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Crítica: “NORTHLANDERS, La Trilogía Islandesa”. Punto y final

La máquina del tiempo pilotada por Brian Wood se ha quedado finalmente sin batería y se precipita sin posibilidad de retorno en la Islandia de 1.260. Al vehículo temporal se acerca un anciano para entregar unos legajos con la historia de su familia, la de las once generaciones de la dinastía Hauksson, para que quede constancia de las hazañas de una Casa que con sangre, sudor y pocas lágrimas lleva asentada en la isla desde hace 150 años como círculo dominador de unas gentes cuyo día a día se presenta como el último. Eficaz cronista de la expansión vikinga desde…

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“Nuestra sangre está en esta tierra”

Resumen : El arco argumental que cierra la ambiciosa obra de Wood se convierte en el finiquito más rentable de la empresa.

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La máquina del tiempo pilotada por Brian Wood se ha quedado finalmente sin batería y se precipita sin posibilidad de retorno en la Islandia de 1.260. Al vehículo temporal se acerca un anciano para entregar unos legajos con la historia de su familia, la de las once generaciones de la dinastía Hauksson, para que quede constancia de las hazañas de una Casa que con sangre, sudor y pocas lágrimas lleva asentada en la isla desde hace 150 años como círculo dominador de unas gentes cuyo día a día se presenta como el último. Eficaz cronista de la expansión vikinga desde su origen, Wood no duda en aceptar el encargo del viejo para mostrar a todo el mundo el auge y caída del clan, aprovechándose del talento gráfico de sus tres tripulantes, Paul Azaceta, Declan Shalvey y Danijel Zezelj.

El primer capítulo de “La Trilogía islandesa” nos retrotrae a una época en la que la isla sólo estaba gobernada por el reino animal y una vegetación maltratada por el frío. Sin un alma al que echarse unos ratos de pesca, los Hauksson se asientan en esta tierra salvaje huyendo de las administraciones injustas de Noruega para vivir con las únicas reglas que las suyas propias. Poco a poco a la zona irán llegando más pobladores cuya convivencia será puesta a prueba por quien merece el liderazgo en la zona. A partir de aquí las luchas por los territorios serán los frentes a batir junto con el frío y las inclemencias meteorológicas, mientras la urbanidad de la que huían de Noruega empieza a cobrar forma. Este sería el punto de partida de esta gran saga de nueve capítulos, repartida en tres generaciones de una familia cuyas decisiones y saber hacer, han gestado duros líderes de una comunidad inestable a lo largo de once descendencias.

En la primera, Wood se recrea en dos puntos de interés, las formas de supervivencia cuando no se tiene más que el cielo y la tierra como punto de apoyo y las luchas por el poder entre los distintos clanes que poco a poco pueblan la zona. Quien lleva el peso de la historia es Ulf Hauksson, cuya evolución es lo más sobrecogedor del arco y el enganche a la lectura. Su particular camino del infierno se convierte en la guía de supervivencia y malas artes que llevarán a su apellido a lo más alto. La narración es contemplativa y explicativa en su arranque para acto seguido, tras un giro impactante, dedicarse a explorar la psicología del guerrero. El dibujo de Paul Azaceta es preciso y se decanta más por un trazo semi limpio que oscuro, permaneciendo a la altura del guionista al alternar el texto pasajes de mucho diálogo con otros inexistentes, prevaleciendo el artista, por tanto, en este segundo apartado.

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La segunda parte nos sitúa en el mismo lugar, con la casa Hauksson como jefe absoluto de los clanes quien con brazo de hierro y tácticas mafiosas imponen su dominio. Brida y Mar, quinta generación, se reparten las áreas de gobierno puestas en peligro por enemigos en las sombras amparadas por la expansión cristiana que pretende arrancar su poder y su conversión espiritual. El peso de la trama lo lleva Brida a través de la misma técnica que Ulf, la exploración psicológica del protagonista en función de los acontecimientos. Sin duda lo más destacable es la fuerza en la construcción de este personaje. Con muchos matices, medidos diálogos y profundas reflexiones personales, acercan al lector a los modos y costumbres de esta sociedad amenazada por el largo brazo del fanatismo cristiano. En el dibujo contamos con Declan Shalvey, en mi opinión unos de los mejores dibujantes actuales del mercado norteamericano. Ya comprobamos en la corta etapa del Caballero Luna de Warren Ellis el potencial de este autor, quien antes enseñó su arte en esta saga. Impresionantes composiciones de página desde múltiples ángulos, acción y movimientos muy cinematográficos en panorámicas horizontales estrechas pero no tan fotogénicas como los clásicos de esta técnica (no es Brian Hitch ni Sean McKeever, vamos) y con un dominio absoluto de los elementos naturales.

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La trilogía se cierra con la undécima generación con la colisión ideológica de Godar y Oskar, padre e hijo, que pueden comprometer toda la historia familiar. Los años y el avance social en la zona han restado poder al clan, conformándose el primero en mantener un estatus estable y confortable en contra de las ansias de su hijo en devolver a la familia al lugar que le corresponde a riesgo de perderlo todo. Las obsesiones y los complejos del segundo componen los análisis íntimos y personales antes mencionados con Ulf y Brida. La historia repite los esquemas de las anteriores pero con distinto resultado, como pasó con las citadas. En la parte gráfica, Danijel Zezelj de estilo más tosco y sucio que los anteriores, funciona, pero no brilla como los anteriores. Aún así donde se coloca por delante de sus predecesores es en la carga natural de esta zona. Bien apoyado por el color de Dave McCaig, el frío y dureza de su interpretación del clima cala bien hondo.

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La idea de Wood de resumir en esta trilogía las aspiraciones y durezas de estos guerreros contempladas en cincuenta entregas, la convierten en un gran punto y final a su saga norteña. Con la pretensión de abarcar 150 años de historia a través de tres momentos puntuales de esta saga familiar, hallamos sin solución de continuidad el conocimiento de la evolución personal de estos asentimientos donde las generaciones anteriores marcan el camino de las posteriores.

Previamente a este arco argumental, dos historias menores cierran el volumen. La primera, “La Cacería”, dibujada por un potente y naturalista Matthew Woodson, muestra la obcecación del solitario para salir triunfante en la misión imposible de derrotar una realidad natural incompatible con la vida humana. Un relato muy poético y espiritual. La segunda, “La Hija de Thor”, dibujada por Marian Churchland, tiene un estilo gráfico más básico con preeminencia por los primeros planos y parcial ausencia de fondos. Para una historia como la trilogía hubiera desentonado, pero como episodio puente a la gran saga islandesa no funciona mal al contar una historia de superación personal a través de una protagonista prácticamente omnipresente en todas las páginas.

Northlanders termina, pero el legado documental y ambicioso de su director permanecerá siempre para aquellos lectores ávidos de historias sobre la historia mediante una serie de sagas y personajes modernos, muy bien diseñados y milimétricamente construidos.

Northlanders nº 40-50, Vertigo/DC Comics. Northlanders, La Trilogía Islandesa, ECC Ediciones. Cartoné. Color. 256 pags. 25 euros. Fecha de edición: Septiembre 2016.

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