Críticas de cómics

Crítica: «Cold War», resucitar para morir

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Apuesta valiente

Extraña, cruel y visión del futuro narrada de manera brusca e incómoda.

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Curioso, valiente y poco convencional el cómic que os traemos. Cold War, una publicación de After Shock que lanza Planeta Cómic en un tomo, recopilando los cinco primeros números. Los responsables de esta nueva serie son Christopher Sebela en los guiones y Hayden Sherman al dibujo. El primero ha destacado más en el cómic independiente, llegando incluso a estar nominado a los Eisner en un par de ocasiones, pero también a trabajado prolíficamente para DC, donde se ha encargado de colecciones como Detective Comics o Injustice: Ground Zero. El dibujante, por su parte, se encargó de ilustrar la historia de Kingpin relacionada con Civil War II y ha trabajado, también, para editoriales independientes tan importantes como Dynamite o Image. Unas trayectorias interesantes para dos jóvenes creadores que se unieron para confeccionar este Cold War.

Se nota que es un trabajo muy personal, para lo bueno y para lo malo, quedando impregnado de un palpable estilo independiente. Una historia con crítica de fondo, cruda y directa, muy bien contada y que adolece de ciertos detalles clave para poder destacar. Pero empecemos contando de que va esto, y veréis que la cosa promete…

Nos encontramos en un momento indeterminado del futuro, junto a un grupo de gente que había sido inducida al sueño, a una criogenización… y que ahora son despertados y, sin tiempo para reaccionar, vestidos y armados. Alguien les dice que están en el futuro y que se encuentran en medio de una guerra total. Les han puesto un traje especial que regenera heridas leves y detiene proyectiles de baja potencia y llevan, además, un casco capaz de las más curiosas propiedades (por ejemplo, si detecta que el anfitrión va a entrar en shock, le regala imágenes y recuerdos agradables de su vida pasada). Sin tener tiempo de pararse a pensar qué demonios sucede, llega el primer ataque… y el segundo… y es todo un caos. Ahora es matar o morir.

Los protagonistas en los que el cómic se centra tendrán que echar mano de improvisación y de personalidad para tomar las riendas de la situación, para liderar al grupo y, si se puede, para descubrir que está pasando e intentar sobrevivir. Pero será mejor no encariñarse con nadie, porque en Cold War la muerte está al acecho y llegará cuando menos te lo esperes y a quien menos pensabas que le podía tocar.

Además de poder contarnos una sociedad futura perturbada, belicosa y macabra, el cómic utiliza la capacidad de los cascos para rememorar el pasado de los personajes y así acercarnos a cada uno de ellos. Cada cual tiene su historia y su motivo para haber elegido la criogenización y con algunos empatizaremos y con otros, simplemente, entenderemos por qué se comportan así.

El caos y lo atropellado de Cold War funciona… pero solo al principio. Está bien sentirse desorientado y descubrir los misterios al mismo ritmo que los personajes. El problema es que la historia avanza y las páginas pasan, mientras nosotros seguimos sin terminar de entender nada. Incluso en algunos momentos puntuales, cuando alguno de los protagonistas consigue averiguar algo… queda en nada, parece olvidarse ese «avance» argumental y nos volvemos a encontrar en un punto muerto, sin saber a donde se dirige la historia ni que pretende.

La crítica de la obra está clara: El delirante y suicida individualismo en el que estamos inmersos como sociedad indolente, a donde hemos llegado por mirar a otro lado y de donde no vamos a poder escapar, al menos no vamos a poder escapar fácilmente. Pero más allá de eso y del desarrollo de los personajes, el caos argumental es realmente molesto. No ayuda nada el dibujo de Hayden Sherman, porque hace difícil saber qué es lo que sucede en cada momento e incluso eclipsa picos argumentales, de acción y de emoción. Por ejemplo, la llegada de un monstruoso y gigantesco ser de metal, que pretende ser narrada visualmente para que apreciemos su mortal y paulatina proximidad… termina siendo muy confusa. Y cuidado, que el dibujo en sí no es malo, al contrario. Sherman desarrolla un estilo que recuerda a Bill Sienkiewicz mezclado con Klaus Janson, donde las formas y las manchas, las figuras y las exageraciones, componen un estallido artístico destacable e, incluso, hermoso dentro de su desconcierto. Pero a veces no es suficiente… no es raro, leyendo Cold War, alucinar con el arte de una página y desesperarte con la confusión mostrada en la siguiente. Cuando asistimos a las narraciones del pasado de los personajes, visiones que se producen dentro del casco de cada uno, el dibujo cambia y se torna más luminoso… y más etéreo… en contraposición con el oscuro, metálico y sangriento presente. Un acierto diferenciar ambos tiempos con estos estilos, cargados de mensaje.

Cold War es un cómic de acción y ciencia ficción oscura, repleto de buenas ideas y personajes poderosos y potentes… pero que su ejecución no termina de cuajar. Parece que se han pasado con la intención de incomodar, de exagerar y de sorprender. Porque sorprender al lector está bien, pero esa sorpresa no se puede mantener a lo largo de toda la obra, debe haber tiempo para explicaciones, para exposiciones, para mostrar un camino y prometer a futuro algo más que leves pinceladas. Porque el mundo que muestran los autores tiene potencial, se entrevé, se nota… pero da la impresión de que, también, se desaprovecha.

Aun así, puede ser una muy buena recomendación para aquellos que busquen una lectura diferente, experimental y poco convencional. Tiene calidad y tiene mensaje, veremos si tiene futuro.

Giacco

Redactor jefe de las secciones de Cómics y Videojuegos, así como presentador de muchos de los programas de Hello Friki Podcast.

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