Críticas de videojuegos

Análisis de Styx: Blades of Greed, buen regreso del goblin asesino

Gráficos
Sonido
Duración
Jugabilidad

Disfrutable

Genial continuación de la saga. Con algunos bugs que lastran pero no determinan

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Seguro que muchos recordaréis a ese goblin verde, cínico y adicto al cuarzo llamado Styx. Ha protagonizado ya dos títulos bastante divertidos y, como no hay dos sin tres, nos acaba de llegar este Styx: Blades of Greed, que continúa con sus aventuras allá donde quedaron en el título lanzado hace ya 10 años, Styx: Shards of Darkness.

Lanzado el 19 de febrero para PC, PS5 y Xbox SerieS/X, este juego de Cyanide Studio y Nacon nos mete de lleno en un mundo de fantasía oscura con toques steampunk, donde el sigilo es rey absoluto. En él encarnas al ácido e ingenioso Styx, experto en el arte del sigilo y el asesinato silenciosos (es la mejor manera de matar que tiene un goblin), y aunque no es perfecto, si te gustan los títulos estilo Dishonored o Thief, este seguro que te encaja.

Gracias a Nacon hemos podido pasar unas cuantas horas en la piel de Styx y hemos disfrutado de su regreso, experimentando de nuevo el arte del asesinato y la infiltración en las sombras con unas mecánicas renovadas realmente interesantes.

La historia continúa

La historia arranca justo después de Shards of Darkness, con Styx y su tripulación zarpando en un zepelín hacia tres zonas masivas en busca de fragmentos de Cuarzo, esa droga mágica que le da poderes al goblin. Es una excusa simple para iniciar el torrente de aventuras que componen esta entrega: evade inquisidores fanáticos, monstruos grotescos y guardias implacables mientras robas objetos y recolectas recursos.

No esperes una epopeya inolvidable, aquí la narrativa es superficial, con cinemáticas largas y prescindibles que estiran el tiempo innecesariamente… y diálogos que, aunque tienen cierta gracia, a veces caen en lo repetitivo. Pero oye, el humor negro de Styx lo compensa todo: sus pullas sarcásticas (en inglés con textos en español perfectos) te sacan varias carcajadas con alguna que otra salida ingeniosa. Además piensa en los fans de la saga, ya que hay referencias geniales al lore, pero al mismo tiempo es accesible para novatos.

La jugabilidad en la sombra

En este apartado destaca Styx, como siempre ha hecho, con su jugabilidad que se balancea entre lo poco original y lo genial. Blades of Greed es sigilo puro, hardcore… y vertical como pocos. Olvídate del combate porque nuestro prota es torpe, con animaciones flojas y capaz de morir en dos golpes si te pillan. Sí, se puede pelear, pero el juego no está pensado para que entres a saco en los sitios ni limpies las zonas a golpe de daga. El juego te empuja a exprimir el verdadero potencial del juego, el sigilo.

Y al principio es duro (a veces por tu inexperiencia y a veces por problemas técnicos que ahora comentamos), pero cuando comienzas a dominar los movimientos y poderes del verde protagonista… ahí es cuando disfrutas de lo lindo.

Aquí todo gira en torno a no ser visto: escabúllete por alcantarillas, tejados y sombras en tres mapas que son zonas semiabiertas: The Wall (un laberinto vertical brutal), Turquoise Dawn (una selva pantanosa con bichos) y Akenash Ruins (ruinas flotantes de diseño realmente loco). Estas tres zonas suman muchas horas de exploración.

Empiezas con movimientos básicos, recolectando Cuarzo para desbloquear nuevas habilidades: invisibilidad temporal, clones distractores (¡crea coreografías épicas!), control mental a distancia para que un guardia mate a otro, gancho para saltos imposibles, planeador para descensos suaves, garras para trepar y ralentización del tiempo. Como veis, todo un muestrario de habilidades que en la práctica y con la experiencia se traducen en una coreografía ninja a la que se le puede sacar un partido bestial. Cada poder abre rutas nuevas, incentivando un backtracking delicioso: lo que era un muro infranqueable se convierte en una autopista aérea.

Un ejemplo: estás en lo alto de una torre steampunk, guardias patrullando abajo con antorchas que te impiden pasar desapercibido a pie. Lanzas un clon a un barril explosivo creando una distracción. Mientras corren, controlas mentalmente a uno para que apuñale a su compañero. Planeas desde un saliente, aterrizas en silencio y… ¡cuchillo al cuello! Es adictivo, creativo y recompensa la paciencia. Porque, repito, el juego gana enteros cuando dominas los movimientos y poderes de Styx.

Hay un pequeño apartado de crafteo, tiene guardado manual rápido para probar tácticas y experimentar y una brújula que marca el Cuarzo lejano, para que no deambules a lo loco… pero sin un mapa detallado: puro instinto. La verticalidad es alucinante, al estilo Assassin’s Creed, con caídas letales que castigan los errores pero fomentan la experimentación y la exploración gracias al autoguardado frecuente.

Eso sí, no todo es bueno en este juego: el inicio frustra por la lentitud en desbloquear poderes, y la IA enemiga es un arma de doble filo. Por un lado predecible (se giran a mirar paredes, como si se quedaran «empanaos»), pero por otro lado es inconsistente: a veces se atascan, otras te ven en las sombras y te detectan de maneras imposibles. Tampoco me ha gustado el tema de las misiones secundarias, ya que son de esas que se repiten (roba esto, mata aquello), y el viaje entre objetivos en mapas enormes cansa con tanto backtracking. Además, el movimiento no está afinado del todo: saltos imprecisos, cámara traicionera… lo que se traduce en una muerte instantánea por caídas mal calculadas.

El Unreal nunca falla

Gráficamente, Unreal Engine 5 hace su trabajo: los desarrolladores han conseguido recrear escenarios detallados, oscuros y profundos, con niebla volumétrica, luces dinámicas y una dirección artística steampunk-fantástica que hipnotiza. Torres retorcidas, ruinas flotantes y junglas húmedas lucen espectaculares (lo hemos probado en PS5). Pero ay, los bugs técnicos también están presentes: texturas que cargan lento, cinemáticas rotas, caídas de frames en áreas pobladas…

El sonido cumple de sobra: tiene una banda sonora ambiental inmersiva, con momentos que enfatizan la épica pero con otros en los que sabe ausentarse (el sonido) para crear esa sensación de silencio absoluto para que la ocultación funcione bien en tu mente. Los efectos también están logrados y son especialmente inmersivos (pasos sigilosos, gargantas cortadas) además de poseer un doblaje sensacional, como la voz de Styx: sarcástico y políticamente incorrecto.

Si te preguntas por su duración, la campaña principal supera fácil las 25 horas, pero completa (el 100% del Cuarzo, misiones secundarias, exploración) llegas sin duda a 40-50.

Conclusiones

Al final, Styx: Blades of Greed es un placer culpable para infiltrados empedernidos. Sus mapas intrincados y poderes creativos generan momentos geniales, donde te sientes como un maestro ladrón goblin. Sí, hay bugs, repetición y una historia floja que duele tras 9 años de espera, pero cuando conectas (encuentras esa ruta perfecta, realizas asesinatos en cadena)… ahí el juego se vuelve una delicia.

Su apartado artístico es otro valor a tener en cuenta, formando un mundo coherente y sólido que flaquea por esa pobre historia y por no aprovechar más (a nivel narrativo y jugable) todo lo que podría ofrecer. Y aun así, lo disfrutas y es posible que te quedes con ganas de rejugar los anteriores o de descubrirlos si no los llegaste a catar.

Si eres seguidor de la saga, si amas el sigilo sin piedad, si te gusta eso de encarnar a un villano encantador… te va a gustar. Pero si piensas que esos bugs perdonables van a lastrar tu experiencia, mejor espera el parche que sin duda llegará.

Pocas veces se ofrece la ocasión de convertirse en un personaje con tan mala leche, tanto ingenio… y tantos recursos. Styx: Blades of Greed es el mejor de la saga… de momento.

Giacco

Redactor jefe de las secciones de Cómics y Videojuegos, así como presentador de muchos de los programas de Hello Friki Podcast.

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