Análisis de Apartment Nº 129, basado en hechos reales

Gráficos
Sonido
Jugabilidad
Duración
Entretenida
Basado en una leyenda urbana popular en Turquía, este corto juego te pondrá los pelos de punta
A ver si te atreves a entrar en el Apartamento 129, el nuevo videojuego de terror indie que ofrece una particular versión de una leyenda moderna.
Es una noche tranquila en Antalya, Turquía, y corre el año 2009. Dos estudiantes universitarias, jóvenes y curiosas, deciden jugársela con lo prohibido. En el ático del edificio conocido como Apartamento 129, encienden velas a medianoche y murmuran invocaciones sacadas de quién sabe qué rincón oscuro de internet o libros ocultos. Lo que sigue es una pesadilla colectiva: gritos desgarradores resuenan por los pasillos, el suelo tiembla como si un terremoto devorara el mundo, las ventanas estallan en mil pedazos, los muebles se vuelcan solos…
Las chicas aparecen muertas al amanecer, sin una explicación racional. Los vecinos juran que olieron azufre, vieron sombras retorcidas y símbolos sangrientos garabateados en las paredes además de ese extraño y potente terremoto que todo lo sacudió. Pero los sismógrafos oficiales no registran nada. El pánico se extiende: el edificio se vacía poco a poco, el portero lo cierra con candados, y quien se atreve a entrar sale con la mirada perdida, balbuceando sobre entidades que susurran secretos inconfesables.
Esta no es una invención de Hollywood, sino una leyenda urbana que sacudió los titulares turcos y se convirtió en el núcleo de Apartment Nº 129, un título de terror psicológico en primera persona desarrollado por Dead Witness Studio. Lanzado primero en PC y que ahora llega fresco y mejorado en consolas como PS5 y Xbox SerieS/X (el 16 de enero), el juego nos mete de lleno en ese edificio maldito.
Como aficionado a este tipo de juegos… aunque cada vez me vuelva más miedoso, no pude resistirme. ¿El resultado? Una experiencia breve pero intensa, de unas cuatro horas, que mezcla exploración opresiva, combates desesperados y dilemas morales que te dejan pensando. Pero vayamos por partes…

Un aficionado investigador de lo oculto en problemas
Encarnas a Emir, un creador de contenidos obsesionado con lo paranormal, armado con una cámara y un teléfono para grabar su «vlog definitivo». El arranque es curioso y bastante inusual ya que se nos presenta la situación mediante una escena de video con actores reales, algo amateurs, pero con muchas ganas. Sus voces serán las que escuchemos después, ya inmersos en la aventura en sí. Esta se iniciará de verdad cuando lleguemos al edificio maldito y entremos en la vista en primera persona.
Aquí los desarrolladores vuelven a dar en el clavo: la pantalla parpadea con cintas VHS granuladas, recreando testimonios reales de vecinos (o al menos eso prometen los desarrolladores). Entras al edificio bajo una lluvia torrencial, el haz de tu linterna corta la oscuridad como un cuchillo y es lo único que te separa de la oscuridad total y agobiante. Los pasillos crujen, las puertas chirrían solas, y el aire huele a humedad y algo podrido.
La ambientación es turca hasta el tuétano: carteles en árabe, alfombras raídas, radios emitiendo letanías en turco que te ponen los nervios de punta… Los subtítulos en español fluyen bien, y los diálogos, aunque escasos, calan hondo gracias a actores reales en escenas cinemáticas. El problema es que para la localización se ha utilizado una IA realmente cutre y falla estrepitosamente en muchas ocasiones, inventando frases o palabras que te sacan de vez en cuando. Y eso en un juego de tensión y terror es fatal.

Jugabilidad y sustos
Menos mal que la jugabilidad, y por tanto la diversión, está basada en la exploración. Recoges notas amarillentas esparcidas por el suelo, diarios de los antiguos inquilinos que narran el horror paso a paso: «Las velas se encendieron solas», «Oí risas detrás de la pared». Estos documentos no son relleno, son pistas vitales para avanzar, resolver puzles simples como abrir cajones con llaves ocultas o activar interruptores malditos. Pero no esperes rompecabezas ingeniosos al estilo de los grandes: aquí priman la supervivencia y la fe. Sí, la fe.
El juego te obliga a cuestionarte: ¿confías en tu cordura o en lo sobrenatural? Encuentras cruces, rezos y amuletos que interactúan con el entorno, alterando realidades. Y entonces llegan ellas: las entidades. Criaturas deformes, mitad humano mitad sombra, con ojos que brillan como brasas. El sistema de combate es crudo, reminiscente de los survival horror clásicos: un inventario limitado al estilo de cajones desordenados donde guardas pistolas, balas escasas y objetos improvisados como tuberías oxidadas. Apuntas con el mando tembloroso (la vibración es brutal), disparas y recargas bajo presión.
Cuidado que los enemigos no son para nada tontos: te persiguen con inteligencia básica pero efectiva, forzándote a retroceder por laberintos de habitaciones idénticas. En mi partida, un «colgado» espectral me acorraló en un baño, su cuello torcido chasqueando mientras yo malgastaba balas. Tampoco faltan los sustos repentinos… y potentes: un rostro que emerge de la pared, un susurro que dice tu nombre real (o eso creí). Pero tampoco abusan y eso es una buena noticia, ya que el verdadero terror radica en la acumulación, en saber que cada puerta podría ser la última.

Técnicamente solvente
Gráficamente luce decente para un indie: texturas detalladas en la mugre y el óxido, iluminación dinámica con tu linterna como única salvación (el cono de luz es estrecho, amplificando la claustrofobia). Nosotros lo hemos probado en PS5 y en esta nueva versión para consolas corre fluido sin caídas notorias, aunque las pantallas de carga frecuentes rompen un poco el ritmo y tienes que reactivar la linterna cada vez, un detalle molesto pero inmersivo.
El sonido tampoco es malo y te va a inquietar ese eco de pasos huecos, goteras eternas, y una banda sonora minimalista que deja espacio al silencio opresivo. Cuando las criaturas rugen, sientes el subwoofer vibrar y consigue alterarte. Lo que también sorprende en Apartment Nº 129 son las elecciones. No es lineal: tus decisiones (perdonar a un fantasma arrepentido o ejecutarlo, ignorar un altar o purificarlo) ramifican en múltiples finales. En el mío, opté por la misericordia, desatando una revelación sobre Emir que me dejó realmente sorprendido.
El guion, escrito por Batuhan Gündüz (director de cine turco), filosofa sobre el bien y el mal, la culpa y la redención, sin caer en sermones.

Conclusión
¿Defectos? Pues claro que los tiene. El movimiento de Emir es lento y rígido, como si cargara cadenas invisibles, lo que frustra en las persecuciones. Incluso cuando pivotas con tu personaje lo notas pesado y leeento, llegando a desesperar un poco. El combate puede sentirse tosco (apuntar preciso con el mando requiere práctica), y la duración corta juega en su contra porque quedas con ganas de más. Parece que en su versión PC adolecía de algunos glitches y diseño de niveles repetitivo, pero en su versión consola han pulido todo esto, porque no hemos notado ningún problema serio.
El miedo aquí es psicológico, no solo visual. Apartment Nº 129 no reinventa el terror, pero lo revive con autenticidad cultural y una leyenda que podría ser verdad. Su precio reducido es también un aliciente para lanzarse a jugarlo y, aunque no ofrezca horas eternas, sí que ofrece un chute rápido de pavor existencial.
¿Entrarías tú? El Apartamento 129 te espera.
