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Crítica: CODEFLESH, de Joe Casey y Charlie Adlard

A partir de la oleada de obras con elementos meta humanos de corte realista y verosímil que cargaron a finales de los 90, la mayoría de autores probaron esta suerte creativa en los estudios (ABC, Wildstorm, Millarworld), editoriales independientes (Image o Top Cow) y en las mainstream (Marvel y DC) donde se empezaban a crear líneas editoriales de este tono y corte de sus personajes tanto principales, como secundarios (véase Marvel con Max por ejemplo). Esto dio la oportunidad de introducir en todos los géneros posibles un componente meta humano con los consiguientes super héroes y supervillanos. Ya sea policiaco…

Resumen de Reseña

General
Guión
Dibujo
Historia
Personajes
Edición

"Su atuendo traiciona su simpatía por el drama...puedo percibirlo..."

Resumen : Género negro en escenario meta humano con un protagonista con muchísimas posibilidades

Valoraciónes : Sea el primero!

A partir de la oleada de obras con elementos meta humanos de corte realista y verosímil que cargaron a finales de los 90, la mayoría de autores probaron esta suerte creativa en los estudios (ABC, Wildstorm, Millarworld), editoriales independientes (Image o Top Cow) y en las mainstream (Marvel y DC) donde se empezaban a crear líneas editoriales de este tono y corte de sus personajes tanto principales, como secundarios (véase Marvel con Max por ejemplo). Esto dio la oportunidad de introducir en todos los géneros posibles un componente meta humano con los consiguientes super héroes y supervillanos. Ya sea policiaco (Powers, Top Ten), espías (Sleeper), negro (Alias) ciencia ficción/acción (Authority y The Ultimates), acción (Wanted), thriller (Planetary), aventuras (Tom Strong), fantasía (Promethea), etc, etc. Muchos autores quisieron aportar su granito de arena al tema hallando una inspiración como si del comic que siempre quisieron hacer y no les dejaban se tratara. Salvo cosas puntuales durante los noventa como Next Men de John Byrne, Astro City y Marvels de Kurt Busiek, pocos se atrevieron. Como si Watchmen, Miracleman, o los casi ensayos de Rick Veitch (El Uno, El Maximortal, Niñatos) fueran mitos intocables.

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En esas que muchos creadores se subieron al tren y exploraron y experimentaron todas las posibilidades, entre ellos Joe Casey y Charlie Adlar. Sobre el primero, decir que es un autor muy próximo al género de superhéroes (Cable, Iron Man para Marvel; Wildcats, Mr. Majestic para Image; Superman para DC) y bastante inquieto y emprendedor, fundando el estudio Man of Action con otros compañeros de profesión, adentrándose en otros ámbitos como son las series de animación realizando obras muy notorias como Ben 10 y Ultimate Spiderman.

En cuanto al segundo, si hablamos de The Walking Dead (Image), hablamos de la dupla Robert Kirkman-Charlie Adlar. Tras el corto periplo del también grande Terry Moore, Adlar se encargó de los lápices de la serie sin haberlo soltado a día de hoy. Y si nos viene a la memoria el aspecto gráfico de Rick, Carl, Andrea y demás es gracias a este señor. Por este trabajo narrativo y gráfico portentoso, si se ha convertido en una serie de obligada lectura y que ha hecho historia, la mitad de responsabilidad recae en este autor.

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Y esta es la carta de presentación para adentrarnos en Codeflesh, con este cartel de primer nivel ¿Y qué nos encontramos con esta obra, que no difiera de los conceptos detallados anteriormente pero que resulte distinto? El punto de vista y la exploración psicológica de su protagonista. Con esta excusa procedo a explicar de qué trata Codeflesh.

Cameron Daltrey es un agente externo de fianzas judiciales. Se encarga de pagarlas a fin de que los detenidos y luego imputados no acudan a prisión en fase provisional antes de juicio, pero muchos de ellos tienen super poderes y son reacios a cumplir con las agendas de los tribunales. En el momento en que no acuden a sus compromisos judiciales para que la medida cautelar se mantenga (y para que este no pierda su inversión) es cuando tiene que ponerse duro para llevarles a las autoridades y que todo siga en pleno funcionamiento. Como sus métodos son poco ortodoxos, para evitar que sus “clientes” no le reconozcan habida cuenta el brutal modus operandi para tal fin, se colocará una máscara a lo “Rorschach” con el símbolo de un código de barras pero sin sombrero y gabardina.

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Ese será el punto de partida, y lo que a lo largo de las páginas se nos enseñará es la lucha interna del protagonista entre su lado racional, responsable, emprendedor y porqué no, romántico y su lado violento, extremo pero eficaz que representa su alter ego. Y ello aderezado con un elenco de secundarios bastante bien desarrollados, plasmados sobre todo en su socio Staz y su novia Maddy, de los que nos aprovecharemos para conocer el recorrido vital de Cam con las citadas peculiaridades, sin perjuicio del impacto que las decisiones de este producen en ellos.

El ambiente donde se desenvuelven los hechos es sucio, duro, hostil y opresivo, por lo que junto con las ambigüedades del personaje, sus buenas intenciones para con los demás y con su trabajo mezclado con la otra cara, donde se permite que aflore su lado más oscuro para hacer mejor su trabajo, pero que a su vez le sirve como terapia donde se puede dejar llevar sin necesidad de contención, es lo que acerca la propuesta al género negro con motivos meta humanos. No obstante, es de agradecer que no haya un empacho de ese concepto (el de los supers). Es lateral no principal, sirviendo al propósito de sacar lo máximo al protagonista por los distintos niveles de poder de sus adversarios y para, de alguna forma, conocer como es para Casey el mundo real con personas con estas habilidades.

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Teniendo en cuenta que las historias se publicaron en series temáticas junto con otras (se ha publicado en los nums. 1-5 de Double Image y 6-8 de Double Take), tipo la colección inglesa 2.000 AD, el volumen de las mismas es muy corto por lo que considero sumamente interesante que en la mitad de un cómic clásico de 24 páginas se nos cuenten historias frescas, potentes, llenas de acción y dramatismo con una muy respetable profundidad de personajes. Pero es que a demás cumple muy dignamente con la doble finalidad de que funcionen muy bien por sí mismas, a modo casi auto conclusivo, pero que a su vez haya elementos de historia río abanderados por el destino de los tres personajes principales.

En la parte gráfica, Adlar sigue dando lecciones como narrador. Tanto en expresividad e interacciones de personajes, así como en atmósferas. En efecto, la sensación de opresión, de peligro, de hostilidad, los ambientes donde se desenvuelve Daltrey y su alter ego estan perfectamente conseguidos. Pero los distintos estadios emocionales de los personajes no se quedan atrás, son totalmente creíbles y verosímiles. Vamos, lo mismo que en The Walking Dead para quién conozca esta obra. Pero aquí, a todo color.

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En espera de saber más de Cam Daltrey y sus colegas, deseando que sus creadores tengan nuevas oportunidades para seguir presentándonos sus historias del universo Codeflesh y sigan desarrollando estas ideas tan especiales alrededor de ellos, animo a su lectura al resultar una muy gratificante sorpresa.

Codeflesh. Aleta Ediciones. Rústica, Color. 136 pags. Fecha edición: Marzo 2015.

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