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Crítica: “DMZ Libro Dos/Tres”. ¿Justicia mediática o elecciones limpias?

Si en el volumen anterior profundizábamos en la observación de la DMZ a través de los ojos perdidos de su protagonista sin más información que la del lector, en Libro Dos y Tres encontramos la consolidación del personaje como interrogante en el conflicto y comodín de las partes implicadas. Desde una perspectiva imparcial, siempre más interesado en los indefensos y antes de su encuentro con cierta personalidad en el Libro Tres, Matty Roth se coloca de nuevo en testigo directo de los acontecimientos más importantes de esta tierra de nadie para desarrollar tramas de contenido altamente alegórico. Desde la nueva…

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“La muchedumbre lo quería. Quería alguien a quien hacer responsable…”

Resumen : DMZ sigue a buen nivel. Las ganas de continuar explorando el nuevo rumbo creado por el actual statu quo de la zona son evidentes y el interés por conocer el destino final de Marty Roth sigue firme.

Valoraciónes : Sea el primero!

Si en el volumen anterior profundizábamos en la observación de la DMZ a través de los ojos perdidos de su protagonista sin más información que la del lector, en Libro Dos y Tres encontramos la consolidación del personaje como interrogante en el conflicto y comodín de las partes implicadas. Desde una perspectiva imparcial, siempre más interesado en los indefensos y antes de su encuentro con cierta personalidad en el Libro Tres, Matty Roth se coloca de nuevo en testigo directo de los acontecimientos más importantes de esta tierra de nadie para desarrollar tramas de contenido altamente alegórico. Desde la nueva oleada expansionista de USA a raíz del 11S (aunque antes no es que estuvieran quietos precisamente), han salido a la palestra varios escándalos conectados con las agencias privadas de seguridad contratadas por el gobierno, actuaciones desproporcionadas del ejército a costa de sangre civil y las dificultades procesales por contentar a víctimas, opinión pública y al aparato militar estadounidense. Pues bien, eso es precisamente de lo que se encargan los dos primeros arcos argumentales de Libro Dos.

En “Obras Públicas”, Marty se encuentra con la empresa de seguridad trasunta de Blackwater en una historia de periodistas infiltrados que se tienen que mojar y donde toman decisiones que no preveían. Como acontece en este tipo de historias, el protagonista subestima el mandato y el entorno viéndose inmerso en un juego que le sitúa a ambos lados del tablero de un juego que desprecia. Trama vista muchas veces que sirve para conocer más matices de la sociedad construida por Brian Wood con los clásicos giros y momentos angustiosos de siempre. A ver, Marty es el protagonista y sabes que va a sobrevivir, pero al menos nos queda el interés por conocer su crecimiento como persona en situaciones de tensión límite y el surgimiento de nuevos secundarios con aspectos de interés. La locura fanática del terrorismo y el lavado de cerebro de sus miembros toma partido en un arco que no sorprende en exceso, pero que deja picos de intensidad bastante notorios y un sabor agridulce que da consistencia al hecho que de existir una situación así, no habría finales felices.

El enfoque rashomoniano hace acto de presencia en “Fuego Amigo”, que a falta de dos volúmenes para completar la obra se ha convertido en mi saga favorita. La tragedia acaecida antes del primer año del nuevo Manhattan, en la que cientos de civiles murieron en una marcha pacífica a manos del ejército, explora la mediatización de los tribunales de justicia cuando la opinión pública se convierte en juez, jurado y verdugo. A través de los distintos puntos de vista de los implicados de la masacre según sus intereses, el evento se analiza desde varias voces donde la verdad resulta inalcanzable. Roth se aparta para dar protagonismo a la ciudad de verdad. La nueva Manhattan habla a través de sus muertos, de los supervivientes, de los militares y de la cadena de mando. Wood estruja las tripas del lector con las desgracias de unos y la supremacía de otros, con momentos de tensión dramática fuera de acción verdaderamente importantes. Muy estremecedoras. Sobre todo, aprieta la sensación ingrata que sentimos con determinadas noticias crueles e injustas del día a día y la impotencia de no poder hacer nada más allá de educar a nuestros hijos en valores de igualdad, justicia y respeto a los demás. Aunque se aprovecha también para ahondar en la demonización del uso abusivo e irracionalmente libre de las armas de fuego, el análisis que el escritor lleva a cabo con las hipócritas justificaciones para actuar en determinados contextos, es de gran nivel. Además, lejos de ser maniqueo pone en el papel difíciles disyuntivas morales que nos colocan en ambos lados, con los muertos y con sus ejecutores.

Los cinco últimos episodios del tomo incluyen cinco historias autoconclusivas de viejos y nuevos personajes. Me parece correcta la decisión, porque da descanso a Marty. Hay que tener en cuenta que es el protagonista absoluto. El resto son secundarios con mayor o menor presencia, pero quedan lejos de dar a la obra marchamo de serie coral. En este caso, gracias a la mirada de varios de estos sujetos como Soames, Wilson y Kelly, predomina la exploración psicológica para entender sus posturas, modos de pensamiento y actuación en esta extrema sociedad. Wood los usa también para conocer que sucedió en los primeros momentos del conflicto y no se deja las posturas iniciales de ambos bandos, el estadounidense per se y el ejército de los estados libres.

Con Libro Tres nos encontramos en un nuevo escalón del desarrollo de Roth. Hay que reconocerle a Brian Wood que el crecimiento personal levantado alrededor de su protagonista es sólido y es uno de los principales valores de la serie. Si en un primer momento estaba como una canica perdido en un parque de bolas y en un segundo ya era experto, ahora empezamos a ver su lado más reivindicativo y alejado de la neutralidad. A estas alturas de la obra lleva bastante tiempo pringándose de sangre y la desconfianza que siente contra las partes del conflicto ha traspasado fronteras morales. Ya está desengañado de que a la humanidad le quede algo de bondad en este tramo de la película y se empieza a mojar.

Dos arcos argumentales son los que llevan la voz cantante del tomo. “Sangre en el Juego” y “Guerra de Poderes” plantean lo que tarde o temprano tenía que pasar, el surgimiento de una voz que represente al pueblo. El alto el fuego discontinuo atisbaba una situación imposible de soportar. La crisis humanitaria de la zona podría provocar el rechazo global a ambos ejércitos. Para controlar la situación no hay nada más sano que aplicar el estado de derecho y eso implica elecciones. Claro que en bretes como este será el estado de derecho que las potencias decidan, no el que la sociedad merece y ahí es donde entra un nuevo secundario que dará un giro a la saga: Parco Delgado. El tejemaneje electoral que vemos en la política ficción se trasunta en DMZ en una etapa de intrigas políticas y populistas. Los fantasmas del pasado de Marty hacen entrada triunfal en la serie y se colocan como secundarios de lujo dando fuste a los conflictos morales del periodista. Con gran acierto, gracias al perfil privilegiado de este, nos colocamos en el detrás de las cámaras de todos los intereses en juego, los dos ya mencionados (y responsables de la tragedia humanitaria) y el nuevo foco de poder local legitimado por unas elecciones pactadas y legítimas. Marty se posiciona en el lado de Parco como parcela de interés en el erigido nuevo orden por su posición privilegiada como periodista de fama y carisma. Roth cambia de cínico y desengañado periodista imparcial a mirlo blanco de los nuevos poderes fácticos. Volvemos a ver una evolución muy potente en el personaje, tanto en su aspecto vital como en su camino recorrido, que le coloca en una de las mejores creaciones de Wood (al menos para mí). Porque en efecto, el nuevo statu quo pone a la obra en otra dirección. Ya no sólo están en juego las observancias de las dos potencias, sino también el marco de la DMZ y el choque de trenes que supone el nuevo gobierno legítimo de la zona con los otros poderes locales de trasfondo criminal. Parco versus Wilson coming soon.

Las historias cortas tienen su mayor baza en “La Isla”. Funciona en dos módulos, como énfasis de las hermandades que surgen entre los grupos militares y las sinergias intrínsecas que eso conlleva a pesar del bando que defienden, y como denuncia de los malos tratos en instalaciones tipo Guantánamo. Ahí radica su interés, que en dos episodios pasamos del cielo al infierno en un segundo. Como lo mejor de nosotros mismos se transforma en pura maldad cuando entran en juego intereses menos profundos que los de la amistad en su estado más puro, en su vertiente más cruda. Un interesante capítulo lleno de matices bien colocados y economizados.

Tras un capítulo autoconclusivo de fuerte carga emotiva protagonizado por una intermitente Zee, “Sin futuro” supone otro descanso para Roth que sirve para sentir lo sufrido por las fuerzas orden en la evacuación de Manhattan el día cero y las consecuencias de las perdidas más importantes surgidas del caos y la violencia. Creo que aquí nos encontramos con el único patinazo del escritor porque no veo mucho sentido en las decisiones que toma el policía protagonista dentro del entramado grupal en el que se encuentra y el leitmotiv del mismo no me parece ni coherente ni sugerente. El tour de force del personaje central no cala por sus desproporcionadas decisiones y porque el sentimiento que le provoca a posteriori no coincide con el modus operandi de su tramo final. Creo que Wood intenta que empaticemos con este tipo y consigue todo lo contrario.

En el apartado gráfico, con estilos distintos, todos los lápices forman una amalgama perfecta cuando se reparten los arcos argumentales. Burchielli está correcto y el resto tiene una participación más funcional que vistosa habida cuenta que el peso del texto supera al gráfico. Lo más positivo es que no rompe la dinámica de entretenimiento surgida entre obra y cliente. Si tengo que destacar a uno me quedo con Nathan Fox. De estilo similar a Paul Pope, Duncan Fegredo y David Rubín, su estilo rompedor, refrescante, detallado y próximo al feísmo, encaja perfectamente en este ámbito de ficción por su agudeza visual a la hora de componer páginas de violencia física y mental a través de unos personajes que se saben feos por fuera porque lo son por dentro. Los diseños de este caballero lo dejan bien claro. Al margen que en profundidad de campo, ángulos de visión y narrativa, promete mucho. Casi le prefiero que al dibujante titular, pero eso ya son gustos.

DMZ sigue a buen nivel. Las ganas de continuar explorando el nuevo rumbo creado por el actual statu quo de la zona son evidentes y el interés por conocer el destino final de Marty Roth sigue firme. En fondo porque ahora se ha posicionado y en forma, porque hemos cruzado la mitad de la obra.

 

 DMZ 13-44, Dc Comics/Vertigo. DMZ Libro Dos-Tres, ECC Ediciones. Color. Cartoné. Pvp: 35,50 €-36,50 €. Fecha de Edición: Marzo-Junio 2017.

Sobre Álvaro Gekko

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