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Reseña: “El Cuarto Jinete”, de Víctor Blázquez

Hace más de un año, allá por Marzo del 2012, un autor novel llamado Víctor Blázquez presentaba en sociedad su primera novela, El cuarto Jinete, una historia englobada en el mundo Z y que causó bastante revuelo entre los seguidores de este género que comenzaba a despuntar gracias a las novelas de Apocalipsis Z de Manel Loureiro y Los Caminantes de Carlos Sisí. Un servidor fue uno de los afortunados que, por azares del destino y que no vienen a cuento ahora mismo, se hizo con un ejemplar de la obra y, tras recibirla de manos de su autor firmada…

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Hace más de un año, allá por Marzo del 2012, un autor novel llamado Víctor Blázquez presentaba en sociedad su primera novela, El cuarto Jinete, una historia englobada en el mundo Z y que causó bastante revuelo entre los seguidores de este género que comenzaba a despuntar gracias a las novelas de Apocalipsis Z de Manel Loureiro y Los Caminantes de Carlos Sisí.

Un servidor fue uno de los afortunados que, por azares del destino y que no vienen a cuento ahora mismo, se hizo con un ejemplar de la obra y, tras recibirla de manos de su autor firmada y dedicada, se embarcó en su lectura y disfrutó como un enano con sus escasas (pero intensas) 336 páginas. Aquí os dejo una reseña de la misma para ir abriendo boca:
 
Imagínate caminando por un set de rodaje, plagado de escenarios, extras y elementos diversos de atrezzo. Los actores principales están ahí, frente a ti, interactuando entre ellos y tú te mueves por el set como si formaras parte de la filmación. Sigues caminando por entre los estudios, y te das cuenta de que se está rodando una película de terror, de zombies para ser más exactos. Sabes que se supone que todo lo que te rodea es Castle Hill, un pueblo
 
cualquiera de Estados Unidos. Y sabes que allí, no muy lejos del núcleo urbano hay un laboratorio en el que va a suceder algo muy gordo. Según el argumento de la película, un virus mortal llamado El cuarto jinete va a escapar de sus puertas, y va a sembrar el caos por todo el pueblo, infectando a propios y extraños, ancianos y niños y tú, tú serás un privilegiado, porque podrás verlo todo de primera mano. Tú, serás protagonista invisible de todo lo que acontecerá allí. Así que, siéntate, ponte cómodo y prepara unas palomitas porque la película está a punto de comenzar.

Sí, El cuarto jinete es una novela más de serie Z. Sí, no es muy original, al menos en principio. Virus se escapa de laboratorio ultra secreto, infecta al personal del mismo que, de una manera que no se explican, llega al pueblo y contagia a todos los habitantes, menos a un grupo reducido de personas que luchan por sobrevivir pasándolas canutas. Podríamos decir que esta es la premisa más o menos principal de todas las novelas de este género, pero no sólo las series Z suelen comenzar así. Nivel 5 de Preston y Child o En el blanco de Ken Follet tambien lo hacen, y no tiene mucho que ver con El Cuarto jinete, salvo su inicio. Es más, hasta el maestro Stephen King lo hace con su obra culmen para muchos, Apocalipsis, y poco puedo decir que no se haya dicho ya de esa novela. Por lo tanto, no porque no sea original su inicio, podría hacer que mi interés se viese espoleado. Ni mucho menos.

Lo que más me llamó la atención cuando me dispuse a leerlo, fue el papel del narrador. En vez de ser un observador neutro que se pasa toda la novela contándonos las correrías de los personajes, éste pasa a formar parte de la trama como si se tratase de un guía turístico invisible, que coge de la mano al lector y le va llevando por cada uno de los lugares de Castle Hill y mostrándole cómo se van produciendo los acontecimientos. Y la verdad, no hay nada mejor que una ruta guiada por el pueblo para poder empaparse de verdad de todo lo que sucede allí, porque Víctor, al igual que muchos de los escritores de estas nuevas hornadas, bebe de las fuentes de aguas más cristalinas literariamente hablando. Y su manantial más puro no es otro que el maestro Stephen King.

Hay muchísimos indicios de ello a lo largo de la obra, y se nota. A pesar de tener tan solo 333 páginas, a medida que vamos leyendo notamos que se trata de una obra coral en muchos aspectos. Y para ello echa mano de tan curioso narrador para llevarnos casa por casa, introduciéndonos en habitaciones, baños y cocinas, parando el tiempo, avanzándolo y rebobinándolo, para que podamos conocer a los que, en unos minutos, se convertirán en los protagonistas de los sucesos. Y lo hace muy bien, porque en vez de dedicar páginas y páginas a acontecimientos pasados que conectan las vidas de los personajes, lo que hace es tratarlos de pasada, dando los suficientes detalles para que entendamos las relaciones entre ellos, y así no sorprendernos con las decisiones que más adelante puedan tomar. Es como si estuviésemos sentados frente a un televisor, y éste nos mostrara cada plano, cada escena, y nosotros llevásemos la cámara a donde nos interesara.

Dejando de lado el narrador, hay que decir que la historia está plagadísima de referencias y homenajes a novelas y personajes del género de terror. Ya en el comienzo queda muy claro con los dos primeros protagonistas, con uno de ellos llamado Neville, en clara referencia al Robert Neville de Soy Leyenda de Richard Matheson. O una tal Carrie, que en una de las escenas echa una mirada de furia que parece que va a incendiar la habitación, como una famosa chiquilla que da nombre a la primera novela de Stephen King. Hay bastantes para acordarse de todos, pero el apellido Sloat (El Talisman), o ese narrador omnipotente y omnipresente de La casa negra, son los que ahora mismo más recuerdo.

Los personajes, que no son pocos, están tratados con mimo y son retratados de una manera muy real. Tienen sus debilidades, sus puntos fuertes y su personalidad está muy bien detallada. Sólo le veo una pega. Y es que al ser la novela tan corta, Víctor no puede explayarse a la hora de describirlos, por lo que a la larga, cuando volvemos a ellos, a veces nos liamos un poco con sus nombres ya que, pese a la poca extensión de la novela, la cantidad de personajes es bastante abultada. Aunque es una cosa que me ha pasado a mi, y no tiene por qué pasarle a los demás.

Siguiendo con los personajes, estos no evolucionan en exceso, pero sí se notan sutiles cambios en alguno de ellos, y, sobre todo, una vez terminada la novela, eres capaz de describir a cada protagonista con un adjetivo que los describe a la perfección, lo que denota el buen trabajo hecho en la esquematización y plasmado de los mismos.

Pasemos ahora a la ambientación. Hay momentos en los que de verdad parece que estamos sumergidos en una película, con sus giros de cámara, sus primeros planos y sus planos generales. Y todo porque la manera de narrar de Víctor es muy cinematográfica, supongo que gracias a su trabajo como segundo de dirección. Comentar ese condón seco en medio de un descampado, el llavero oxidado y perdido por alguien hace muchísimo tiempo… Esos detalles engrandecen la ambientación y ayudan a que el lector se implique más aun con la novela. Hay momentos en que parece que puedes sentir en la boca el terroso sabor del viento al correr por entre las calles desiertas. Por cierto, que los matorrales redondos que ruedan siempre en las películas del oeste, y que en la novela no aparece su nombre se llaman tumbleweed y por mi pueblo los llaman capitanas.

Y por último hablemos de los zombies. Sí, los mejores zombies que he leido en una novela de este género. ¿Y por qué? Porque estos zombies corren como verdaderos hijos de puta dispuestos a devorarte lo primero que pillen. No son esos bobos arrastrapies que poco a poco te van siguiendo pero realmente nunca te atrapan. No, estos son verdaderos animales salvajes. Siempre al acecho, escuchando, oliendo el aire. Éstos son los que si de verdad hubiese una plaga, acabarían con la humanidad en cuestión de meses. Por tanto, perfecta elección de enemigo, que amplía si cabe la tensión de los acontecimientos.

Y quiero hacer una mención para el mayor acierto de la novela. Si hay algo que a mi me seduce de una novela, es que el/los protagonista/tas sean niños, y Víctor acierta de pleno incluyendo a la angelical Paula. Sus ocurrencias, sinceridad y tesón a la hora de intentar hablar como los mayores me atrapó desde el principio, convirtiéndose así en mi personaje preferido de la historia.

En resumen, una de las mejores novelas de zombies que he leido, si no la mejor, junto a Apocalipsis Z, que merece la pena disfrutar no sólo por la frenética acción que contiene, sino por la perfecta factura de la misma, tanto en el comienzo de la novela, como en el desarrollo y, por su puesto en su final, que está a la altura de toda la calidad de la novela. Y quiero destacar de dicha conclusión, que se nota que está muy meditada. El autor sabía cómo quería dar fin a la historia, y lo plasma a la perfección en los últimos compases de la narración. Con un buen giro de los acontecimientos y, aunque en principio un poco cogido por los pelos, Víctor se asegura una explicación para que todo derive en los acontecimientos que acaba por narrar.
 
Como habéis podido apreciar, la novela de Víctor fue muy de mi agrado, a pesar de que el género zombie no es algo que me apasione. Sin ir más lejos la mas arriba comentada saga de Los Caminantes de Carlos Sisí, apreciada y exitosa a partes iguales, no ha caído aun en mis manos debido a mi pereza con dicho género. Pero no nos desviemos del tema. Debido al buen sabor de boca que dejó en mi paladar esta lectura, llegó a mis oídos que su segunda parte, El Cuarto Jinete: Armagedón estaría en las librerías este viernes 17 de Mayo, e intenté hacerme con su avance. Tras mover varios hilos y apartar alguna que otra cabeza zombificada, el propio Víctor Blázquez tuvo a bien la delicadeza de mandarnos un avance de varios capítulos de lo que será seguramente uno de los éxitos de la Editorial Dolmen este año.

Tras tener la suerte de leer dicho adelanto, estas son mis conclusiones que por cierto, están plagadas de Spoilers si no habéis leído la primera novela. Si lo habéis hecho, no desvelo absolutamente nada de la segunda:
 
El autor ha comenzado la novela en el mismo punto en el que acaba la primera. Mientras los supervivientes son enviados a un motel para que descansen y sean controlados de cerca por miembros del ejército, dentro de las habitaciones se cuece lentamente el virus. Algo ha fallado y El Cuarto Jinete está deseando salir a galopar por las calles de la ciudad en la que está situado el pequeño motel: Los Ángeles…

De nuevo el ritmo de la novela es frenético, desbocado, como un caballo sin brocado ni jinete que lleve sus riendas. Los personajes de la anterior entrega siguen su camino de supervivencia sin reparar en las heridas que aun no han sanado de su anterior aventura. Ahora el enemigo tiene una nueva jungla en la que cazar y no es otra que la gran ciudad. Miles, millones de personas están expuestas al contagio, y pondrán nuevamente en peligro a nuestros protagonistas.

Nuevos personajes, nuevas situaciones, nuevos escenarios… Y todo siguiendo la misma estela que le ha hecho estar entre los más grandes del género y sin perder ni un ápice de originalidad y frescura. Nunca los zombies se han visto tan voraces y peligrosos en una novela de este género, y a partir del Viernes 17 de Mayo estarán en todas las librerías ávidos de lectores incautos que se acerquen a saber cómo continúa esta genial saga.

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