Análisis de Hotel Infinity para PSVR2, dentro de un grabado de Escher

Gráficos
Sonido
Jugabilidad
Duración
Muy recomendable
Un roomscale para experimentar, sensacional. Algo corto, pero intenso.
Este curioso, psicodélico e ingenioso indie de Studio Chyr (los genios detrás de Manifold Garden) salió el 13 de noviembre de 2025 y ya es un referente en VR roomscale (esos juegos en los que puedes moverte libremente por un espacio determinado, normalmente de 2×2 metros). Es, literalmete, como si estuvieras atrapado en un hotel eterno, inspirado en la paradoja de Hilbert y en los grabados de Escher, donde caminas físicamente en tu salón de 2×2 metros… ¡pero exploras pasillos infinitos que desafían la física! Habrá quien se queje de que es algo corto (posiblemente te llevará menos de 3 horas, dependiendo de como se te den los puzles), pero menos mal, porque te deja la mente hecha papilla.
Además, su precio reducido le hace muy atractivo y te invita maliciosamente a vivir esta experiencia que, sinceramente, es brutal para tus sentidos y con algunos momentos impresionantes. Su llegada a la VR de PS5 lo acerca todavía más al público y nosotros os traemos nuestra experiencia como invitados a este onírico y surrealista Hotel Infinity.

La historia y el ambiente: un hotel que nunca duerme.
Te registras en recepción… ¡y nadie aparece! Firmas en un papel que se desvanece, y pum: estás atrapado en un laberinto de maderas nobles, salones de baile vacíos y habitaciones que se reinventan. No hay diálogos ni historia ni argumento, es pura atmósfera: maletas abandonadas, jazz de gramófono flotando en el aire y un cartel neón parpadeante que dice «Hotel Infinity».
Cada capítulo (hay 5) te lleva más profundo: del lobby al sótano, pasando por cocinas imposibles y laberintos de setos. Temas de soledad, eternidad y anomalías metafísicas que te calan sin explicártelas. Es terror sutil, con gotas rojas viscosas y vistas que te dan vértigo, literalmente. Sin spoilers, pero el final te deja pensando si estabas en un sueño o en alguna especie de Infierno mental.
La soledad se palpa. Desde el mismo inicio, en el que deambulas por pasillos eternos y esquinas engañosas, siguiendo el cartel que indica el número de habitación que te corresponde y a la que nunca llegas… hasta que llegas. Es un preambulo para todo lo que espera, donde todo puede ocurrir y que te dice a la cara «voy a jugar con tu mente».

Jugabilidad: roomscale en su máxima expresión
Es sin duda donde reside el alma y la esencia del juego. Olvídate de joysticks o teleports: caminas DE VERDAD en tu espacio real (2x2m mínimo, configurable en PSVR2, pero no necesitas más). El genio de Chyr mapea tu salón a un grid 3×3 invisible con portales y geometría no euclidiana: doblas una esquina y sales en el otro lado del lobby… bajas escaleras eternas que te devuelven al principio… abres un armario que se convierte en ascensor.
Interactúas con tus manos a escala 1:1: tira de palancas para mover paredes, mezcla cócteles en el bar, toca el piano para resolver (sencillas) ecuaciones matemáticas o usa una lupa invisible para encontrar pistas ocultas. Incluso puedes hacerte el desayuno en una de esas interacciones que rompen la solemnidad del juego y te hacen sonreir y aligerar un poco. Los puzles, por su parte, son accesibles (espaciales, lógicos, físicos), pero integrados al caos: un cajón dentro de otro revela una estantería gigante con la llave, unas figuras geométricas que debes reordenar, un reloj que debes manipular… No son ultra-difíciles, pero el «¡ah!» de comprensión es adictivo.
Existe un Modo estacionario, con el que no es necesario moverse… pero es menor todo lo que transmite la experiencia: pierde la inmersión física y el terror de «dar un paso hacia el abismo». En 5 capítulos cortos, exploras lobbies opulentos, habitaciones invertidas y zonas imposibles, en vertical incluso… y lo más sorprendente es que con tanto giro y tanto paso, se evitan enredos del cable.
La jugabilidad está muy pulida, sin lags en roomscale ni defectos apreciables. Los Sense Controllers se muestran precisos en las interacciones táctiles (agarras botellas, giras manivelas con feedback háptico sutil). Si tienes espacio, que solo hacen falta 2×2 m, es una experiencia mágica: sientes la escala inmensa en tu salón, como un haunted house casero. ¡Pero ojo al vértigo en las alturas!

Gráficos y sonido: minimalismo que hipnotiza.
El juego utiliza el tan apañado y manido estilo low-poly con bloques de color y texturas suaves: perfecto para este tipo de experiencia (entras por una puerta, sales a otra habitación), porque si utilizara gráficos realistas sería absolutamente insoportable. Los escenarios son majestuosos: atrios infinitos, pasillos que se curvan en sí mismos, laberintos aéreos.
En PSVR2 la resolución tira a 4K con HDR, pero al ser un port directo de Quest (donde no llega a 90Hz nativo siempre, llega algo lastrado)… y también es posible experimentar algunos glitches menores (texturas parpadeantes, items fantasma) que no entorpecen para nada la experiencia. Aun así, el blur onírico y luces neón crean algo maravilloso, potenciado con su sonido ambiental hábilmente integrado: ecos de pasos, jazz etéreo, sonidos sutiles en puzles y un zumbido ominoso que sube la tensión. La ausencia de OST eleva la soledad, pero se echa de menos.

Conclusiones
Sus pegas pueden ser muy concretas: que no dispongas de espacio físico suficiente (esos 2×2 metros), que seas jugador veterano y sus puzles te resulten facilones, o que te enganches a la experiencia y se te haga demasiado corto. Son las únicas contraindicaciones que le apreciamos a esta pequeña joya indie que te vuela la cabeza.
Es algo experimental, que nunca has sentido y que te hace asombrarte varias veces y enarcar las cejas debajo de tu casco de VR. Subir en un ascensor durante un buen rato mientras ves el suelo cada vez más lejos y el casco y los mandos vibran… mientras tu cuerpo físico no se mueve del sitio. Es una sensación extraña, única y que vale la pena sentir. Y es una de tantas que ofrece este Hotel Infinito en su genial recreación de los grabados de Escher, porque es como estar dentro de uno de esos dibujos.
Corto e intenso, pero la estancia en este hotel es algo que no se olvida.
