Crítica: «DC Black Label. Jenny Sparks», la #&#% ama ha vuelto

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Guión
Dibujo
Personajes
Historia
Edición
Recomendable
A veces pretenciosa, a veces confusa... y aun así se trata de un buen cómic.
Jenny Sparks es esa creación de Warren Ellis que lideraba The Authority es su triunfal época WildStorm. Un cómic que debería haber nacido en DC pero que la censura lo llevó a Image y el mercado lo rebotó (la vida es caprichosa) de nuevo a DC.
Pero en esta editorial poco o nada hemos podido ver a Jenny Sparks: El espíritu del Siglo XX nació en 1901 y murió en el 2000, así que su llegada no era posible… si no se le resucitaba. Es justo lo que han hecho ahora (bueno, el año pasado, cuando se publicó en USA esta miniserie de 7), la han traído de vuelta del más allá comiquero y los responsables han sido Tom King y Jeff Spokes. ¿El resultado? Pues sin ser malo os podemos adelantar que tiene demasiados claroscuros, demasiados contrastes para considerarla una obra redonda.
Panini Comics nos la trae recopilada en tomo de lujo, con portada en relieve y unas calidades interiores absolutamente impecables. Nuestra edición española es cara, si, pero es una maravilla editorial, las cosas como son.
Pero vamos poco a poco…

El 11-S ha sido un evento tan traumático que el Espíritu del Siglo XX ha despertado. Tras vivir dos guerras mundiales, cientos de crisis de todo tipo y mil aventuras más ahora le toca lidiar con este puñetero Siglo XXI y, a través de flashbacks insertados en la narración, nos encontramos con Jenny lidiando con momentazos de este siglo como, por ejemplo, La Pandemia de COVID.
Eso mola, comprobar como Jenny está hasta el mismísimo. Sale de un siglo convulso solo para despertar en uno que es todavía mucho peor y que tiene pinta de encaminarse a la mierda. Así que su característica personalidad cascarrabias y áspera se ha tornado aun más dura y cabrona. Lógico. Además le toca el papel de controlar a los héroes, una cosa así como The Boys: alguien debe vigilar a los superpoderosos por si se pasan de frenada.
Y ese momento llega. Capitán Atom, uno de los héroes más poderosos de DC, se ha vuelto majara. Se cree Dios y exige que le rindan culto, que le veneren y que lo adoren… aunque tenga que masacrar a quien sea para lograrlo (vamos, lo que hacen los dioses). Y ese es el tema central del cómic: Atom amenazando y matando y Jenny intentando lidiar con él, a veces a golpes y a veces con dialéctica.

Tom King adora meter a gente normal en medio del apocalipsis para que nos duela más cuando todo explota. Por eso la acción se centra en el interior de un bar, donde coinciden Jenny, Atom y un grupo de civiles normales que están allí por maldita casualidad. King aquí hace lo que mejor sabe: deconstruir. Deconstruye el superheroísmo post 11-S, el trauma del siglo XXI, la idea de que “ser mejor” es una utopía que se nos escapa entre los dedos. Jenny no es Wonder Woman, esa heroína inflada de optimismo, no, es una cínica de 125 años que ha visto demasiadas promesas rotas. Cada número salta entre el presente caótico y flashbacks del siglo XX (la Segunda Guerra, el LSD de los 60, el punk de los 80…), y King usa esos saltos para recordarnos que el “progreso” es una mentira bonita que nos contamos mientras nos matamos entre nosotros.
Su diálogo es puro King marca de la casa: frases cortas, repetitivas, con mucho “fuck” censurado, conversaciones que parecen ping-pong poético hasta que te das cuenta de que en realidad están hablando de lo jodidos que estamos todos. Por desgracia a veces se pasa de rosca con esa fórmula. Hay páginas enteras de gente diciendo “#$%&!”, constantemente y unas a otras, llegando a cansar un poco, como si King hubiera descubierto la tecla de símbolos y no pudiera parar.
Es horrible, primero porque entorpece la lectura y, segundo, porque es completamente absurdo. A ver, que se supone que es un cómic para adultos. El tema que trata, como lo trata… y el maldito y puñetero símbolo Black Label en la portada indican que es una lectura para adultos así que TRATADNOS COMO TAL. No censuréis palabras como joder, puto o mierda!

Por supuesto, el cómic tiene ese gran giro final que… bueno, digamos que es muy Tom King: existencial, melancólico, un poco pretencioso y con un cierre que te deja pensando “¿esto era necesario?”. No es Rorschach ni Mister Milagro, pero tampoco es un desastre como Héroes en Crisis. Es un cómic incómodo, irregular, con corazón negro… y eso ya lo hace interesante en un mercado lleno de refritos luminosos.
Ahora, el arte de Jeff Spokes. Las páginas de acción con electricidad chisporroteando por todas partes son una pasada: relámpagos que parecen venas vivas, caras rotas por el dolor, fondos que se deshacen como si el mundo se estuviera derritiendo. Cuando Jenny descarga todo su poder contra Captain Atom, las viñetas se vuelven casi abstractas ayudadas por una disposición de vértigo. Y los flashbacks tienen un toque retro genial, con colores más apagados y líneas más duras. Spokes se come el escenario y hace que Jenny parezca a la vez invencible y jodidamente cansada.
Es el compañero perfecto para el guion de King: uno pone las palabras filosas, el otro las convierte en puñetazos visuales… pero igual que pasa con el guión, tiene un defecto horrible: la repetición de viñetas. A ver, que como recurso narrativo a veces mola, pero cuando se abusa de él como si no hubiera un mañana dan ganas de cerrar el cómic. Reciclar dibujos es un atajo que ofrece el arte digital y que bien aprovechado es un recurso interesante, pero si se usa mal consigue el efecto contrario y desvirtúa una obra por muy bien hecha que esté.

En el fondo, esta miniserie es una carta de amor/odio al siglo XX y una patada en los huevos al XXI. Jenny no viene a salvarnos con discursos motivacionales: viene a decirnos “mirad lo que habéis hecho, panda de gilipollas, y ahora arregladlo antes de que yo os arregle a vosotros”. Hay una escena en un bar (sí, otra vez un bar, King no puede vivir sin bares) donde cuatro desconocidos hablan de sus vidas rotas mientras el fin del mundo llama a la puerta… y es una escena potente. Porque son tú, soy yo, es cualquiera que haya abierto Twitter en los últimos diez años y haya sentido que todo se va a la mierda.
¿Recomendable? Si te gusta Tom King cuando se pone oscuro y no le importa que le odien un poco, sí. Si buscas una historia lineal de héroes guays pegándose con villanos, quizás no. Si eres fan de The Authority original y quieres ver qué coño ha sido de Jenny después de que la mataran (y resucitaran, y volvieran a matar, ya sabéis cómo va esto), definitivamente sí. Es imperfecta, cabreada, pretenciosa a ratos, pero también honesta. Y en un mundo donde la mayoría de cómics te venden esperanza barata, Jenny Sparks te mira a los ojos, da una calada al cigarro y te dice: “La esperanza se acabó”.
- DC Black Label. Jenny Sparks. Panini Comics
- edición original. Jenny Sparks 1-7 USA. DC Comics
- cartoné. 224 pp. color. 27,50€

