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"Nouvelle planète", Konstantin Iouon

Reseña: “Aelita, la reina de Marte”, de Alexéi Tolstoi

El arte ejerce la función de la memoria: él selecciona en el fluir del tiempo lo que brilla con mayor fuerza, lo más inquietante, lo más significativo y lo deja grabado en los cristales de los libros. Pero el arte va más allá. Él aspira a desenvolver no sólo la retrospectiva sino la perspectiva de la vida, hace todo lo posible por arrastrarnos al futuro. Es algo especialmente propio de nuestro tiempo. Todo el énfasis está en el futuro. Ante el arte se presentan tareas muy difíciles; ir penetrando en el velo del futuro y, descorriéndolo un poco, mostrar lo…

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El arte ejerce la función de la memoria: él selecciona en el fluir del tiempo lo que brilla con mayor fuerza, lo más inquietante, lo más significativo y lo deja grabado en los cristales de los libros. Pero el arte va más Alexéi Tolstoiallá. Él aspira a desenvolver no sólo la retrospectiva sino la perspectiva de la vida, hace todo lo posible por arrastrarnos al futuro. Es algo especialmente propio de nuestro tiempo. Todo el énfasis está en el futuro. Ante el arte se presentan tareas muy difíciles; ir penetrando en el velo del futuro y, descorriéndolo un poco, mostrar lo probable, indudable, inquietante con la misma fuerza que el pasado o el presente.
Alexéi Tolstoi

Aelita, la reina de Marte, sale de la imprenta por primera vez en 1923. Escrita por Alexéi Tolstoi, pariente lejano del conocido León Tolstoi, es publicada justo el mismo año en el que el autor vuelve a Rusia después del exilio, del que fue motivo la revolución de Octubre. Apodado “Camarada Conde” Alexéi Tolstoi nunca fue un fiel seguidor del bolchevismo. Cursó sus estudios superiores en el Instituto Tecnológico de San Petersburgo y finalmente se dedica a la literatura escribiendo poesía y prosa. Partió de Rusia en 1918 refugiándose en París y Berlín.

Aelita, la reina de Marte nos transporta a un mundo de paisajes oníricos, pero con una particularidad, estos no empiezan en el lejano y exótico planeta Marte sino en la calle Amanecer Rojo de Petrogrado, Unión Soviética. Todo comienza con Skiles, un periodista extranjero que se topa con el espíritu temerario y soñador de los habitantes del lugar. Incrédulo, asiste al lanzamiento del primer cohete destino Marte.

Tres son los personajes que comparten protagonismo. Los, el ingeniero y padre de tan arriesgado proyecto, se encuentra sumido en la melancolía por la muerte de su esposa, lo que le empuja a viajar al espacio. Es en este personaje en el que se deja ver el parecer y carácter del autor que contrasta fuertemente con el espíritu inquieto de Gúsev, un militar del Ejército Rojo que anduvo también con los anarquistas, tratándose más bien de un aventurero que de un revolucionario. Tosco en el proceder y de carácter jovial, se abandona a la empresa guerrera como único sentido de su existencia, no dudando en poner en peligro su vida y la de aquellos que se encuentran bajo sus órdenes. Por último está la bella e inteligente aristócrata Aelita, hija del gobernador del planeta Marte,  se encuentra arrastrada por un fuerte destino trágico al que cree no poder oponerse.

Dadas las turbulentas circunstancias en las que fue escrita, a veces se nos muestra cierta reconciliación de Alexéi Tolstoi con la recién nacida Unión Soviética, en otros momentos no esconde la crítica, mientras que en realidad es la resignación ante la inevitabilidad de los acontecimientos lo que turba a sus protagonistas.

El espíritu de la búsqueda nos impele siempre, eternamente. Pero no debí ser yo el primero en volar, el primero en penetrar en arcanos celestes ¿Qué hallaré allí? El olvido de mí mismo… Eso es lo que más me inquieta al separarme de ustedes… No, camaradas, no soy ningún genial constructor, ni un audaz, ni un soñador; soy un cobarde, un fugitivo…

Lejos de ser una novela romántica o meramente propagandística, como muchos han querido ver, tanto la propia Aelita como el amor que los une a ella y al ingeniero Los, son un ideal que constantemente encuentra impedimentos a su realización, llegando a ser necesario Martearriesgar la propia vida. En cambio Gúsev no aspira a lo duradero, son los acontecimientos, la aventura, la pasión, lo que le hace sentir dueño de su destino. La fuerza narrativa de este relato es sostenida precisamente por la humanidad de sus personajes más que por sus proezas, incluso el aparentemente primitivo Gúsev nos ofrece confesiones de gran valor introspectivo.

Los conocimientos tanto tecnológicos como mitológicos y filosóficos de su autor dan forma a una obra de gran valor literario, y es justamente en la simbología de la mitología clásica y en una relación de paralelismo entre Marte y la Tierra donde encontramos una de las claves para una mejor comprensión de la lectura. Dejando a un lado la posterior identificación en la ciencia ficción, sobre todo en el cine estadounidense, de Marte con la Unión Soviética, volvemos a un significado más originario que nos lleva al dios Marte, el dios de la guerra y la fertilidad.

Concluyendo, Aelita, la reina de Marte es una temprana obra de ciencia ficción que difícilmente dejará indiferente al lector. Combinando una acción trepidante, con un humor fresco y el amor; junto a cuidadas descripciones de fantásticos paisajes y exóticas civilizaciones, Alexéi Tolstoi nos deja en la ficción una imagen de la realidad humana, y más concretamente de la problemática de la que fue contemporáneo.

Adaptaciones al cine:

Tan sólo un año después de ser publicada Aelita, la reina de Marte, finaliza el rodaje de su adaptación al cine. Diraelita_queen-of-marsigida por Yakov Protazanov, director cinematográfico también exiliado de su país y posteriormente alentado como muchos otros artistas a trabajar para el nuevo Estado; poco queda en su largometraje de la novela escrita por A. Tolstoi.

De estética constructivista, fue uno de los proyectos cinematográficos de mayor presupuesto de su época. Muchos han observado en la imagen de la Aelita cinematográfica dirigiendo a los habitantes marcianos a la revolución para luego ocupar el poder, una dura crítica al gobierno soviético. A pesar de las imágenes propagandísticas, Aelita no gusta a los censores, que prohíben su proyección.

En 1924 se filma el largometraje de animación Revolución interplanetaria. Más correcta en cuanto a la ideología soviética, fue un proyecto del recién inagurado taller de la Escuela Técnica de Cinematografía del Estado.

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