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Crítica: “Jack Kirby: Centenario”. Legado eterno.

Con motivo del centenario del nacimiento de El Rey, DC tuvo a bien dar homenaje a la catedral del cómic de superhéroes. Recordad que no solo el artista estuvo en el sorpresivo y corto período de los setenta, ya desde los cuarenta su presencia en la editorial fue capital. Pero sí es cierto que la creación del Cuarto Mundo y Kamandi provoca al lector que centre su época deceíta en ese tramo. Si relacionamos el logotipo de la editorial y Kirby nos viene a la cabeza dicha etapa. En cualquier caso, su mayor producción postmarvel fue como creador completo, circunstancia…

Resumen de Reseña

General
Guión
Dibujo
Personajes
Historia
Edición

“”No soy hijo de mi padre. Soy Orion, hijo de Nueva Génesis”

Resumen : Recopilación de especiales en un divertimento puntual muy romántico. Un mecanismo de nostalgia pura para recordar donde hay que volver a mirar de vez en cuando.

Valoraciónes : Sea el primero!

Con motivo del centenario del nacimiento de El Rey, DC tuvo a bien dar homenaje a la catedral del cómic de superhéroes. Recordad que no solo el artista estuvo en el sorpresivo y corto período de los setenta, ya desde los cuarenta su presencia en la editorial fue capital. Pero sí es cierto que la creación del Cuarto Mundo y Kamandi provoca al lector que centre su época deceíta en ese tramo. Si relacionamos el logotipo de la editorial y Kirby nos viene a la cabeza dicha etapa. En cualquier caso, su mayor producción postmarvel fue como creador completo, circunstancia que no podemos obviar ya que desde ese momento es la parte de su carrera más desarrollada. Y eso se lo debemos a DC. Como le debemos también la aceptación de su herencia sin beneficio de inventario que no sólo ha encajado como un guante para con hombres de acero, semidioses y gente superpoderosa, sino para expandir su mitología de forma exponencial a una escala escenográfica merecida para estos personajes. Efectivamente me refiero al Cuarto Mundo.

La ambiciosa macrosaga se aparece en este tomo especial como la gran baza creadora del autor reconociendo la editorial su deuda con el acreedor de este legado. El binomio Darkseid-Orion va más allá de la clásica lucha entre el bien y el mal gracias a su trasfondo shakespiriano paternofilial. Se respetan sus premisas básicas. Si en uno priman las tramas hiperbólicas de golpear primero y responder después, en el otro los complots y las conspiraciones en estamentos de fuerza institucional. Con Orion, en una batalla épica contra Kalibak (asociado con Pepito “Lightray” Grillo). Con Darkseid, en un plan para deshabilitar un grupo insurgente demostrando el terror intrínseco y externo que posee (y que nos vuelve locos). Como este tipo de eventos aglutina grandes autores, uno que no podía faltar es Walter Simonson. Nos trae un curioso corto que sirve de miniprecuela de una historia clásica de la serie Orion, aquella que presentaba a los Seis Profundos con el caído Seagrin. Al margen del recuerdo nostálgico que supone, su riqueza la encontramos con el buen hacer del dibujante que sigue fuerte en cuanto a creaciones monstruosas y fuerza visual.

 

Otro concepto del Cuarto Mundo que ha ido más por libre sin estar tan encorsetado con este universo es Mr. Milagro. Aunque aquí predomina más la esencia del legado en la encarnación del personaje (tan propia de la editorial) a través del tercer escapista (Shilo Norman), también juega un papel de peso el conflicto interno de otro gran personaje en este paraje de ficción, el Corredor Negro. La historia, protagonizada por ambos, aprovecha la gracia argumental de los inicios históricos del personaje con sus trucos imposibles y los espectáculos mass media e introduce viajes en el tiempo sirviendo en el homenaje al guiñar sucintamente los futuros de Kamandi y Omac.

La Legión de Repartidores (la clásica) y Boy Commandos unen fuerzas en una historia creada completamente por Howard Mackie. Autor muy proclive a recuperar el espíritu de los relatos de los cuarenta y cincuenta para jugar con la retrocontinuidad en estos ámbitos, el team up de los dos jóvenes grupos sirve para contrastar las distintas personalidades de la juventud aventurera y sin miedo a nada de esta época, así como para experimentar con el concepto del superhéroe como reflejo de las sociedades entre naciones que en esos tiempos se empezaron a forjar, con sus formas y modos arquetípicos.

 

The Sandman fue un corto experimento entre el personaje de mismo nombre de la Golden Age y el de Neil Gaiman. Apenas duró poco más de media docena de números. Como el tributo es global y es un personaje casi olvidado (que no puede encajar mejor con su nombre e historia) le dan hasta dos episodios. Lo curioso es que se lo encargan a un grupo de autores que mantuvieron en los noventa el estilo clásico de toda la vida (unos más toscos que otros, eso sí) ante las formas vacías pin-uperas de esa década. Dan Jurgens, Jon Bogdanove y Rick Leonardi (junto a Steve Orlando) interpretan los paisajes oníricos de este peculiar y pijamero personaje que recuperan los espectaculares collage de Kirby. Si el predecesor a esa encarnación fue un pilar en la comunidad justiciera de la Golden Age, otro que caminaba por esos derroteros era Manhunter, también con varias versiones. Bajo la batuta de Joe Simon y Jack Kirby tuvo en jaque al mundo del crimen, contexto donde aquí se desenvuelve. En el capítulo de este volumen, el aspecto psicológico y motivacional del sujeto cobra protagonismo al enfrentarlo con el primer Sandman (Wesley Doods) en un debate moral en forma de combate entre vigilantes para dirimir si son más convenientes las formas extremas y expeditivas de uno (Manhunter), con los modos más o menos “honorables” del otro (Sandman). No obstante, lo importante aquí, al margen del enfrentamiento, es la denuncia rabiosa de los fallos del sistema cuando trata con delincuentes (a ver, también con ciertos elementos arquetípicos, como si todos los criminales salieran libres a las primeras de cambio) pero creo que la rabia interna del personaje ante estos hechos como excusa proporcional a sus modos encajan bien en esta reinterpretación, aunque al final la mayor parte de la historia se dedica a mostrar el combate más intelectual que físico con Doods.

Como en este ciclo de especiales se pretende colocar cada una de las creaciones de Kirby en la editorial (sólo o en comandita) salvo Kamandi, cuyo homenaje se publica aparte, todas acaban alternándose en repartos de larga y corta duración. Uno de los personajes afectados por esta estructura es Demon. Y es una pena por las posibilidades del mismo. Del legado de Kirby creo que tras el Cuarto Mundo es la cabecera más importante y duradera. Me imagino que ese es el motivo de centrar más esfuerzos en recuperar a The Sandman y Manhunter, por ejemplo, que en dedicar más páginas a Etrigan. Al menos ha tenido su parcelita, aunque sea en seis páginas. Lo curioso es que en mi opinión es de lo mejorcito del tomo, sobre todo por un inspirado Steve Rude. Dibujante que siempre me ha parecido portentoso al aunar el estilo de El Rey pero refinándolo en un estilismo fino y elegante. Al margen de dotarle de una fuerte personalidad respecto al resto de dibujantes-legado de Kirby, casa muy bien con la narrativa tan dinámica y económica que se ve actualmente. Reúne la potencia visual del maestro y la habilidad de contar mucho en muy poco. Aparte que la historia es potente aún su brevedad.

Otro afectado por este formato es Omac. Y este sí que ha tenido poca presencia histórica, al margen de la reimaginación precrisis infinita. Podría haber contado con más páginas. Pero es una patata caliente. La espectacular miniserie de John Byrne sirvió para continuar y cerrar la serie inconclusa de los setenta, pero dejó poco margen de maniobra. Tuvo que repescarse de otra forma muchos años después con un transformo brutal y vacío. Lo tocan porque deben salir todos, pero como el que enciende una cerilla hasta que funcione la linterna. Visto y no visto. Entra en los temas dejados por Jack Kirby como la ambigüedad de la Agencia por la Paz Mundial y desarrolla una historia con fondo distópico. Poco más, no vaya a perjudicar la continuidad byrneiana que ató todo de forma brillante. No es como con Demon, donde se cuenta una historia en su día a día, ya sea en cualquier época, y punto. Hasta que el siguiente autor narre el día después. Con Omac esto es más complicado sin un plan editorial más estudiado.

La recopilación contiene una serie de historias amenas y ligeras que en función de la importancia y entusiasmo que a cada uno le despierten los respectivos personajes que aquí intervienen, le será más o menos apetecible. Es un proyecto global, con muchos autores y especiales independientes entre sí. Historias autoconclusivas que cuentan un momento concreto de sus protagonistas. Tampoco podemos exigir una historia río con todos los encartados de fuerte impacto emocional. Es un divertimento puntual muy romántico. Un mecanismo de nostalgia pura para recordar donde hay que volver a mirar.

The New Gods Special nº 1, The Newsboy Legion and the Boy Commandos Special nº 1 , The Sandman Special nº 1, The Manhunter Special nº 1, Darkseid Special nº 1, The Black Racer and Shilo Norman Special nº 1, ECC Ediciones. Cartoné. Color. 192 pags. Pvp: 19,50. Fecha de Edición: Febrero 2018.

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