Críticas de videojuegos

Análisis de The Bearer & The Last Flame, un Soulslike in progress

Vamos a empezar con un ejercicio de sinceridad. Esta review tendría que haber salido hace ya unos días, pues gracias a Meridiem disponíamos del título antes de su lanzamiento. La decisión de posponerla ha sido que la versión pre-lanzamiento mostraba una serie de bugs y carencias que podrían desmerecer el título ya que, como es bien sabido, todos los juegos son publicados con un parche «día 1» que corrige este tipo de problemas. Por eso hemos preferido esperar y jugarlo tal y como Meridiem y Dark Reaper Studio lo lanzan al mundo.

Aquí va la review actualizada de The Bearer & The Last Flame, ahora que ha salido oficialmente el 6 de marzo de 2026 para PC (Steam) y PS5, y con el parche día uno (01.000.014) que ha corregido varios de esos bugs reportados, como problemas de cámara, rendimiento, físicas y sonido. He jugado unas 15 horas en PS5 (versión física de Meridiem Games), enfocándome en el estado post-parche. Esta es una reseña honesta, equilibrada y sin spoilers mayores. Vamos al grano.

Un Soulslike indie español con ambición desmedida

Desarrollado por el estudio español Dark Reaper Studio (liderado por Javier Castilla, un dev indie con pasión por los clásicos) y publicado por Meridiem Games, The Bearer & The Last Flame es una aventura de acción de fantasía oscura inspirado en los Soulslike. Tú eres el «Portador de la Última Llama», el último ser vivo en un mundo extinguido por la oscuridad. Criaturas nocturnas, demonios y muertos vivientes han arrasado las tierras de los hombres. Tu misión: llevar la llama a través de cinco reinos para restaurar la luz, derrotando bestias y explorando ruinas medievales.

En pre-lanzamiento, creó un hype moderado gracias a demos y vídeos que pudimos ver en Steam Next Fest, ahí se destacaba su atmósfera opresiva, su combate brutal y un lore con toques artúricos. Pero el juego salió con bugs, que el parche inicial ha aliviado notablemente.

¿Vale la pena ahora? Depende: si buscas un FromSoftware pulido, no. Si quieres apoyar el indie español y quieres afrontar un desafío crudo, sí… con reservas. El juego tiene una duración más que aceptable de unas 20 horas, con NG+ y misiones que la alargan considerablemente. Otro incentivo es su precio reducido, incluso la versión física lanzada por Meridiem, que incluye interesantes extras.

Jugabilidad: Exploración circular y combate frustrante, pero con destellos

The Bearer no esconde que es un Soulslike puro y duro: muerte = perder «almas» (aquí «esencias»), checkpoints tipo «hogueras» con respawn de los enemigos, progresión vía armas y upgrades. Cinco zonas únicas: montañas nevadas de Selender, castillos en ruinas de Inserland, cuevas demoníacas, etc. Cada una introduce enemigos temáticos (esqueletos arqueros, caballeros no-muertos, arañas gigantes) y armas (espadas pesadas, lanzas, arcos con flechas de llama). Como vemos, bebe a sorbos y sin cortarse de cualquier DarkSouls.

El lore se cuenta por diversas formas y maneras, los NPCs y sus quest, cinemáticas mudas y una voz en off narrativa. Todo en perfecto castellano doblado y escrito. Este extraño y oscuro mundo post-apocalíptico medieval está repleto de castillos derruidos, niebla eterna, demonios artúricos… rod bien diseñado para conformar una atmósfera opresiva y amenazadora. Inspirado en Dark Souls/Bloodborne, pero con cierto twist español (leyendas celtas/ibéricas).

La exploración nos ha encantado y el juego se beneficia de este aspecto. Sus niveles interconectados con atajos (palancas, ascensores colosales) recuerdan al buen hacer en el diseño de mapas que suelen tener este tipo de juegos. Podremos encontrar cofres (¡cuidado con las trampas!), y algunas quest de NPCs excéntricos (lo del elefante de guerra gigante es memorable). Pero a veces el diseño es confuso: pasillos que se repiten, escaleras en bucle y cofres traicioneros. Pre-parche, perdí mucho tiempo en la zona inicial dando vueltas… mientras que en post-parche, la cámara mejorada ayuda, pero sigue siendo un laberinto en el que cuesta no perderse. No hay mapa, lo que fomenta el descubrimiento… o la frustración.

La otra parte fundamental de la jugabilidad es el combate… y es, también, su talón de Aquiles. Que molesto es el movimiento flotante y resbaladizo de nuestro personaje, a lo que hay que sumar un sistema de impactos bastante inconsistente (ataques que fallan por pixels) y patrones enemigos impredecibles. Tampoco puede faltar el Parry, pero el timing es caprichoso y lograr hacerlo con éxito a veces es más cuestión de suerte que de pericia.

Se agradece el sistema que detecta el peso de las armas, que influye fuertemente en el combate. De hecho, podemos optar por empuñar el arma a dos manos para ganar potencia de impacto o para manejar las armas pesadas con más seguridad. Pero por desgracia los controles no responden de manera perfecta, sobre todo si llevamos una segunda arma (si pruebas a ponerte un escudo, pulsas el botón de protegerte y notas como hay un pequeño retardo en la respuesta).

Los enemigos son variados aunque de diseño discutible y, aunque la cámara mejorada y los impactos mejorados post-parche ayudan, aun le faltan cosas por pulir. Tenemos buena variedad de enemigos mayores, Bosses (5 principales + minis) que son realmente épicos visualmente, pero con más trucos que una caja de magos… y eso molesta. Uno con secuaces infinitos, otro con fases de oscuridad… y se nota que son añadidos impuestos para darle dificultad de manera «tramposa». Con el post-parche las físicas mejoran (menos clipping), pero siguen siendo combates crudos que se sienten injustos.

Lo que nos ha gustado sin pegas es el sistema de progresión: gastando esencias para aumentar nuestros parámetros, además de las armas escalables con «rúnicas de llama». Y algunas de las armas están integradas en el lore y en la historia, como el arco que quema almas. Además, el NG+ escala los enemigos, añadiendo replay y multiplicando el tiempo de vida del juego.

Gráficos, sonido y rendimiento

El omnipresente Unreal Engine 4 nunca defrauda aunque aquí presenta ciertas carencias, como unas pobres texturas en las zonas iniciales, una iluminación extraña (sombras planas)… que ganan en interiores, como esos castillos góticos de arquitectura inquietante o mazmorras/cuevas que dan auténtica claustrofobia. En PS5 corre a 30fps estables después del parche (antes era algo horrible)… mientras que en PC se disfrutan con unos 60fps fluidos en RTX 3060.

En el apartado del sonido se han trabajado una OST genérica orquestal, que eleva sinceramente el tono general del juego… y se complementa con unos efectos de sonido algo huecos (ataques, golpes y magias sin punch), pero que una vez más el parche día 1 mejora y añaden atmósfera.

Aun quedan buggs por corregir, pero nada excesivamente grave que rompa el juego, como pasaba antes de su salida.

Conclusión: Un diamante en bruto para fans del género

The Bearer & The Last Flame es un indie ambicioso: atmósfera opresiva, exploración laberíntica y desafío brutal. El parche día uno corrige lo peor, haciendo jugable lo injugable pre-lanzamiento. Pero el combate aun necesita pulido y algunos niveles confusos lo lastran en cierta manera. Ojo, no compite con Elden Ring, pero supera muchos indies soulslike.

Uno de sus mayores logros es haber creado esa atmósfera de dark fantasy, con reminiscencias europeas, repleta de quests variadas que evitarán que te aburras. También hay que elogiar el hecho de que se hayan puesto las pilas y hayan lanzado el parche tan rápido. Eso nos hace pensar que el juego aun mejorará más en breve. Por su precio y su origen español, tenemos que recomendarlo. A los fans de los Soulslike, sin duda. Esperemos nuevos parches futuros… porque puede ser un grande.

Aquí tenéis la excelente edición física que ha lanzado Meridiem

Giacco

Redactor jefe de las secciones de Cómics y Videojuegos, así como presentador de muchos de los programas de Hello Friki Podcast.

Un comentario

  1. Gran analisis y coincido contigo. Espero que reciba parche en un fituro, si llegara a tener un combate decente este juego seria muy disfrutable.

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