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Crítica: “Avatar: La Leyenda de Aang”. En mi Olimpo particular de la fantasía épica

En menos de una semana he visto los 61 capítulos que conforman esta espléndida serie, y como ya se ve, no me ha podido dejar más satisfecho. Hay un puñado de historias con rasgos comunes que me han llegado de forma especial. Si menciono 'El Señor de los Anillos', la trilogía original de 'Star Wars' o 'Harry Potter', seguro que ya veis un patrón: El consabido "viaje del héroe", un variopinto grupo de personajes que responden a un arquetipo bien definido y que van evolucionando a lo largo de la aventura, acción, amor, comedia, drama, amistad, épica y, en esencia,…

Resumen de Reseña

Magistral

Valoraciónes : 4.31 ( 37 votos)

En menos de una semana he visto los 61 capítulos que conforman esta espléndida serie, y como ya se ve, no me ha podido dejar más satisfecho.

Hay un puñado de historias con rasgos comunes que me han llegado de forma especial. Si menciono ‘El Señor de los Anillos’, la trilogía original de ‘Star Wars’ o ‘Harry Potter’, seguro que ya veis un patrón: El consabido “viaje del héroe”, un variopinto grupo de personajes que responden a un arquetipo bien definido y que van evolucionando a lo largo de la aventura, acción, amor, comedia, drama, amistad, épica y, en esencia, la eterna lucha entre el Bien y el Mal. Todo enmarcado en un mundo con una mitología profunda y fascinante. ‘Avatar’ cumple a rajatabla el esquema y se cuela por méritos propios en esa selección de historias que tanto me han cautivado. Parece mentira que una serie de animación para todos los públicos haya logrado semejante hazaña.

Ya os advierto que me voy a explayar y voy a llenar esto de spoilers, así que solo animo a seguir adelante a aquellos que hayan disfrutado de la serie. A los que no, les pido que confíen en mí y, si no le hacen ascos a la animación, le den una oportunidad cuanto antes.

Resulta difícil hablar de una serie completa. Muchas historias y muchos momentos que señalar. Y a esto hay que añadir que sus tres temporadas no son como, por ejemplo, ‘Batman: La Serie Animada’. Estas están bien diferenciadas, como si la obra fuese, de hecho, una trilogía: Una primera entrega más liviana y alegre que el resto (y aun así con varios momentazos con una carga dramática ejemplar) dedicada a presentar de forma inmejorable los personajes y el entorno, una segunda mucho más filosófica, tensa y oscura en la que los protagonistas van madurando y las cosas acaban bastante mal (¿Alguien dijo ‘El Imperio Contraataca’?) y una tercera y última parte donde el viaje emocional de héroes y villanos llega a su fin, se profundiza en la Nación del Fuego, y la emoción y la épica campan a sus anchas.

Este esquema dice mucho del nivel de ambición de la obra. Podían haber hecho una serie con episodios clónicos, personajes planos que no avanzan, y tirar por lo fácil haciendo que todos los de la Nación del Fuego fuesen los típicos villanos caricaturescos y vacíos y la gente de las otras tres naciones fuesen buenos buenísimos. Pero no. Aunque sea una serie para todos los públicos, con la limitaciones que eso conlleva (que no son tantas, como demuestran esta y la mencionada sobre el Hombre Murciélago), los autores la han hecho con madurez e inteligencia en cuanto a personajes y narrativa, dotando de ambigüedad a ambos bandos, con héroes y villanos en cada lado.

La prueba más evidente es el príncipe Zuko, un personaje complejo con una evolución constante y soberbia. Al principio es el antagonista principal, un villano con unas motivaciones tan humanas y con un pasado tan trágico, que uno se sorprende de sí mismo al desear que gane. Sentimos que lo merece. Esto ya sería algo digno de mención y un motivo más que suficiente para alabar a la serie, pero la cosa no se queda ahí. Gracias a su divertido, entrañable y también honorable, poderoso y sabio tío Iroh (la relación entre ambos no puede ser más emotiva) se convierte, poco a poco, de forma fluida y natural, con dudas y sufrimiento de por medio, en algo totalmente opuesto a lo que era en un principio. Basta con decir que su final recuerda en no pocos aspectos al de Aragorn en la trilogía del Anillo.

Pero Zuko es solo el ejemplo más evidente. Ahí tenemos a Aang, nuestro héroe principal, tan humano y creíble a pesar de su situación, madurando de forma sutil pero constante, capítulo a capítulo, aceptando su gran responsabilidad, lidiando con la enorme presión sobre sus hombros, superando sus fracasos (¿Por que nos gusta tanto que el héroe solo triunfe después de haber fallado varias veces?) y permaneciendo fiel a sus principios y moralidad, cosa importantísima en los últimos capítulos.

Aang_and_Momo_at_Wulong_Forest

Katara y su hermano Sokka, ella cada vez más fuerte, inteligente, decidida y poderosa, un grandísimo personaje femenino, y él, el gracioso (pero de verdad) del grupo, aunque también, y esto me parece fabuloso y sorprendente, el líder y el estratega. Y es que la serie mezcla arquetipos y los lleva por terrenos diferentes a lo acostumbrado.

Mención especial para el romance entre Aang y Katara, un asunto con el que era muy fácil cagarla. Pero lo clavan. Nunca hacen demasiado hincapié en ello, no lo fuerzan ni hacen que ocurra demasiado pronto, dejan que avance de forma natural, siempre acorde con sus edades y madurez emocional (esto se nota especialmente si se compara con las historias de Sokka con la princesa Yue y Suki o de Zuko con Mai). Es decir, aunque se deja claro que rumbo va a seguir casi desde el principio, su relación cuando empieza la historia no es la misma que al final. Y cuando digo final digo FINAL, pues es con este asunto con el que se cierra la serie, con una escena (sí, me refiero a ese beso final) a la que le queda genial el “THE END”. Perdonad, se me ha metido algo en el ojo…

…Sniff!… Ya. He usado la palabra “emocional” más de una vez. Pero es que esa es la gran virtud de la serie. Las emociones de los personajes, así como los lazos entre ellos, desprenden autenticidad, se reflejan increíblemente bien, con mucha coherencia, y teniendo siempre en cuenta los hechos pasados para definirles en el futuro. En resumen, lo que les ocurra en el episodio 18 tendrá consecuencias en el 43, por poner un ejemplo aleatorio. Así, por muchos giros que tome la historia, se perciben siempre como algo natural. Ahí tenemos el instante en el que Mai y Ty Lee, las geniales secuaces de Azula, se vuelven contra ella. Sorprende, sí, pero cuadra a la perfección si atendemos a como se han construido los personajes.

Ay. Azula, la hermana de Zuko. Qué pedazo de villana, la más memorable sin duda (y es que el Señor del Fuego Ozai es básicamente el clásico Sauron). Tan sádica, letal e inteligente, pero al mismo tiempo con una mente tan frágil. La escena del penúltimo episodio en la que ve a su desaparecida madre en el espejo, lo que significa esa alucinación, es una delicatessen de las que solo he visto en la serie de Batman. Otro gran personaje femenino.

Azula

No puedo olvidarme de Toph (y otro), la BADASS por excelencia de la serie. Una niña ciega y bajita. Ole. Es verdaderamente magistral el equilibrio al manejar este personaje. Su ceguera y su control de la tierra se retroalimentan haciéndola muy poderosa, pero nunca es tan fuerte y autosuficiente como para que nos cueste creer que sea realmente ciega. Sí, lo es, y nos lo recuerdan con unos puntazos cómicos muy de agradecer, sin temor a lo políticamente incorrecto. Para quitarse el sombrero.

Ah, y la escena en la que aprende a controlar el metal es de las más épicas de la serie.

Y es que los creadores le han sacado el máximo partido a los poderes de los personajes y a lo que pueden hacer con ellos. Se nota que tienen muy claras las reglas de este universo, su trasfondo, creando una mitología rica y sólida de la que hasta se ha podido sacar un universo expandido. Eso dice mucho.

Ese aprovechamiento de los poderes también se nota en la acción y el espectáculo, absolutamente intachables. Pocos episodios no cuentan con una secuencia de acción que logre dejar en pañales a muchos blockbusters. Verdaderas lecciones de ritmo y planificación.

Sin duda, donde más se notan estas virtudes es en los apoteósicos dos últimos capítulos, un largo clímax a tres bandas que nos da lo que llevamos queriendo ver desde el inicio, ya sea a Sokka como un jodido héroe de guerra, un brutal y dramático duelo entre Zuko y Azula (quién, sin embargo, es derrotada por Katara, cosa que me encanta), o, por supuesto, la batalla decisiva entre Aang y Ozai. De esto hay que hablar a parte.

Para empezar, la preparación para la lucha pone los pelos de punta. Aang, solo, mirando al horizonte, esperando al Señor del Fuego (Rey Fénix en ese momento). Este llega, le mira a lo lejos durante un largo rato, se lanza a por él y BOOM. Rocas volando y rompiéndose, llamaradas, tornados, rayos, violencia y destrucción.

Además, este es el punto crucial para Aang, el momento en el que se pone a prueba su fuerza de voluntad y su moralidad. Desde un par de episodios atrás se nos deja claro que Aang, a pesar de la insistencia del resto del grupo, no quiere matar a Ozai y se esfuerza por buscar, en vano, una solución alternativa. Esta llegará con la aparición de una criatura ancestral que le da un conocimiento clave. Para algunos esto supone un Deus ex Machina, pero yo no estoy del todo de acuerdo. La serie ya ha establecido la conexión de Aang con espíritus y seres cuya intervención puede cambiarlo todo, y no es como si esta criatura le dijese paso a paso como puede derrotar a Ozai. No olvidemos que Aang entra en el estado Avatar y está a punto de matar a Ozai, pero su fuerza de voluntad y la firme decisión que tomó se lo impiden. La victoria la obtiene improvisando, usando un conocimiento recién adquirido que apenas comprende y que casi le consume, pero que se vuelve en su favor por, de nuevo, su fuerza de voluntad y sus ganas de hacer lo que según él es correcto. Eso es lo que lo ha definido desde el principio de la serie, y Deus ex Machina o no, no puede ser más épico y engrandecer más al personaje.

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Y… Creo que ya no tengo nada más que decir. Estamos ante una serie magnífica que merece el fandom a su alrededor. Espléndidos personajes que evolucionan de forma brillante, una planificación perfecta que hace que casi todos los elementos que aparecen en tal o cual episodio, por irrelevantes que parezcan, tengan sentido e importancia más adelante, momentos para reir y llorar, acción de la buena y un universo atrayente. Señores, no se le puede pedir más a esta trilogía convertida en serie.

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