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Crítica: “Batman, El Caballero Blanco. Redención Obsesiva.

Murphy recibe un cheque narrativo en blanco con este encargo. No lo expongo por el juego de palabras con su título, sino porque definitivamente le consagra como la novia deseada de la industria del cómic USA. La entrega a título completo del personaje más influyente del género es la prueba definitiva a este respecto ¿Black Label ahora es Vertigo más la versión Max de DC? Irrelevante, Murphy es un sello en sí mismo. Un acontecimiento editorial al que hay que atender como el último estreno de Tarantino, Nolan o Scorsese. El autor renuncia a la enésima reimaginación de los orígenes…

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“La ciudad se merece algo mejor que el Caballero Oscuro. Así que voy a ser su Caballero Blanco”

Resumen : Sólo por el arte narrativo de esta serie, su lectura merece la pena

Valoraciónes : 4.3 ( 1 votos)

Murphy recibe un cheque narrativo en blanco con este encargo. No lo expongo por el juego de palabras con su título, sino porque definitivamente le consagra como la novia deseada de la industria del cómic USA. La entrega a título completo del personaje más influyente del género es la prueba definitiva a este respecto ¿Black Label ahora es Vertigo más la versión Max de DC? Irrelevante, Murphy es un sello en sí mismo. Un acontecimiento editorial al que hay que atender como el último estreno de Tarantino, Nolan o Scorsese.

El autor renuncia a la enésima reimaginación de los orígenes del personaje a diferencia de su contrapartida editorial de sangre kryptoniana, trasladándose a los terrenos por explorar del what if deceita (y no me refiero a la línea Elseworld). Al contrario de focalizar la atención al propio Batman con experimentos tipo Thomas Wayne, Grayson o Alfred bajo la máscara del murciélago, Murphy dirige la atención a su némesis histórica. Y teniendo en cuenta las distintas versiones e intrahistorias ejecutadas a lo largo de la vida de su principal adversario, la fidelidad de los distintos enfoques del Joker se transmuta en la dualidad Jekyll y Hyde. Como si el meneo psicológico llevado a cabo sobre el personaje desde su rol de jefe criminal estrafalario hasta el más delirante de los psicokiller hubiera abierto la posibilidad de recrear la personalidad original, la que dio a luz mama Napier. Jack Napier reaparece con ínfulas filantrópicas para redimir su maldad y pasado criminal. Contiene al monstruo en una pirueta argumental desnudando sus obsesiones para con Gotham y Batman. Señala explícitamente las verdaderas motivaciones del villano desde siempre a través de su vínculo emocional entre ciudad y guardián. Necesita alimentarse de la satisfacción personal obtenida de cada combate con Batman como leit motiv vital para su supervivencia en el patio de recreo que es la ciudad. Y es la deshabituación de esa dependencia y obsesión la que da vida a un Nojoker comprometido y valiente. Pero con una nueva obsesión, salvar a Gotham de Batman. La verdadera derrota del vigilante. Es decir, llevar a cabo lo mismo (sin asesinatos en masa hiperviolentos) pero de forma definitiva y legal, no para detener la función destructiva en el último momento en un bucle infinito (que era lo que le daba vida al villano).

Utilizando al alter ego de Harley Queen como catalizador del cambio, más cogido con pinzas que el despertar del Joker puesto que su inversión tiene lugar casi con un chasquido (la de Harley me refiero), la misión obsesiva de Napier se convierte en el ensayo editorial sobre Batman por parte de Murphy. En efecto, decodifica la legislación no escrita de los vigilantes urbanos a un contexto de realidad dejando claro que sus status son tan perseguibles como el de los criminales que persigue y que los daños colaterales no difieren entre sí en absoluto.

La obsesión casi romántica del Joker con Batman se modifica con la obsesión por la salvación de Gotham de su pregunto protector. Eso conlleva combatir al vigilante con la ley, de ahí que la imagen pública de su misión sea pública y política. Al presentarse esa serie de contextos, es inevitable que las fuerzas locales de seguridad tengan su espacio al introducir en el debate a Jim Gordon. De forma indirecta, Murphy radiografía también al bueno del comisario en su rol eterno como eje moral de la obra a lo largo de toda su historia. Aquel que confiaba en el vigilante porque es necesario, a pesar de ser consciente que jurídicamente su misión es una aberración, poniendo su ética moral en juego si el del pijama se extralimitaba. Pues también se produce aquí una deconstrucción de Gordon sobre estos esquemas.

Respecto a Batman, es interesante el planteamiento del autor sobre el personaje porque más que su evolución a lo largo de la miniserie, lo que prevalece es la evolución del lector sobre él. Y es precisamente cuando por el debate moderado por el escritor acerca de la utilidad de su misión se nos introduce que realmente es el malo de la película. También es verdad que el interés de Murphy acerca de esto no es pleno ya que no se moja del todo por la actitud gris de Napier bajo el principio de moral dudosa del fin justifica los medios. Pero la equiparación de este modus operandi comparándolo con toda la trayectoria de Batman es interesante por la cantidad de daños económicos y personales que su sola presencia crea contra la ciudadanía cuando da caza a una serie de criminales que vienen y van como un yo-yo. Que por cierto, el plan oculto de Napier usando a la mayoría de villanos de Batman es su excusa para la interpretación gráfica de todos ellos, totalmente gratuita, pero espectacular para la vista.

No obstante, el análisis de Batman no se queda con la reflexión de su misión, también aporta texturas muy importantes en el binomio Wayne Family/Gotham, con su padre como eje. Fuerza un poco las cosas al introducir una novedosa reimaginación de Mr. Frío y su tragedia personal, pero es muy eficaz para presentar los fantasmas del armario de la ciudad y para escarbar en posibles soluciones argumentales de la ascendencia de Bruce, aportando más riqueza en el rincón de este microcosmos editorial particular.

La ejecución gráfica de este material es llevado a cabo de forma absolutamente espectacular. No vamos a descubrir a Sean Murphy a estas alturas pero desde luego se aprecia, tanto a nivel artístico en su valor intrínseco como en la extensa documentación urbana y militar estudiada, el nivel de responsabilidad adquirido con el encargo. Bajo ningún concepto estamos ante un trabajo alimenticio. Se toma en serio que le han arrendado con total independencia el principal juguete de la editorial y todo su universo. Y está a la altura. Puede que el guión y la historia tengan altibajos, pero nunca olvida que Batman es también una serie de acción y que hay que regar esa parcela cuidadosamente. Lo de las persecuciones automovilísticas es el alucine total, otra liga en en este apartado gráfico.

La dinámica de acción, con una calidad fuera de lo normal en el detalle sobre vehículos, arquitectura retro y futurista y armamento cienciaficcionero creíble es definitoria. La ambientación atemporal y anacrónica en el fondo urbano presenta una lucha salvaje entre pasado y futuro, prevaleciendo una sobre la otra y viceversa, como una especia de subtexto en segundo plano que es en sí mismo un recurso narrativo más. La atmósfera noir gracias a la iluminación y a la sucinta paleta de colores escogida de Hollingsworth le otorga un aspecto visual auténtico y único. El minimalismo en el uso del color es tan funcional como perfecto.

Y sí, mirad que no me suele gustar decir esto, pero sólo por el arte narrativo de esta serie, su lectura merece la pena.

Batman: White Knight 1-8, DC Comics. Batman, Caballero Blanco, ECC Ediciones. Cartoné. 232 págs. Color. Pvp: 25 €.

Sobre Álvaro Gekko

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