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Crítica: «Do Not Feed the Monkeys». Voyeurismo como forma de vida

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Un juego necesario para los más "observadores"

Valoración de los Usuarios 4.08 ( 2 votos)

«Do Not Feed The Monkeys» es un juego de simulación y estrategia que el estudio español Fictiorama Studios (Dead Synchronicity TCT) lanzó para PC el pasado 2018. El mes de junio de este año Nintendo Switch se subió al carro, poniendo este Point and Click en su Nintendo eShop a 12,99 euros. Un precio nada desdeñable, si tenemos en cuenta todo lo que nos ofrece esta aventura cuyos gráficos de estilo clásico solo contribuyen a incrementar el tono irónico de la trama y también a suavizar un poco la dureza de lo que vamos a ver a continuación. 

Nos quedamos con la premisa de que «Do Not Feed The Monkeys» es un simulador de voyeur

Pero lo mejor para iniciarse en este juego es entrar virgen y no leer ninguna sinopsis o análisis previo. Sabes que has sido invitado, a través de un amigo, a un club de observación de la naturaleza en el que puedes mirar a monos en sus jaulas. Las reglas son claras. Es un club de élite y para continuar en él es obligatorio aumentar tu número semanal de jaulas (las cuales no son nada baratas).

Por si esto no pareciese ya suficientemente turbio, la sorpresa llega cuando compras tus primeras jaulas y te das cuenta de que no se trata de primates (o al menos, no en el sentido más estricto de la palabra), sino de personas a las que estás vigilando en su día a día a través de cámaras hackeadas.

EL ESCENARIO

Operamos desde nuestro apartamento, un escenario que componen dos salas: el despacho con el ordenador desde el que vigilamos las cámaras, abrimos el correo y chateamos con alguien de vez en cuando, y la cocina-dormitorio con acceso a la puerta de la calle. Un apartamento de lujo donde los haya. 

SIMULADOR

 Al contrario que la mayoría de simuladores, ese momento en que los recursos económicos se estabilizan y dejas de sufrir por ello para poder disfrutar del juego nunca llega. Se trata de vivir como vivimos habitualmente, presos por la necesidad de dinero, comida y techo, sumado a una adicción (en este caso, el pasar horas y horas queriendo ver a los demás a través de esas cámaras), que nos consume aún más recursos. 

En resumen, todo lo que hacemos consume tiempo y energía. El tiempo no se recupera, pero la energía puede ser sustituida por horas de sueño o por café. Tenemos demasiadas cámaras de gente haciendo cosas sospechosas que mirar, así que escogemos el café, que a su vez nos roba puntos de la barra de vida. Esta solo se llena con comida saludable, como fruta y yogures, pero la verdad es que son bastante caros (además de la gran cantidad de tiempo que nos lleva hacer la compra) y que la comida basura que nos trae un misterioso motorista con pinta de samurai, nos quita el hambre con mucha más facilidad. Y cuando a todo esto le añadimos las ofertas de trabajos basura en los que debemos invertir mucho tiempo para cobrar poco dinero con el que poder pagar a una casera que nos cobra la insultante cantidad de 90 dólares cada tres días (vivimos en un micro apartamento de dos habitaciones. Quiero decir, ¿qué es esto? ¿Madrid?), el juego pasa a convertirse en una macabra representación de la vida misma. Pero, ¿dónde están mis cámaras?

LAS CÁMARAS

Desde el primer momento del juego nos damos cuenta de que estamos espiando a personas en sus apartamentos. También se nos muestran algunos paisajes en los que parece no ocurrir nada, como campos situados junto a unas vías de tren, el interior de una fábrica o molinos de viento. En algún punto del juego podemos asomarnos incluso a una celda en la que parece haber un prisionero al que apalizan de vez en cuando o a un habitáculo en el que un muñeco poseído se acerca paulatinamente a nuestra cámara (¡para acabar en nuestro apartamento!). 

La visión nocturna o la ampliación de cámaras por apartamento también son una opción en un punto más avanzado del juego y siempre que aflojemos, como con todo, la cartera. 

A medida que vayamos observando las vidas de nuestros “monos”, iremos obteniendo datos que se anotan en un cuaderno y que pueden ser consultados en un buscador online tipo ‘Google’. Cuando reunimos unos cuantos datos sobre cada ‘mono’, como la dirección de su casa, su teléfono o a qué se dedica, podemos hacer conjeturas que nos ayudarán a avanzar en la historia, a chantajearlos o a vender su intimidad al mejor postor. 

Pero, ¿a qué se refiere el juego y una de las reglas principales del club con eso de “no alimentar a los monos”?

ALIMENTAR A LOS MONOS

Llegados a un punto intermedio de la partida se nos da acceso a una tienda virtual que nos permite comprar artículos bastante variados en categoría y precio que van desde cámaras de fotos o televisores, a medicamentos y bebidas alcohólicas o energéticas. La opción clave en este punto es la de poder enviar todos estos artículos que compremos a alguna dirección postal. ¿Algún habitante de nuestras jaulas tiene problemas con el alcohol? ¿Hemos estado vigilando a algún que otro mono con el ánimo bajo? 

Jugar a ser Dios empieza a estar a solo un click.

LLAMANDO A NUESTRA PUERTA

Como si no estuviésemos lo suficientemente ocupados vigilando a nuestros monos y evitando no morir de hambre o de cansancio, no son pocas las veces que viene alguien llamando a nuestra puerta. A veces es el repartidor a domicilio, otras es la casera que viene a cobrar (y a menospreciarnos), o incluso los miembros de una secta religiosa.

Sumándole un punto más de humor negro y aleatoriedad al juego, en ocasiones aparece la figura del cartero: un tipo desaliñado y con pocas luces que nos trae un paquete, que la mayoría de las veces es para otra puerta. Cuidado con aceptar un paquete que no es para nosotros. Meterse en líos en este juego está a la orden del día. 

JUGABILIDAD

Uno de los puntos fuertes de «Do Not Feed the Monkeys» es la posibilidad que ofrece de rejugabilidad. Acabamos la partida (a menudo prematuramente si tomamos determinadas decisiones) con la sensación de habernos dejado muchas cosas en el tintero. Cámaras y misterios por resolver o que no se han resuelto del modo que deseábamos. 

El inconveniente: cuando vuelves a jugar, la partida se inicia desde el principio y, aunque el juego no tiene un arranque especialmente lento, es un poco aburrido volver a descifrar jaulas que ya sabemos cómo resolver. 

Una ventaja, sin embargo, es la posibilidad que ofrece el juego al iniciar una partida de disminuir el modo de dificultad. Se trata del ‘modo mirón‘: una versión más fácil, que requiere y consume menos recursos, para que podamos pasar más tiempo observando a nuestros monos sin preocuparnos tanto por morir de hambre o sueño.

Por otro lado, las posibilidades que la pantalla táctil de Nintendo Switch nos ofrece convierten este point and click en una experiencia más dinámica.

Por lo demás, «Do Not Feed the Monkeys» es un juego en apariencia pequeño, pero que esconde un trasfondo lleno de complejidad, humor negro y crítica social, y que nos catapulta hacia una carrera a contrarreloj para sobrevivir a aquello a la que ya lo hacemos: a nuestro día a día y a nosotros mismos. 

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Marta C. Catalán

Foto, vídeo y gestión cultural. Aprendiendo a gestionar vías de escape al aburrimiento.

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