Análisis de I Hate This Place, survival horror con sabor a cómic

Gráficos
Sonido
Jugabilidad
Duración
Recomendable
Crafteo, ciclos día/noche, supervivencia, sigilo... un gran indie que adapta el cómic de mismo nombre
Con I Hate This Place nos trasladamos a un bosque embrujado en los 80, lleno de cultistas tarados y con ansias de sacrificar a quien pase por allí, repleto de arañas mutantes gigantes y plagado de seres monstruosos que te acechan en las sombras. Se trata del debut de Rock Square Thunder, desarrolladora que promete y pide a gritos que le sigamos los pasos, pues este survival horror isométrico les ha quedado realmen bien… con sus peros.
Está basado en el cómic homónimo de Kyle Starks y Artyom Topilin, publicado por Image y nominado a los Eisner. Salió a la venta el 29 de enero de 2026 para PC (Steam/Epic), PS5, Xbox SerieS/X y Nintendo Switch, y tras jugarlo a fondo os traemos nuestras impresiones, por si queréis haceros con esta divertida propuesta indie.

Atrapada en una pesadilla ochentera
En esta adaptación, nuestra rockera protagonista, dura y aguerrida, con su camiseta de «HORNS», llega al Rancho Rutherford buscando a su colega Lou y, de paso, respuestas sobre el pasado oscuro de su madre. Pero lo que allí encuentra es un puñetero infierno sobrenatural: cultos satánicos, experimentos gubernamentales retorcidos, noches eternas donde la realidad se dobla y entidades que desafían la lógica.
La historia principal nos puede durar fácil unas 12 horas, aunque es posible que nos entretengamos con su divertido lore que descubrimos y ampliamos gracias a todo lo que encontramos: notas garabateadas, cintas de audio y diálogos con sectarios locos, pero que muy locos. No es una gran epopeya, pero cumple como una de esas películas ochenteras de slashers, incluyendo tramas familiares y un humor negro muy de campamento. Las misiones secundarias (investiga ruinas, habla con fantasmas) dan un jugo extra y desbloquean upgrades, y aunque no hayas leído el cómic, el juego te contextualiza de lujo sin necesidad de quebrarnos la cabeza.

Jugabilidad día/noche
Aunque la jugabilidad es algo exigente y está mal explicada, responde a una lógica que termina por convencerte, y eso es por su cambio de ritmo. Atentos. El ciclo día-noche es tan determinante como brutal: de día, exploras un mapa semi-abierto (bosques tupidos, pueblos fantasma, búnkeres laberínticos y una base personalizable) recogiendo chatarra, comida y esquemas para construir cosas. Toca craftear en tu campamento: mejoras herramientas (pico mejorado para minar), armas (bates con clavos, molotovs), trampas (pozos con púas) y granjas automáticas para generar comida infinita. Mola, aunque no es nada original.
Pero ¿qué pasa por la noche? Es cuando la cosa se pone pone heavy. Las hordas de bichos salen a cazar. Y aquí se desata la tensión, ya que la mayoría son ciegos y cazan por sonido… así que tendremos que ser muy pero que muy sigilosas. Cada acción genera distintos tipos de sonido que veremos en pantalla en forma de onomatopeyas tipo cómic y el color de esas letras/onomatopeyas nos indicará el nivel de ruido generado: verde (silencio total, camina relajada), amarillo (ruido leve, cuidado) o rojo (¡explosión de alerta, corre o distrae al enemigo!).
Para ayudarte en esos momentos puedes hacer varias cosas, como lanzar latas, pero no te confíes porque si en tu siguiente paso pisas hojas secas por error… volverás a ser la presa. Es sigilo puro: agáchate, usa arbustos o espera inmóvil. Por supuesto, podremos usar el combate cuerpo a cuerpo o a distancia, que es visceral (golpes con resultados gore), pero las armas a distancia no tienen mucho alcance y la mayoría de escenarios son cerrados, por lo que ese tipo de combate es complejo. Además contamos con escasa munición pero con una ventaja, ya que las armas son mejorables (y crafteables).
El juego te premia la paciencia y el tiempo que pases en tu base, que es tu santuario: allí construyes generadores para poder tener luz, torres de vigilancia e incluso cultivos hidropónicos. También deberás gestionar tus necesidades de hambre/sed/stamina, que al menos al principio es fácil… pero se complicará cuando lleguen las noches más duras. Menos mal que la dificultad es ajustable (el Modo Normal es ideal para novatos), y cuenta con New Game+ para desbloquear modos hardcore… para los más masocas o valientes.

Un cómic visto desde arriba
Gráficamente tiene personalidad propia. Eso es gracias a su estilo similar al cómic, con trazos gruesos, colores neón (rojos sangre, verdes tóxicos) y «¡POW! ¡CRASH!», es decir, las onomatopeyas, por todos lados. Cuenta con entornos dinámicos: árboles que se retuercen, sangre que salpica paredes y su vista isométrica permite que disfrutemos de una visión general muy completa. Los enemigos mutados (arañas con patas humanas, cultistas poseídos) son iconos slasher con diseños flipantes, inspirados en clásicos que te sonarán, lo que le da un puntito de nostalgia.
El sonido también está bien implementado, con crujidos lejanos, susurros demoníacos, rugidos que hacen vibran el mando… y una Banda Sonora electrónica con regusto a los ’80, incluyendo guitarrazos rockeros. Las voces en inglés son sensacionalers (Elena, la prota, es muy carismática), y por supuesto incluye subs en español en los que no hemos visto nada «raro». Como de costumbre, recomendamos jugarlo con auriculares, aquí la tensión en el sigilo llega a otro nivel.

Conclusiones
I Hate This Place es un indie fresco, con personalidad (algo desquiciada) que se aprovecha del cómic que adapta para crear una gran atmósfera y que consigue implementar mecánicas creativas, pero tropieza un poco con su ejecución final. Eso es porque no tiene un tutorial bien explicado y porque, cuando le coges el tranquillo, los recursos sobran y se encuentran por doquier.
El combate puede frustrar, por la imprecisión que otorga la cámara isométrica y por lo difícil que es el disparar… aunque sus mecánicas día/noche y el sigilo extremo compensan. No revoluciona, y bebe de otros géneros y títulos, pero entretiene, asusta y nos gana con su estilo cómic.
Su precio ajustado y reducido y todo lo que ofrece lo sitúa en una opción más que recomendable. Ya eliges tú si quieres sobrevivir en esta adaptación comiquera, pero cuidado con las noches.
