Críticas de cómics

Crítica: «Lucifer: Muerte y Engaño», regreso a los Infiernos

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Un epílogo a la gran obra de Mike Carey que solo está a la altura en algunas ocasiones

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Durante siete años y 75 números, Mike Carey asumió el difícil y comprometido reto de continuar la historia de uno de los más impresionantes secundarios de la serie Sandman. Entre 1999 y 2006 desarrolló una compleja y poética serie que exploraba al personaje más allá de la colección del Señor del Sueño. Cansado de regentar el Infierno, Lucifer le entregaba a Sandman las llaves de su reino y se retiraba a la Tierra, de vacaciones. Abría un local de copas, el Ex Lux, y ahí comenzaba su nueva vida. Pero Neil Gaiman no contó más, para desesperación de muchos lectores que habíamos encontrado en esta encarnación del ángel caído a uno de los personajes secundarios con más carisma y magnetismo que se habían creado en mucho tiempo.

Por eso la tarea de Mike Carey era arriesgada, porque suponía intentar estar a la altura del personaje y de su creador… y desde luego que lo consiguió. Nosotros os comentamos cada uno de los tomos recopilatorios que ECC Ediciones publicó recuperando dicha serie. Podéis consultar nuestra opinión en Lucifer Integral 1, Lucifer Integral 2 y Lucifer Integral 3. A lo largo de esos 75 números arrastró al personaje y su peculiar y oscuro universo a una vorágine de aventuras y vivencias tan bien narradas como impresionantes. Con un final épico y un cierre perfecto. Pero claro, la serie gozó de gran éxito, incluso generó una versión televisiva (que no se parece en nada, por cierto). Y un personaje así no podía ser «desperdiciado» ni remitido al olvido. El sello Vértigo tenía en Lucifer uno de sus pilares y la editorial madre, DC, no iba a dejarlo escapar así como así.

Por eso, la llegada del segundo volumen fue más que predecible. Esta vez, Holly Black sería el encargado de sustituir al escritor y contaría con una ventaja: el dibujo de Lee Garbett. Mike Carey tuvo que conformarse con el habitual baile de dibujantes, aunque eso no mermó la calidad de la serie más que en momentos puntuales… mientras Holly Black iba a poder contar con un artista fijo, solvente, durante los 19 números que iban a componer este llamado volumen 2.

Los sucesos continúan exactamente después de lo que conocimos en el volumen 1, aunque un suceso lo ha cambiado todo: alguien ha asesinado a Dios. La búsqueda del culpable va a requerir el grueso del primer arco argumental, mientras que los siguientes tratarán de narrar sus consecuencias y afirmar la nueva jerarquía que se genera en el Cielo y en el Infierno.

Viejos conocidos vuelven a aparecer, nutriéndose Holly Black de gran parte de la mitología que ya creara Gaiman y perfeccionase Carey… o de la creada por el propio Carey. Los Basanos, Mazikeen, Takehiko, Izanami-No-Mikoto, Rafael, Belcebú… Prácticamente están todos aquí. Por desgracia, ni siquiera eso es garantía.

Si el relevo de Gaiman era difícil para Mike Carey, el de este por parte de Holly Black también era un «marrón». Pero esta vez no se ha conseguido mantener un nivel similar, por mucho que se intenta a lo largo de los 19 números y los tres arcos argumentales que funcionan como uno solo. La trascendencia en los diálogos, el gusto narrativo, la épica, esa mezcla de sombría elegancia y trascendente argumento aderezado con personajes imposibles, a veces encantadores y simpáticos y a veces horribles y tenebrosos… nada de eso se consigue. Y no hablamos de una obra mediocre, ni mucho menos. Su principal problema es tener que compararse con sus predecesores, y ese es un hándicap que se buscan los autores ellos solitos.

Porque en realidad no hace falta seguir tan al pie de la letra lo dictado por Mike Carey, al contrario. Hacerlo significa atarte a sus reglas y medirte con sus métodos… y eso es lo complejo. Si Holly Black hubiera optado por contar una historia propia, alejada de lo anterior, posiblemente y vista su habilidad literaria, el resultado hubiera sido mucho mejor. Insistimos en que la serie se lee del tirón y entretiene, pero no puede medirse con la anterior.

Donde sale ganando de calle es en el plano artístico. Lee Garbett se encarga de resucitar a todos estos personajes con su apabullante estilo barroco, trabado y preciso, donde no perdemos detalle de este universo tan oscuro y mágico. Hace suyos a los personajes y su mundo y dota a la obra de una coherencia (y contundencia) que realmente salta a la vista. Su estilo puede recordar a Chris Bachalo y otros ilustradores de trazo similar, por lo que os podéis hacer una idea de su eficacia a la hora de trasladar en imágenes elementos tan complejos como estos, sacados a medias de la mitología cristiana y de las páginas de los cómics Vértigo.

Es, en definitiva, una obra continuista que aporta elementos interesantes en el canon de la serie (y para los siguientes volúmenes) pero que rebaja un par de peldaños el nivel de intensidad que cargaba la obra. Mike Carey se lo tomó muy en serio e hizo algo grande. Holly Black se ha limitado a continuarlo, sin salirse de los márgenes (quizá por mandato editorial) y a narrar una pequeña saga llena de momentazos y giros, pero que en realidad no revoluciona ni arriesga como sí hicieron antes otros autores. Su punto fuerte, el visual, ayuda a elevar la nota de esta obra que, sin duda, mantiene vivo a este personaje. Ya casi un clásico dentro del Universo DC.

En cuanto a la edición integral que de este volumen ha publicado ECC Ediciones, se agradece que mantengan el tamaño, rotulación y edición de los tres tomos anteriores, del volumen 1. Más allá de su carácter estético para lucir en la estantería tenemos una obra redonda, publicada con criterio bajo el epígrafe DC Black Label. Una serie de auténtico lujo publicada en formato lujo. Una verdadera tentación.

Giacco

Redactor jefe de las secciones de Cómics y Videojuegos, así como presentador de muchos de los programas de Hello Friki Podcast.

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