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Crítica: “Green Lantern: Sector 2.814”. Crisis de identidad.

Otro clásico en el cómic de superhéroes es el estudio de la identidad civil del héroe. Cuando vida personal y vigilante se tornan incompatibles. Cuando hay que elegir una de las dos. Este es el turno de Green Lantern en esta disyuntiva y es lo que da sentido a la publicación de la obra. Efectivamente, una vez inmerso en los primeros episodios, la única trascendencia que encontraba como premisa básica del arco eran los efectos de su regreso a la tierra tras un largo período en el espacio. Cómo se restituía el estatutos profesional, social y sentimental de Hal Jordan…

Resumen de Reseña

General
Guión
Dibujo
Personajes
Historia
Edición

“¿Dónde te has metido, Hal?”

Resumen : Un arco argumental que va de menos a más donde al final, sin intuirlo si quiera, uno se lamenta que acabe.

Valoraciónes : Sea el primero!

Otro clásico en el cómic de superhéroes es el estudio de la identidad civil del héroe. Cuando vida personal y vigilante se tornan incompatibles. Cuando hay que elegir una de las dos. Este es el turno de Green Lantern en esta disyuntiva y es lo que da sentido a la publicación de la obra. Efectivamente, una vez inmerso en los primeros episodios, la única trascendencia que encontraba como premisa básica del arco eran los efectos de su regreso a la tierra tras un largo período en el espacio. Cómo se restituía el estatutos profesional, social y sentimental de Hal Jordan mientras se peleaba contra el malo del mes. Alternándose entre interludios de corte civil con personas cercanas al ámbito de la empresa, los planes y chanchullos políticos y empresariales es lo que daba vidilla a los enfrentamientos metahumanos. Y punto. Tipos como Jabalina y El Tiburón rellanaban tebeos donde la vida en sociedad del protagonista era lo interesante, donde las conspiraciones de villanos reales (políticos y megacorporaciones) intuían problemas de imposible solución a pesar de portar un anillo de luz. La curiosidad se despertaba con las subtramas argumentales peterparkianas que la serie importaba. Bien embaladas y que se abrían con mimo y respeto.

El tratamiento tan concienzudo de estas bases colocaba a Hal Jordan en un secundario más en un reparto coral de buenas caracterizaciones y situaciones. Porque no sólo la cámara seguía el camino de este por Coast City y por Aviones Ferris sino que las páginas se repartían por separado entre las investigaciones y relaciones personales de los científicos de la empresa, los planes de los rivales privados y públicos, los problemas de los técnicos y sus competencias y en la respuesta conjunta de todos al retorno de Jordan.

Si es que a estas alturas de la película, más allá de los diseños molones y motivaciones de los villanos, los enfrentamientos son irrelevantes. Lo que prima, y máxime en tebeos de primeros de los ochenta con muchas más viñetas y textos que ahora, son los planes de poderes ocultos en la sombra (el Monitor), las maniobras torticeras y revanchistas de la política (el congresista Bloch), el choque de personalidades para bien y para mal de todos los secundarios y las relaciones sentimentales. Y por supuesto el esquema básico global en beneficio del gran superclímax donde todo lo mostrado en estos subniveles cobra sentido e importancia. Ese momento donde todas estas situaciones confluyen y se rompen. Y ahí es donde entra el valor de la época Wein-Gibbons, en el tratamiento de Hal Jordan como Green Lantern respecto a los demás (y si esto le compensa).

Sí es verdad que lo más cantoso es la desproporcionada excusa para que su entorno le sirva el dilema en bandeja de plata. ¿Era necesario poner en la balanza la seguridad de Ferris con la supervivencia de un planeta con millones de habitantes para justificar el cisma? Me parece hasta imprudente la reflexión de Jordan cuando se lamenta de poner en peligro su relación con Carol “para salvar un planeta del que nunca había oído hablar”. Uff, ese pensamiento merece un desenlace a lo Fénix Oscura. Más entendible sería reprocharle un combate con un superser del espacio a costa de la seguridad de la empresa. Incluso se podría admitir un debate más racional y sereno de Carol dando la razón a la protección de los alienígenas ahondando en la incompatibilidad de esas responsabilidades con sus deseos. Que Jordan se cabree con los Guardianes es irrelevante, los autores se encargan de enfatizar este extremo. Y no lo comparto. Al fin y al cabo la labor de los Corps se amplía al espacio pero su labor y cadena de mando no es distinta a la de un cuerpo de policía. Bien, tendríamos un litigio sentimental similar a la pareja de un agente que no puede convivir con la preocupación de que el otro se ponga en peligro constante o que deba compartirse con las obligaciones del cuerpo, por muy comprensivo que uno sea. Es ese el único pero que le pongo al arco en lo que se refiere al planteamiento que somete uno de los elementos básicos del género. Porque el desarrollo sí es muy destacable. De hecho es a partir de ese momento cuando la lectura se vuelve voraz mientras que antes no lo era. Era agradable pero no pasaba nada si uno interrumpía la lectura entre episodios para ocuparse de otras cosas. Y a pesar que el lenguaje y modos son los que son, las consecuencias del plantón de Jordan se leen de un tirón. Cuando te das cuenta del ritmo tan acelerado y bueno que lleva, el tomo ha terminado.

A estas alturas de la etapa, tengo ganas de la continuación. Y eso no es poco.

Green Lantern 172-176, 178-183, DC Comics. Green Lantern: Sector 2.814, ECC Ediciones. Color. Cartoné. Pvp: 23 €. Fecha de edición: Marzo 2018.

 

Sobre Álvaro Gekko

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