Goosebumps: Terror en Little Creek, risas y escalofríos familiares

Gráficos
Sonido
Jugabilidad
Duración
Entretenida
Rezuma la saga Pesadillas en cada pixel. Divertido y para toda la familia
Goosebumps: Terror en Little Creek es un subidón de nostalgia, que respira ese terror light que consumen jovenes y no tan jovenes en novelas (Pesadillas), series (Stranger Things), películas y videojuegos... como este. Lanzado el 29 de agosto de 2025 por PHL Collective y GameMill Entertainment en PS5, Xbox Series, Switch y PC, no pretende ser el próximo Resident Evil, sino un homenaje jugoso a las novelas de R.L. Stine que te metían bajo las sábanas de crío.
Entras en Little Creek, un pueblecito sureño envuelto en el misterio y bajo un toque de queda obligatorio, donde las sombras susurran secretos y los monstruos acechan en cada esquina. Tú eres Sloane Spencer, una adolescente lista y valiente que, junto a un puñado de colegas igual de flipados (del tímido al fanfarrón, cubriendo todos los estereotipos), se mete de cabeza en un misterio que huele a Goosebumps puro: libros malditos, conspiraciones adultas y criaturas que parecen sacadas de un cómic retorcido.
Desde el primer paseo por sus calles empedradas y agrietadas, con farolas parpadeando como ojos malvados, sientes esa vibra campy: no es terror para mearse encima, sino ese cosquilleo en la nuca que te tenía enganchado a los 12 años, mezclado con giros jugosos que te dejan queriendo saber más.
En las próximas líneas os contamos todos los detalles de este título apto para ser disfrutado por toda la famila.

Una historia digna de R.L. Stine
La historia te atrapa desde el segundo cero, metiéndote sin preambulos ni contemplaciones en todo el cogollo de lo que está pasando en este publo tan raruno, tejiendo una red de enigmas que se expande con cada descubrimiento.
Little Creek no es un mundo abierto infinito, sino secciones semiabiertas (barrios brumosos, teatros abandonados con telarañas danzantes, bibliotecas donde los libros flotan solos y cementerios que crujen bajo tus pies) que invitan a explorar, pero sin agobiar. Sloane y su pandilla charlan medio en serio medio en broma, puro espíritu Pesadillas: pullas rápidas, risas nerviosas y lealtad de película de verano.
Tus decisiones moldean el camino (salvar a un amigo, husmear en un sótano prohibido o plantar cara a un bicho) llevando a múltiples finales que premian la curiosidad. No hay relleno: cada pequeño detalle, desde diarios garabateados hasta grabaciones crepitantes, desentraña una conspiración que mezcla lo sobrenatural con lo humano, recordándote por qué Stine era un genio del «what if» terrorífico.
Es corta, sí (unas 10 horas para la campaña principal), pero extrañamente intensa: terminas con ganas de rejugarlo para cazar ese ending perfecto y encontrar los coleccionables ocultos que no sabes como se han podido quedar atrás.

Gameplay con encanto
Su jugabilidad brilla con encanto infantil haciéndote disfrutar de su cámara en tercera persona, pero con esa inmersión que te hace agacharte instintivamente. La exploración fluye como lo que intenta reflejar, paseo nocturno prohibido: corres (aunque… buff, Sloane camina como si llevara botas de plomo, y el «sprint» es un trote perezoso que frustra en distancias largas), trepas vallas oxidadas y activas runas y abres nuevos caminos para encontrar rutas alternativas, algo limitadas, que te obligan a memorizar atajos.
El sigilo es un añadido muy divertido con el que acechas desde sombras, te cuelas en armarios chirriantes o en contenedores putrefactos mientras stalkers invencibles (esos variados monstruos tan persistentes, con ojos glowing y pasos que retumban) patrullan con una IA que, aunque no es impecable, te pone el susto en el cuerpo cuando te pilla.
¡Escondete, respira hondo y reza! Si te ven, no hay piedad: corre o lucha, pero el combate es uno de los puntos flacos del juego. Tu tirachinas es el arma estrella (piedras infinitas para picotear o para activar puzles, fuegos artificiales para distraer y munición especial escasa para emergencias), pero los enemigos son tanques con cerebros de mosquito: los puedes vencer con el viejo truco de dispararles desde escondites, y eso le quita mucha tensión a los enfrentamientos.
Menos mal que el libro embrujado que encuentras lanza hechizos jugosos y efectivos para esos bosses que parecen salidos de las novelas Pesadilla (criaturas coloridas y grotescas, alienígenas babosos, monstruos torpones), convirtiendo las peleas en rompecabezas dinámicos donde nuestro posicionamiento y el timing mandan.
Los puzles están muy logrados y hacen subir la nota del juego: desde alinear runas flotantes bajo presión hasta manipular mecanismos victorianos en museos embrujados, pasando por observaciones ambientales que te hacen mirar dos o tres veces (ese cuadro torcido no me da buen pálpito, un libro fuera de sitio que me mosquea…). Varían de simples (para peques) a cabronadas que piden pistas del orbe mágico o rebuscar como loco.

Vayamos a lo técnico…
Visualmente, es un festín retro-moderno: Little Creek rezuma el encanto de «Pesadillas» usando una paleta otoñal (naranjas crepusculares, verdes musgosos, rojos sangre en charcos), con iluminación dinámica que estira sombras como garras y monstruos vibrantes que dan grimilla sin traumatizar (piensa en un Slappy puppet mutado o ventrículos con dientes).
En PS5 corre suave a 60fps, con partículas de niebla muy resultonas y texturas detalladas en madera podrida o telarañas pegajosas. Sus gráficos huyen del realismo o de la pulcritud para retratar personajes y entornos de carácter infantil/juvenil, muy redondeados y de colores simples. Sin llegar al cartoon ni exagerar en su simpleza, digamos que están justo en el punto para crear el ambiente necesario: da algo de mal rollo y puede ser inquietante, pero al mismo tiempo es desenfadado y su estética no te va a perturbar.
El audio clava las melodías, con pianos tintineantes y cuerdas que escalan en pánico. Tiene efectos sonoros perfectos como pasos lejanos, susurros en bibliotecas o aullidos que erizan la piel… y que se disfrutan más con cascos gracias al sonido 3D. Las voces (en inglés) de Sloane y compañía saben transmitir ese terror juguetón sin llegar a sonar falsas. Y para que nada nos perdamos, llega perfectamente localizado al español con subtítulos.

Conclusiones
No revoluciona nada, pero envuelve con esa acertada creación de atmósfera. Claro, tropieza en el combate pues se siente pesado y torpe y eso no anima a buscar los enfrentamientos. Otro problema es lo lento del caminar de la protagonista que hace el grindeo muy tedioso. También apuesta por los guardados manuales en máquinas de escribir a lo Resident Evil, pero están situadas en puntos algo rarunos y hacen que se arriesgue el progreso.
Y pese a todo, nos ha parecido una apuesta perfecta al horror AAA sobrecargado, una aventura sacada de Pesadillas que está viva y que que introduce a los peques al género… pero sin pesadillas reales. Eso, mientras fans adultos reviven la magia con sonrisas y acción.
Si buscas sustos familiares, puzzles adictivos y un pueblo que late maldad, lánzate ya. Little Creek te llama. ¡No mires atrás!
