Reportajes de cine

El «slasher» como subgénero de terror.

¿Hasta qué punto lo audiovisual capta el morbo por lo violento? Esta pregunta, supongo, rondaría la mente del cineasta británico, Michael Powell antes de filmar en 1959 El Fotógrafo del pánico que, grosso modo, sería pionera en el subgénero de terror, slasher. Ese término anglosajón deriva de la palabra slash que traducida al castellano vendría a ser “corte” o “cuchillada”. Esa categoría cinematográfica se caracteriza por presentar a un antagonista (un psicópata), generalmente enmascarado, ghostface o Jason por citar algunos ejemplos, que decide masacrar a un grupo, en su mayoría, de jóvenes con un arma blanca movido por la ira, por traumas sufridos en la infancia o por un sentimiento de inferioridad. El asesino siempre se presenta como un hombre con mucha fuerza y perspicacia. En ese sentido, el criminal tiene un modus operandi bastante concreto: ataca a las víctimas que están alejadas de los adultos para consumir libremente drogas (como en el caso de Tuno Negro de 2001) o para practicar relaciones sexuales.

Tuno Negro': La 'Scream' cañí de Maribel Verdú y Silke - Sufridores en casa
Fotograma de Tuno Negro, película española dirigida por Pedro L. Barbero.

Orígenes.

Su génesis en la gran pantalla se encuentra en Estados Unidos en 1959, pero el género se desarrolló en el teatro a partir de 1897 cuando el dramaturgo alternativo francés, Oscar Méténier fundó Le Théâtre du Grand-Guignol donde se recreaban historietas que relataban crímenes cruentos acaecidos en la capital francesa. El éxito de estas actuaciones comenzó a decaer a partir de la década de los cuarenta cuando la violencia se incorporó de forma más constante en las cintas y, finalmente, la instalación se clausuró en 1962 porque, unos años antes, el cineasta francés Georges Franju dirigió Les yeux sans visage en la que un cirujano, obsesionado por fabricar una cara para su hija adolescente, mutilaba a jóvenes. Su  hija portaba una máscara blanca que inspiró a John Carpenter para personalizar a Michael Myers[1].

Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage, 1960), de Georges Franju. – Esculpiendo el tiempo 2.0
Fotograma de Les yeux sans visage.

Características principales.

The final girl.

Carol J. Clover acuñó en 1993 la expresión the final girl en referencia a la supervivientes de las masacres perpetradas por los asesinos en las cintas slasher. Generalmente, es una mujer guapa, con virtudes ético-morales que le caracterizan por encima de sus compañeros y con los que derrotará al villano. Es mi obligación reflejar la evolución que sufre este arquetipo femenino con el personaje que, a mi parecer, mejor lo representa: Emma Duval de la serie Scream de 2015. Al inicio de la primera temporada se presenta como una joven bonachona e inocente que busca encajar con sus nuevos amigos: los populares. Estos, en un inicio, materialistas, desagradables y arrogantes cambian paulatinamente con la protagonista, pero esta, pasada la primera temporada, se convierte en un personaje con una mentalidad dura y fuerte.

El asesino, alias el hombre del saco, el coco o, más popularmente conocido como boogeyman.

¿Por qué se esconde detrás de la máscara? Porque es su rasgo identitario. No quiere reflejar ni empatía ni sentimientos. Hay versiones que señalan que taparse el rostro podría indicar cobardía, yo creo que tiene más que ver con un juego psicológico en el que el asesino da a entender que tiene el poder y que actúa como el verdugo. Así, en la primera temporada de la serie Slasher de 2016, el boogeyman adopta un rol de Juez, Jurado y Brazo ejecutor[2]

Primera temporada de Slasher - serie creada por Aaron Martin - Crítica
Fotograma de Slasher: El Verdugo.

Personajes secundarios.

Siempre se presentan los mismos patrones con escasa variación; la tonta (generalmente es rubia), el deportista sin carisma, pero totalmente sexualizado, la líder del grupo que siempre es tóxica y también está sexualizada. El bromista que suele ser el geek virgen y adorable. Algún miembro del grupo que pertenece a una minoría étnica y, finalmente, el sheriff que no aporta nada y que casi siempre, salvo en las películas de Scream y alguna excepción más, acaba muerto. 

Para concluir, tal y como ha afirmado Víctor González en Cinemagavia:

Más allá de las  final girls, los papeles femeninos son de vital importancia en los slashersA las actrices asociadas a las películas de terror se les califica como Scream Queens. Aunque se utiliza de forma cariñosa, esconde una controversia ya que estas intérpretes sufren una fuerte sexualización y cosificación y sus personajes prácticamente se limitan a gritar y huir. Esto unido a que es muy común que las muertes más violentas las padezcan este tipo de personajes, ha provocado que el slasher haya sido acusado de machista y de fomentar el feminicidio[3].

Víctor González (2019)

Este subgénero se ha visto envuelto en diversas polémicas por eso. Sin embargo, considero que este formato es una vindicación de las mujeres en el siglo XX y XXI por lo que hay que tener en cuenta varias variables. La primara, aunque en los años sesenta surgiera el germen de estas películas, El fotógrafo del pánico y Psicosis, la década anterior reflejaba el empoderamiento femenino con la aparición de la femme fatale, curiosamente, como demonización de las mujeres ante la fragilidad de los hombres en un contexto socio-político que era susceptible de ello. La segunda, a finales de los años sesenta e inicios de los setenta hubo varios hitos que supusieron numerosas conquistas sociales de las mujeres y otros colectivos que habían sido condenados a la marginación; la ola del feminismo radical que entroncaba con la liberalización sexual, el prototipo de mujeres a las que, por fin, se las presentaban con dos atributos que pueden ser indisolubles; belleza e inteligencia y, finalmente, el movimiento por los derechos civiles. La tercera, y última variable, representa la supervivencia, pero, ¿de qué? de una sociedad patriarcal opresora que simboliza ese boogeyman.

¿Qué lectura podemos realizar sobre “el terror urbano” que tanto caracteriza a estas cintas?

Que no es novedoso porque se instrumentalizó el terror urbano unos años antes cuando Tobee Hopper rodó La Matanza de Texas. De hecho, Wes Craven dio uso al terror rural con Las colinas tienen ojos de 1977 cuando demonizó a los sureños pobres, etiquetados como hillbillies, antes de filmar el terror urbano de Scream en 1996. En ese sentido, los antagonistas de las cintas slasher provienen, en su mayoría, de entornos desestructurados y forman parte de lo que se conoce despectivamente como white trash o “basura blanca”. La desafección por la clase baja se remonta al siglo XVIII cuando, con los ecos de los procesos industriales, los estratos más desfavorecidos rechazaban la modernización. En Estados Unidos esa tendencia se agudizó en los años sesenta e inicios de los ochenta con la crisis político-económica que afrontaba el país.

Indudablemente, los años dorados del slasher comprenden desde 1978 hasta 1984 y, aunque las más reconocidas son Halloween y Pesadilla en Elm Street, hubo muchas otras cintas que, hasta la eclosión de Scream, pasaron desapercibidas, pero que son dignas de mención; La lámpara de 1987 que, al igual que Chucky, presenta una premisa de contenido sobrenatural o Night Of The Scarecrow de 1995. Este subgénero está más que consolidado y, afortunadamente para los fanáticos del mismo, en 2022 se llevará al cine la quinta entrega de Scream que, desgraciadamente, no contará con la dirección de Wes Craven quien falleció en 2015 a causa de un tumor cerebral.

El accidentado rodaje de 'Las colinas tienen ojos': curiosidades del clásico de Wes Craven - eCartelera
Fotograma de Las colinas tienen ojos.

Conclusiones.

El subgénero cinematográfico conocido como slasher surgió en Estados Unidos con la confluencia del teatro de guiñol francés, así como también de la corriente American Gothic que explotó el terror rural durante varias décadas. Es, a su vez, un recurso que, pese a la simpleza de su temática, presenta una narrativa interesante y bien estructurada que contiene nudo, desenlace y conclusión. Puede que ello sea lo que ha garantizado su éxito durante tantas décadas.


[1] Eslava Garrués, Saioa. El cine de terror: las sagas slasher. Universidad Politécnica de Valencia [Trabajo Fin de Grado], 2015, p.6.

[2] Especialmente de interés la reflexión que hace Valeria Arévalos en torno a la religión y a lo que simboliza la muerte en esa entrega de Aaron Martin. Arévalos, Valeria. “Cut by cut. Tras los rastros del género en Slasher de Aaron Martin”. Imagofabia. Revista de la Asociación Argentina de Estudios de Cine y Audiovisual, Nº18, 2018, pp.657-662.

[3] González,  Víctor. “Cine slasher: historia, características, evolución y futuro”. Cinemagavia. 15 de mayo de 2019. https://cinemagavia.es/cine-slasher-monografico/ [Fecha de consulta: 17/07/2021]

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