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Crítica: “Paracuellos 7, Hombres del Mañana”, por Carlos Giménez

Cuando teníamos asumido que Paracuellos no iba a volver a entrar en nuestras vidas, con la guardia baja, nos desayunamos una buena mañana que trece años después del sexto álbum, el tierno Pablito, el malote Porterito, el duro Don Antonio y las aterradoras hermanas Gilda, entre otros muchos, harían acto de presencia en un catálogo de ofertas que echan en falta miradas autobiográficas de épocas donde la ilusión y la imaginación sólo estaban limitadas por la inocencia interrumpida. Volver a Paracuellos supone para el que suscribe sumergirse en un lugar imposible, un relato de ciencia ficción distópico aterrador y sin…

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“Y decía también: “Quizá cuando seáis mayores comprenderéis todo esto”.”

Resumen : Paracuellos, sinónimo de Noveno Arte.

Valoraciónes : Sea el primero!

Cuando teníamos asumido que Paracuellos no iba a volver a entrar en nuestras vidas, con la guardia baja, nos desayunamos una buena mañana que trece años después del sexto álbum, el tierno Pablito, el malote Porterito, el duro Don Antonio y las aterradoras hermanas Gilda, entre otros muchos, harían acto de presencia en un catálogo de ofertas que echan en falta miradas autobiográficas de épocas donde la ilusión y la imaginación sólo estaban limitadas por la inocencia interrumpida. Volver a Paracuellos supone para el que suscribe sumergirse en un lugar imposible, un relato de ciencia ficción distópico aterrador y sin salida, una prisión infantil que ahoga los sueños y esperanzas de unos niños inocentes antes siquiera de tener sueños y esperanzas. Pero el hecho de saber que todas esas microhistorias, fruto del uso de la fuerza y la injusticia patrocinadas por una administración ilegítima y represiva a la que podemos acudir en imágines fotográficas y filmaciones de archivo de antes de ayer, que desde hace cuarenta años permanecen imborrables en la memoria lectora española son ciertas, provoca una irremediable desazón, frustración y rabia cuya empatía es imposible cuando uno ha tenido una infancia feliz, sana, libre, cobijada en unos padres cariñosos y responsables, cuyo día a día era una gran aventura, y donde el mundo que nos rodeaba y nuestra imaginación, formaban un campo sin puertas ni toques de queda para a través de ensayo y error, aprender y mejorar. De ahí que observada con una visión contemporánea, Paracuellos resulte extraña y totalmente de ficción. Por resultar así, es imperecedera y atemporal, porque muestra un entorno inmovilista y encapsulado, un paréntesis histórico donde no hay línea recta desde el punto A al punto B, porque todo se devora en el punto A y no avanza, donde cada día es un bucle temporal sin más novedad que el suceso puntual en la vida de sus habitantes encerrados en una caverna sin contacto con el exterior, cuya realidad es artificial y manoseada, no vaya a ser que cada uno tenga conciencia propia y juzgue lo que le rodea. Claro que en el exterior tampoco es que la cremallera estuviera abierta, pero en este entorno ni siquiera hay hebilla. Paracuellos es una obra maestra, un referente mundial del comic autobiográfico, uno de los precursores de un género muy abusado actualmente (para bien) y un legado artístico perpetuo que funciona como lección histórica para recordar que no hay que olvidar. Un documento privilegiado y sin manipular de una época sobremanipulada. Un diario expuesto a extraños sin censura a través de un arte por fin aceptado y respetado gracias a unos atracones de palomitas en un centro comercial. ¿Cine, ensayos y literatura de la postguerra?, sí, y cómics también, con Paracuellos en primera fila. Todo gracias a Carlos Giménez, un artista con todas las letras, exponente del comic adulto en nuestro país cuya obra ha influenciado a un gran número de autores patrios a mostrar sin ambages lo que llevan dentro, a que sean artísticamente ellos mismos.

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En “Hombres del Mañana” el autor otorga el protagonismo absoluto a los críos, en historias cortas marca de la casa, pero con dos diferencias respecto a lo anterior. Ahora se abandona el formato anterior de seis páginas por historia, de cuatro filas con una cadencia de 4/5 viñetas, por historias más largas, entre veinte a veintisiete páginas algunas, entre ocho y diez otras. Si en el álbum 6 por ejemplo, había seis historias en 48 páginas, aquí pasamos a cuatro historias en 66 páginas, pasando a contar con tres filas presentando entre 2 y 3 viñetas cada una. Ello comporta que la saturación de texto que se observaban en anteriores entregas para ajustarse a esas seis páginas se modifique por una administración larga a través de más páginas. En cualquier caso una vez metido en materia apenas se aprecian las diferencias ya que el estilo no cambia: primeros planos, gran expresividad y muchos diálogos cortos. Aún así aprecio muchos más fondos que en anteriores entregas, enriqueciendo el decorado interior y exterior en el que trascurren los hechos. Lo que sí altera la actual plantilla es la posibilidad de adaptarse al formato apaisado que se llevó a cabo en las recopilaciones de los 6 álbumes anteriores.

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Como apuntaba anteriormente, el peso argumental es de los niños. Si justo en el volumen anterior el empuje lo tenían ellos y los adultos alteraban activa o pasivamente la acción, aquí tienen un efecto totalmente decorativo, profundizando enteramente en las interacciones y emociones de los menores en varias facetas: de la alegría a la tristeza, del enfado a la sonrisa, del odio al amor, del remordimiento al consuelo, etc. Siempre la ternura y la pesadumbre como sensaciones reinantes en sus cuatro capítulos, la sonrisa no desaparece en la cara de un lector acostumbrado por antecedentes a los continuos tics cómicos de unos chavales empeñados en alcanzar con sus pequeñas cosas, un cachito de felicidad. Y mucho cómic en el cómic. Siempre han tenido gran relevancia los cuadernillos de la época como auténticos tesoros de estos niños y la ilusión de muchos de ellos en completar colecciones y dibujar aventuras creadas de sus cerebritos, aquí incluso forman su propia editorial con sus correspondientes departamentos, no digo más. También el tremendo vía crucis de Pablito, a riesgo de su integridad personal, por encontrar un tebeo perdido a su suerte por el abusón Porterito, como si fuera la última esperanza de sentirse completo. Que por cierto, sobre este último, seremos testigos de su origen y destino, conformando un hallazgo arqueológico en el conjunto global de la obra de primer orden, así como un interesante crossover entre distintos hogares de auxilio, con su inevitable contraste de edades y personalidades.

Sin duda, la reaparición de Paracuellos en las librerías es un motivo de celebración para los que amamos el noveno arte. Un privilegio que contemos en nuestro país con un autor y una obra tan brillantes que pueda exportarse al exterior y acreditar que en España se hacen cómics de categoría mundial.

Paracuellos 7, Hombres del Mañana. Penguin Random House Grupo Editorial-Reservoir Books. Cartoné. Blanco y Negro. 76 pags. Pvp: 17,90 €. Fecha de edición: Noviembre de 2016.

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