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Reseña: “Las Crónicas de Narnia III: El Caballo y el Muchacho”, de C. S. Lewis

“El Caballo y el muchacho” es un libro sorprendente y profundo que, por primera vez en la cronología narniana, se separa casi por completo del reino de Narnia y fundamenta su acción casi totalmente en el reino vecino de Calormen, finalizando en Archeland. Es el tercer libro siguiendo el orden cronológico, siendo el quinto en orden de publicación, y muestra las aventuras de Shasta, un joven que descubre que el pescador que le cuida no es realmente su padre y que el caballo de un noble calormeno que los visita habla. Pero el caballo, llamado Bree, no sólo hace eso:…

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“El Caballo y el muchacho” es un libro sorprendente y profundo que, por primera vez en la cronología narniana, se separa casi por completo del reino de Narnia y fundamenta su acción casi totalmente en el reino vecino de Calormen, finalizando en Archeland. Es el tercer libro siguiendo el orden cronológico, siendo el quinto en orden de publicación, y muestra las aventuras de Shasta, un joven que descubre que el pescador que le cuida no es realmente su padre y que el caballo de un noble calormeno que los visita habla.

Pero el caballo, llamado Bree, no sólo hace eso: también le habla de libertad, de magia, de amor y de justicia. Le habla de Narnia, ese país del norte tan extraño para él, pero a la vez tan conocido para los lectores consumados de la saga.

Sin dudarlo más, Shasta emprende un viaje desesperado a la capital de Calormen, Tashbaan, para lograr escapar por el abrasador desierto. Por el camino se les une Aravis con su yegua Hwin, una aristócrata calormena que huye a algún lugar donde pueda casarse con quien ella desee. Por el camino son perseguidos en algunos momentos por varios leones, con lo que avanzaron incluso más rápido de lo normal.

Una vez en la capital, no tienen más remedio que separarse pues, reutilizando los personajes de otros libros, Lewis introduce de nuevo a Susan y a Edmund, que confunden a Shasta con Corin, el príncipe de Archenland. Al parecer ambos niños son idénticos y, a la vuelta de Corin de hacer alguna de sus travesuras, Shasta aprovecha para desaparecer con las indicaciones correctas de cómo atravesar el desierto.

Por otro lado, Aravis pide ayuda a su vieja amiga Lasaraleen para que pueda sacarla de la ciudad sin que nadie la reconozca. Sin embargo, de camino no tienen más remedio que esconderse en una estancia de palacio, con tan mala suerte de coincidir con el mismísimo Tisroc (el gobernante de Calormen), su hijo Rabadash y el hombre de cuyos esponsales huía Aravis: el Gran Visir. Rabadash estaba loco por conseguir la mano de Susan y para ello estaba dispuesto no sólo a raptarla sino a declarar la guerra a Narnia. El Tisroc le da permiso para que invada Archeland y así poder destruir Narnia desde varios flancos.

En este punto de la narración, se muestra la preocupación del Tisroc de que Rabadash, su primogénito, se cansara de su vida aburrida de palacio y comandara su desahogo en conspiraciones contra él, como ya había ocurrido muchas veces. Y es que en la historia de la realeza de cualquier feudo, las conspiraciones eran el plato de cada día, y un monarca debía de ser muy astuto para conservar el pescuezo durante mucho tiempo, especialmente debido a sus propios hijos. Con toda la frialdad que puede mostrar el rey de un reino tan despiadado, viva imagen de Egipto y de los musulmanes que después describiré, le da permiso a su hijo con la esperanza de que fracase y pueda sustituirlo por otro hijo más sensato y más paciente.

Tras pasar mucho miedo escondidas tras un sillón, Aravis y su amiga consiguen llegar a su destino y Aravis se reúne con Shasta en el desierto, el cual había pasado la noche y oyó y más bien sintió la presencia de un enorme león, que espantaba a las hienas que lo estaban rodeando a la luz lunar.

Juntos, recorren el desierto a toda rapidez con el ejército de Rabadash pisándoles los talones, pero el ataque de un león les hace aumentar tanto la velocidad que enseguida llegan al refugio de un ermitaño, donde Aravis, herida por el león, y los dos caballos se paran a descansar. Shasta, en cambio, no tiene tanta suerte y se da cuenta de que debe avisar cuanto antes a los pobladores de Archenland para que se defiendan del ataque calormeno que se les avecina.

Corriendo con todas sus fuerzas, acaba por encontrarse al monarca de esas tierras, el rey Lune, y él y sus tropas se dirigen a toda prisa hacia su fortaleza. Shasta les pierde de vista y se pierde, pero entonces se produce la mayor sorpresa de todo el libro: aparece un enorme león entre la niebla y le habla: es Aslan.

Éste le explica que fue él quien los persiguió, quien le protegió en el cementerio, quien incluso hirió a Aravis para que fueran más deprisa y ellos se detuvieran en un lugar donde estuvieran a salvo. Y una vez más, le ayuda indicándole el camino hacia donde está el ejército narniano liderado por Susan, Edmund y Lucy, dispuesto a ayudar a sus vecinos de Archenland en la lucha contra Calormen. Allí se infiltra en la batalla junto a Corin hasta vencer la guerra.

Y el castigo impuesto por Aslan a Rabadash fue asombroso: le prohibió que volviera a pisar Narnia, y lo convirtió en un burro con la advertencia de que si, en un mes, se encontraba en su ciudad natal frente a todo su pueblo, se convertiría de nuevo en humano, pero desnudo. Y que si en algún momento de su vida se volvía a alejar de su ciudad más de una distancia convenida, volvería a convertirse en burro para siempre jamás. Y el resultado fue que Rabadash se convirtió en el rey más pacífico de la historia de Calormen, pues debido a su orgullo, no podía permitir que sus nobles pensaran que era un cobarde si los mandaba a luchar lejos sin ir él también. El orgullo de un canalla consiguió la ansiada paz para el pueblo calormeno, que se lo agradeció llamándolo Rabadash el ridículo. Pues es lo que hizo cuando se convirtió de asno en hombre frente a toda su plebe.

Por otro lado, Shasta fue reconocido por el rey Lune como hermano gemelo mayor de Corin, y por tanto heredero del trono de Archenland. Y fruto de su boda con Aravis, nació el que llegó a ser el rey más famoso de la historia de Archenland.

Bien, tras la narración/crítica de la obra, es necesario recalcar el gran parecido que presenta con la historia de Moisés, en otra clara demostración del carácter cristiano de C. S. Lewis. El viaje de Shasta y Aravis a través del desierto recuerda al de los judíos en busca de la libertad, huyendo de la esclavitud de Egipto. Y no sólo eso, pues Shasta fue robado siendo un bebé, pero un soldado de Archenland lo cuidó cuando quedaron a la deriva en mitad de una batalla naval y al final llegó al pescador que lo cuidó durante su juventud dentro de un bote por el océano. Moisés también fue alejado de su familia nada más nacer y fue encontrado en una cesta en el Nilo.

Ambos se volvieron en contra del reino en el que crecieron, y los dos se convirtieron en los líderes de sus verdaderas naciones (Israel y Archenland). Sin embargo, no todo es igual, pues en algo fueron totalmente contrarios: Shasta creció pobre en la casa de un pescador y acabó convirtiéndose en Rey, mientras que Moisés creció en la realeza para acabar convirtiéndose en un pastor, aunque también líder de los judíos.

Para acabar, en la conversación que mantienen Shasta y Aslan en las montañas, justo antes de coincidir con el ejército narniano, Aslan hace crecer hierba de sus pisadas, lo cual también recuerda a cómo Moisés consiguió extraer agua de la roca.

“El caballo y el muchacho” ha sido un libro repleto de simbolismo y significados ocultos, cuyo eje de acción en Calormen planteó polémica en su entonces debido a que estaba basado claramente en una crítica a la sociedad musulmana. Lewis no tuvo pelos en la lengua a la hora de formalizar una clara alegoría de la rivalidad que tenía la religión profesada por el autor hacia el Islam. Pese a ello, el argumento sorprende con un cambio notable en el sistema argumentativo mostrado hasta entonces en el orden cronológico, con una sencillez pero a la vez una simbología tan profunda que marca a cualquier lector atento.

Una vez más, la magia, el amor, la justicia y especialmente la libertad pueblan las páginas de este excelente autor, que nos brinda a su singular estilo la historia de Shasta, el sirviente de un pescadero que llegó a convertirse en rey.

Sobre Víctor M. Yeste

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Director de la web, revista digital y radio online @HelloFriki. Escritor, ingeniero en Informática, cinéfilo, seriéfilo y, en definitiva, friki empedernido.

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