Análisis de Nioh 3, mundo abierto sembrado de yokais

Gráficos
Sonido
Duración
Jugabilidad
Muy recomendable
La evolución lógica de la saga que tampoco innova tanto pero le sobra para destacar
La saga Nioh siempre fue un soulslike japonés con su propia identidad y rasgos: combate brutal inspirado en Ninja Gaiden, sistema de búsqueda y recolección de objetos como Diablo y un buen muestrario de yokai sacados del folclore.
Nioh en 2017 mezcló con acierto el Dark Souls con el Onimusha y nos metió en la era Sengoku con William Adams, el samurái inglés. Nioh 2 lo refinó todo, combate y mecánicas, además de añadir creación de personaje y un multijugador algo caótico. Pero con Nioh 3 se produce el lógico salto marcado por los tiempos: abandona las misiones lineales por campos abiertos interconectados, como un Elden Ring oriental y sin ese mapa infinito que te puede acabar aburriendo o saturando.
Lanzado el pasado 6 de febrero para PC y PS5, es una de las apuestas más fuertes por parte de Koei Tecmo y Team Ninja para este año. Como seguidores de la saga hemos querido jugarlo y traerlo aquí, para descubriros si sigue teniendo su esencia y aprovecha la experiencia de los dos primeros para crear algo distinto, disfrutable y, por qué no, mejor.

Un Japón convertido en Infierno
Esta vez tomas el rol de Takechiyo en una trama de viaje temporal para detener el «Crucible», una calamidad yokai que corrompe Japón desde el Edo hasta la antigüedad. Como en los anteriores, cuenta con un marco histórico real mezclado con lo fantástico, pero que se vuelve un poco más sólido al incorporar figuras históricas reales como Takeda Shingen o Hattori Hanzo… eso sí, «yokaificados» y listos para reventarte.
La historia no es un alarde de ingenio, desde luego, incluso puede ser algo seca si no pillas el contexto japonés, pero cumple con su función de darle sentido a lo que está pasando y se aprovecha de unas cinemáticas cortas y potentes, con coreografías espectaculares. Más que nada sirve de excusa para saltar entre eras y presentar cada zona, compuestas por un gran campo, vasto pero lleno de atajos, cuevas y templos colgantes que te invitan a explorar.

Dos guerreros en uno
La incorporación más novedosa de este Nioh 3 reside en su combate dual: Samurai y Ninja, intercambiables con R2 en cualquier momento, incluso en pleno combo. El combate con el samurai es el clásico: tres posturas (alta para ser más agresivo, media para equilibrar y baja para golpes rápidos). Volvemos a tener el pulso Ki, que se recupera pulsando R1 tras un ataque y permite desviar golpes. Otra vez dos tipos de ataques y una magia que se libera tras cargarla y de la que se encargan los espíritus guardianes tan característicos de la saga. Tampoco falta el parry y el bloqueo/ataque cuando los enemigos se rodean de un aura roja antes de desencadenar un golpe mortal. Es táctico, rítmico y de aprendizaje progresivo. Comienzas titubeando en los combates y acabas dominando sus trucos, su técnica… Muy satisfactorio.
Con nuestra forma Ninja todo cambia: olvida las posturas, aquí nos concentramos en usar armas rápidas como kusarigama o tonfa, con ataques aéreos, daño extra si golpeamos por la espalda y bajo consumo de Ki. Incluye esta forma ninja un movimiento especial y muy útil (R1 tras ataque), que deja un clon que distrae a los enemigos y que no consume ki, ideal para flanquear y aprovechar tus ventajas de shinobi. El arte del ninjutsu se hace presente y efectivo al poder utilizar armas arrojadizas como shurikens o bombas que se recargan golpeando… incluso magias con las que podemos escupir fuego, envenenar, etc.
El cambio instantáneo entre los dos personajes y sus respectivos estilos de lucha hace que el componente táctico se multiplique y la acción/jugabilidad se enriquezca: usa al Ninja para presionar con golpes, cambia al Samurai para tankear y rematar. Y si quieres más componentes en el combate, acuérdate que cuentas con las invocaciones de yokais vencidos, de dos tipos (yin/yang) e incluso de la magia que te otorga el Espíritu Guardián con una transformación temporal con la que ganas poder e inmortalidad durante un breve momento… durante el que haces daño masivo.

Progresa y fortalecete, con paciencia
Como todo buen soulslike, el progreso de nuestro personaje (o personajes) se gana invirtiendo aquello que obtenemos en el juego, principalmente en el combate. Aquí es la Amrita que, como no, podemos perder la que llevamos encima si nos liquidan y no logramos regresar hasta el punto donde se ha quedado nuestro «cadaver». Con esa Amrita debemos rezar en los santuarios donde, entre otras cosas, podemos emplearla en subir nuestros parámetros (fuerza, destreza, intelecto, etc.)
El juego es benévolo y nos permite resetear los puntos todas las veces que queramos, por si nos equivocamos eligiendo o por si queremos probar nuevas combinaciones. Y ya puestos, en dichos santuarios, encontramos un buen puñado de opciones para mejorar y equipar magias, ataques, los kodamas encontrados (yokais buenos), gestionar invocaciones… además de incluir las opciones online, poder guardar la partida y varias más.
La progresión es sencilla e intuitiva, incluyendo la que tenemos que hacer fuera de esos santuarios. Porque en ocasiones ganaremos objetos que nos ayudarán a aumentar nuestras habilidades de samurai y de ninja, obteniendo nuevas magias, ataques, etc. Dichos potenciadores se obtienen de varias maneras, como con algunas de las novedades, que consisten en capturar bases enemigas, purgas zonas corrompidas y alguna otra que nos ahorramos contar.

Técnica que no defrauda
Los gráficos son impresionantes y otra vez Team Ninja no decepciona: vistas épicas de castillos en llamas, armaduras detalladas, sangre gore, monstruos imponentes que se observan allá a lo lejos y con los que temes cruzarte... El Arte japonés de época se respira en cada escenario, aunque es cierto que se aprecian texturas bajas en los fondos y se percibe como cierto reciclado de zonas o edificaciones, rescatadas de anteriores Nioh. En PS5 corre a 60fps sin muchos problemas y aprovecha algo el DualSense, que vibra de distintas maneras pero sin llegar a ser tan perfecto o inmersivo como, por ejemplo, el Assassin’s Creed Shadow.
En cuanto al sonido, encontramos un muy buen trabajo en la confección de efectos, tanto en combate como ambientales, recreando choques metálicos, espectaculares parries de sonidos crujientes, explosiones, etc… y con una BS muy tradicional y localizada, compuesta con shamisen y taiko que te suben la adrenalina. El doblaje está en japonesas/ingles, siendo el primero el recomendable pues además de habernos gustado más, ayuda a la inmersión completa. Por supuesto, no nos perderemos nada de la historia y los diálogos, ya que está perfectamente subtitulado.
Contiene un sólido co-op hasta 3 jugadores, para el que debemos dar permiso antes y te permite visitar mundos, participar en misiones conjuntas e incluso avanzar en la historia. También te da la opción de activar la ayuda de NPCs amistosos… u otros más belicosos que solo querrán matarte. La experiencia no se resiente y ayuda a que la dificultad de enfrentarse a ciertos rivales sea menos traumática.

Difícil, que no imposible
Porque esa es una de las señas del juego: su dificultad. No es insalvable, pero hace honor a su género y en ocasiones te pondrá al límite. Ayuda a que no te canses de intentarlo el genial diseño de personajes enemigos, sobre todo los jefes o los nuevos yokais que encontramos, con rutinas cambiantes y con poder temible que nos obligará a memorizar, repetir y sudar. Encontramos muchos enemigos reciclados de los anteriores, algo que tampoco molesta demasiado (incluso se agradece el deja vu que te deja) pero que cuando se repite mucho puede hacerte levantar una ceja.
Las diferencias con los anteriores Nioh son sustanciales y sobre todo se nota en este mundo abierto que fluye en zonas, como mapas temáticos conectados, haciéndolo más accesible. También encontramos zonas corrompidas que son un auténtico infierno, en las que los enemigos son más duros y si caemos nuestra barra de vida se reduce. Tendremos que purgar dichas zonas (con las recompensas correspondientes), pues forman parte de la historia y no se podrán evitar (al menos las mayores, ya que hay otras menores). Éstas supondrán un dolor de cabeza y nos obligarán a farmear para afrontarlas con garantías.

Conclusiones
Hasta aquí (casi) todo lo que se puede contar del regreso de Nioh. Es un título que permanece fiel a su esencia sin dejar de adaptarse a novedades que no empañan su legado ni traicionan lo que sus seguidores esperan. Quizá un poquito más de innovación le hubiera sentado mejor, como sorprendernos con enemigos más arriesgados o cambiar la forma de progresión. Repetir personajes, espíritus, mecánicas (vuelven los balnearios), enemigos o yokais «buenos» también puede molestar.
Y hasta ahí las pegas, que no parecen determinantes. Su profundidad en el combate y su dificultad, retadora pero alcanzable, lo convierte en un soulslike muy a tener en cuenta. Con un arte y una confección de escenarios mejorado con respecto a los anteriores se postula como el mejor Nioh. Además, no te obliga a conocer o haber jugado los anteriores y funciona como una historia cerrada.
Sus muchos (muchísimos) secretos y sus distintos finales te pueden incentivar a rejugarlo. Si te decides, tendrás Nioh para mucho tiempo.
