolf?, 1966). Tuvo tanto éxito en Hollywood como en Broadway, convirtiéndose en uno de los actores más estudiados y admirados de la historia del cine. En 1984, su última película, se puede admirar la magnifica interpretación que Burton desarrolla en cada uno de sus trabajos, tan intensa y magnética, estableciendo un duelo interpretativo con Hurt ciertamente admirable.

Sin embargo, 1984 (la película) tiene sus peros. Estamos ante una novela que, para muchos, es imposible de llevar al cine (recordemos que lo mismo decían de la obra de Tolkien El Señor de los Anillos, hasta que llegó Peter Jackson), debido a su complejidad, así como de la extrema importancia que tiene la reflexión psicológica del personaje. Es cierto que no resuelve satisfactoriamente todos los retos que plantea la adaptación, pero se postula como un complemento casi indispensable a la novela; una visión – inevitablemente – sesgada de la obra de Orwell, pero lo suficientemente digna como para convertirse en una película obligatoria para los amantes del género, y en especial de 1984.

Sobre La morsa verde

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Amante de la ciencia ficción, el terror y la fantasía, tanto en versión cinematográfica como literaria.

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