Críticas de literatura

Crítica: «Ana la de Tejas Verdes», de L. M. Montgomery

Ana la de Tejas Verdes

Valoración

Imprescindible para los amantes de los clásicos

En este clásico de la literatura universal, la amistad y el camino hacia la madurez son los temas principales.

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“La gente se ríe de mí porque uso grandes palabras. Pero si tienes grandes ideas, necesitas palabras grandes para expresarlas, ¿no es así?”. Una imaginación desbordante y una verborrea incontrolable son las características más inconfundibles de la personalidad de Ana la de Tejas Verdes, la niña de largas trenzas pelirrojas que se ha convertido en un icono literario a nivel mundial. La novela, escrita por Lucy Maud Montgomery, se considera un clásico de la literatura infantil, a pesar de que fue concebida para cualquier tipo de público. Dado su éxito, se publicaron secuelas de la obra incluso tras el fallecimiento de la autora.

Ambientada a finales del siglo 19, la obra se centra en la vida de Ana Shirley en la granja Tejas Verdes, situada en Avonlea, un pueblo ficticio de la provincia canadiense Isla del Príncipe Eduardo. Tejas Verdes pertenece a Marilia y Mathew Cuthbert, dos hermanos que deciden adoptar a un chico para que les ayude con las tareas de la granja. A pesar de que desde el orfanato les envían a Ana por error, la peculiaridad y entusiasmo por la vida de la niña hace que decidan adoptarla. En Avonlea, Ana se enfrentará al puritanismo y a las anticuadas costumbres de vecinos como Mrs. Rachel Lynde, con quien tiene un encontronazo nada más comenzar la novela; al mismo tiempo que descubre por primera vez lo que es la verdadera amistad con Diana, su alma gemela. A través de las páginas, recorremos las aventuras y los embrollos en los que se meten las protagonistas y vamos viendo cómo evolucionan hacia la madurez, en la que Ana se convierte en una joven un poco más centrada y reservada.

Ana la de Tejas Verdes es otro ejemplo de que la literatura infantil o juvenil no es, ni mucho menos, un género menor y que tiene mucho que aportar. La obra te traslada a un mundo rural y en ocasiones idílico, donde la literatura y la naturaleza están muy presentes. Los personajes están muy bien construidos y es muy interesante observar cómo evolucionan las relaciones entre ellos, cómo Marilia va siendo cada vez menos rígida gracias a Ana, cómo Ana va creciendo y cambiando a partir de sus experiencias, y cómo el pueblo entero se transforma gracias a la protagonista. El único punto negativo que podría destacarse, es el final. La novela tiene importantes tintes feministas, con una protagonista fuerte y ambiciosa, que tiene claro que su objetivo en la vida es estudiar y trabajar para alcanzar sus sueños. Sin embargo, el final acaba siendo bastante convencional y dramático, lo que rompe un poco con las ideas y el tono presentados anteriormente.

Además de leer la novela, es muy interesante la revolución cultural que gira a su alrededor. Desde su publicación en 1908, ha vendido más de 50 millones de ejemplares y ha sido traducida a más de 30 idiomas. Muchas editoriales la están reeditando, con propuestas tan bonitas como la recientemente publicada por la editorial Edelvives, ilustrada por Antonio Lorente. La popularidad actual de la novela también se ha visto incrementada por la serie de Netflix Anne with an E que, a pesar de haber sido cancelada tras su tercera temporada, es entretenida, bastante fiel al libro e incluye personajes nuevos y propuestas muy interesantes sobre temas como el feminismo, el racismo y la historia de los nativos americanos. Además de esta última producción canadiense, existen numerosas adaptaciones anteriores para televisión, cine y teatro.

No se puede terminar esta crítica sin mencionar el curioso fenómeno fan que la novela despertó en Japón, especialmente a raíz de su adaptación al anime en 1979 y a la reciente serie de televisión Hanako to An, basada en la vida de Hanako Muraoka, la primera traductora de la novela al japonés. Además, en la ciudad de Ashibetsu, en Hokkaido, se puede visitar una réplica de la granja de los Cuthbert en el parque temático Canadian World Park, creada con el objetivo de acercar el mundo de Ana Shirley a los fans sin que tengan que viajar hasta la Isla del Príncipe Eduardo, donde también existen varias atracciones basadas en la novela, y cuya economía se ha visto considerablemente beneficiada gracias a Ana y las grandes palabras de su autora.

Marta Fernández Lara

Bióloga y Filóloga Inglesa en proceso. Aspirante a escritora. Me encanta la literatura, especialmente las historias ambientadas en otro tiempo y/o con brujas de por medio.

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