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Crítica: «Usagi Yojimbo. Regreso al Hogar», la importancia de un símbolo

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Usagi regresa a su hogar, pero por el camino tendrá los habituales problemas... que no son nada comparado con lo que le espera en su aldea.

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Siempre es una alegría recibir una nueva entrega de Usagi Yojimbo. Desde que recabó en IDW cambió su característico blanco y negro por un más moderno y asequible color. Pero ahí acabaron las diferencias. Aunque se renumeró la serie, fue decisión e imperativo de Sakai el continuar la aventura donde quedó, pues al fin y al cabo se trata de una historia continua y continuada que nos narra la vida de este carismático ronin de aspecto animal antropomórfico. Así y todo, en el primer volumen de IDW, el previo a este, se incluyó la revisión actualizada de la primera aventura de Usagi. Ideal para captar a nuevos lectores.

Una vez establecidas esas bases, las aventuras del guerrero de largas orejas continúa de manera natural. Lleva unos cuantos números de peregrinaje en dirección a su aldea natal, por una morriña extraña que no termina de ser explicada. El final de ese camino se verá en la segunda parte de este volumen, poniendo punto y final a esta etapa de su vida. Pero antes, Usagi se verá en problemas por causa de temas pasados y heridas sin cerrar.

Como este segundo tomo publicado por Planeta Cómic reúne los números 8 a 14 de la etapa actual (IDW), da tiempo para contar eso y más. Por ejemplo, el tomo se inicia con una maravillosa historia en la que Usagi se involucra con un grupo de soldados que deben escoltar esta preciada carga: un tatami.

Resulta que la fabricación del tatami es un arte milenario y solo los maestros más hábiles consiguen componer aquellas piezas más perfectas y codiciadas. Estas, símbolo de poder y riqueza, son destinadas a las altas personalidades. Por ello, cuando un gran señor de la zona va a recibir al emisario del shogún, procura que su tatami sea el mejor y manda a sus soldados a por el que ha estado realizando uno de los maestros del lugar. Stan Sakai nos cuenta con detalle como se fabrica el tatami y lo que simboliza, haciéndonos conscientes de su valor y su importancia… algo vital para el desarrollo de esta aventura. Los enemigos del shogún atentarán contra la comitiva que porta los tatami con el fin de desprestigiar al poder local… y ahí entra Usagi, siempre dispuesto a batir sus espadas en favor de la justicia.

Usagi continúa su camino hacia su aldea, pero algo que no espera va a traerle problemas. Si os fijáis en los ropajes del protagonista, veréis que luce un emblema, el mon, que es símbolo de su antiguo señor. Esto le señala y pone una diana sobre él cuando entra en terrenos de un señor rival… y ahí comienzan de verdad sus problemas.

Problemas que se agravarán cuando llegue a su aldea natal y se encuentre con su pasado. Pero eso ya lo dejamos para que lo descubráis vosotros.

Este tomo contiene más aventura de lo habitual y menos introspección. Eso se echa de menos, así como la variante «fantástica» a la que Stan Sakai nos tiene acostumbrados, siempre en pequeñas dosis… pero, en esta ocasión, inexistente. El encuentro con sus seres queridos y su pasado queda demasiado cerca de ese arco argumental llamado Viajes con Jotaro, visto hace apenas un par de tomos y que nos puso la piel de gallina. Así que se trata más bien de unos números de paso, que se sitúan en un lugar medio en cuanto a calidad y peso en la larga y excepcional trayectoria de la serie.

Resumiendo, se puede decir de estos números que Sakai y Usagi, estando en un paréntesis de calidad, siguen estando muy por encima de la media. Y ese es el problema, que la serie nos ha dado tanto y tan buenos momentos que, cuando simplemente está «muy bien», ya notamos un bajón. Desde luego, el mensaje no es que el tomo sea malo, sino que esta colección es un imprescindible. Así y todo este tomo cierra algunas heridas y algunas cuentas pendientes en la vida de Usagi… cuentas pendientes que debían quedar totalmente finalizadas y olvidadas si se quería avanzar a nuevos territorios en los que Sakai seguro que quiere implicarse.

¿Qué decir de su apartado artístico y literario que no hayamos dicho ya? Stan Sakai es Usagi Yojimbo y viceversa, su dominio del mundo que narra es total y absoluto y el color, antes extraño a nuestros ojos acostumbrados a décadas de blanco y negro, el color, digo, ya se ha vuelto algo natural en la serie. En las maravillosas composiciones de página encontramos viñetas que hacen guiño a alguna película y rompen con la habitual pauta del autor. Guiños realmente simpáticos y sorprendentes.

Como siempre sucede en estos tomos recopilatorios, un compañero o personalidad se encarga de escribir el prólogo y algunas notas. En esta ocasión es la artista Peach Momoko que, además, se marca una ilustración-homenaje absolutamente impresionante. La nota de distinción se la lleva también la edición que Planeta Cómic está usando para esta nueva etapa. Tapa dura y papel satinado con un acabado perfecto para esta serie sin igual.

El futuro de Usagi se abre a nuevas rutas y nuevas aventuras, una vez dejados atrás nudos y piedras que lastraban su camino. Nosotros estamos deseando leerlas.

Giacco

Redactor jefe de las secciones de Cómics y Videojuegos, así como presentador de muchos de los programas de Hello Friki Podcast.

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