Análisis de The Last Train: Baquedano, un indie directo al entretenimiento

Graficos
Sonido
Duración
Jugabilidad
Entretenido
Indie de terror y humor, para partidas rápidas.
Es una noche cualquiera en Santiago, la capital de Chile. Como cualquier otro día te subes al metro agotado después del duro trabajo, te duermes con el traqueteo del vagón y… Despiertas en la estación Baquedano, pero no es la de siempre. Sus luces parpadeantes, ese silencio opresivo, pasillos infinitos por donde te pierdes y, lo que es peor, algo acechando en las sombras.
Esto es The Last Train: Baquedano, el juego de terror psicológico chileno que te va a dejar con más de un susto y con ganas de querer saber más. Está desarrollado por Matías Avilés (Plastic Frog Games) y publicado por Dojo System, y aunque este indie salió en Steam en mayo de 2025 aterriza ahora en consolas (Xbox, PS5, Switch) y Android, desde en enero de 2026.
Humor, ansiedad y terror psicológico nacidos de memes y leyendas urbanas. Vamos a ver que ofrece esta pequeña joya…

La premisa es tan sencilla como la explicada al inicio: quedas dormido en el metro y terminas en el «fin de la línea», una versión abandonada y retorcida de la estación real Baquedano. No hay tutoriales ni mano que te guíe, estás solo tú, una linterna improvisada y tu instinto de supervivencia. El verdadero terror viene de Tung Tung Sahur, ese meme viral de IA con cara de palo, ojos saltones y un bate en la mano que ahora es un monstruo implacable que te persigue sin piedad.
Escucharás ese «tun tun tun» que empieza lejano y se acerca como un latido acelerado… Es el sonido que te va a perseguir hasta en sueños. Si notas que algo cambia, girate y lo verás, se está acercando… y más te vale correr. La historia se cuenta a través del entorno: notas, objetos raros, pinturas interactivas y cameos de otros memes terroríficos (y ridículos) que dan un toque surreal y hasta cierto humor negro. Encontrarás cuatro finales diferentes dependiendo de tus elecciones y de la exploración, lo que invita a rejugarlo sin ningún problema.

Su jugabilidad es simple pero brutalmente efectiva: exploras un laberinto de pasillos, salas de control, túneles y rincones ocultos, resolviendo puzles más bien ligeros (observa bien, interactúa con todo). Aquí no hay nada de combate: solo corres, te escondes, escuchas cada eco… y rezas para no ser descubierto. Si te pilla Tung Tung, game over, sin contemplaciones. No hay checkpoints ni puntos de guardado y te toca empezar desde el principio.
Esto es frustrante hasta que entras en su juego (nunca mejor dicho), entonces se vuelve adictivo porque cada intento es rápido y te obliga a ser más listo, a aprender de tus errores y a memorizar los intrincados mapas. Encuentras coleccionables como velas o pinturas que desbloquean secretos y alteran el final. Incluye algunos objetos curiosos y cómicos que encontrar, como esa solicitud de empleo que debemos depositar en un buzón.
Su diseño minimalista pone el foco en la tensión psicológica: los ruidos indeterminados que nos despistan, la voz en off que apenas se entiende y que es inquietante, una sombra que se mueve, otros viajeros perdidos o dormidos… Es un juego ideal para una sesión corta, pero tiene suficiente profundidad para gustar a los cazadores de logros y/o trofeos (13 en total).

Desde luego, gráficamente no es un AAA, pero está bien optimizado. Eso lo demuestra su iluminación dinámica con sombras densas, luces fluorescentes titilantes y texturas realistas del metro chileno que te hacen sentir que estás ahí. El monstruo es todo un icono con esa sonrisa siniestra, esos ojos desorbitados y sus animaciones fluidas que de repente se vuelven eléctricas y que te erizan la piel.
Para los que queráis probarlo en PC, sabed que corre en hardware no muy top (mínimo i3 y 2GB RAM), además de estar verificado en Steam Deck y optimizado en consolas (nosotros lo jugamos en PS5 y cero problemas).
Llama la atención cómo mezcla lo cotidiano con lo absurdo: una cosa tan habitual como una estación de metro que conoces se vuelve liminal, como la frontera entre lo real y lo absurdo… sabiendo que ese absurdo te puede matar. Rompe en ocasiones la buscada cotidianidad y te mete en pasillos imposibles, jugando constantemente con la sorpresa. Y todo esto sin abandonar nunca ese humor sutil, como las interacciones raras con otros memes (¿una orca en una piscina? ¿Estatuas divinas?) que alivian la tensión sin romperla.
Tiene la duración perfecta, no se estira innecesariamente, impacta y te deja picado, queriendo intentarlo de nuevo o, con el tiempo, habiendo escapado de la pesadilla. Esta alta rejugabilidad y todos sus secretos son quizá sus puntos fuertes.
The Last Train: Baquedano es un viaje express al infierno subterráneo que quizá no redefina el terror indie, pero que te hará pasar buenos ratos. Si te gustan los gráficos top mejor que pases, o si buscas juegos largos y de trama compleja. Esta obra es todo lo contrario, quiere entretenerte el tiempo justo, asustarte y en no pocas ocasiones hacerte esbozar una sonrisa. ¿Te animas al último tren? Eso sí, no te duermas…
