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Crítica: Sin Rastro – A veces es mejor olvidar

Jill recuerda diariamente el día en el que la raptaron y la llevaron a un lugar desconocido del que escapó de forma milagrosa. Ahora trabaja en el turno de noche de una cafetería y vive tranquilamente con su hermana, que prepara sus exámenes finales. Un día, al volver de trabajar, se da cuenta de que su hermana no está en casa e inmediatamente relaciona su ausencia con la vuelta de su secuestrador. Por falta de pruebas, la policía se niega a colaborar, por lo que Jill se ve obligada a buscarla por su cuenta. El guionista de ‘Sin rastro’ es…

Resumen de Reseña

Valoración

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20

Jill recuerda diariamente el día en el que la raptaron y la llevaron a un lugar desconocido del que escapó de forma milagrosa. Ahora trabaja en el turno de noche de una cafetería y vive tranquilamente con su hermana, que prepara sus exámenes finales.
Un día, al volver de trabajar, se da cuenta de que su hermana no está en casa e inmediatamente relaciona su ausencia con la vuelta de su secuestrador. Por falta de pruebas, la policía se niega a colaborar, por lo que Jill se ve obligada a buscarla por su cuenta.

El guionista de ‘Sin rastro’ es Allison Burnett (que co-escribió ‘Rastro oculto’ y ‘El último asalto’), uno de los principales culpables de que nos encontremos ante un pésimo largometraje. Más de la mitad de lo que sucede en la película es lo expuesto arriba, obviando un pequeño detalle para no arruinar lo único que puede ser interesante. Aquellos que piensen que habrá alguna subtrama, historia paralela, giro argumental, profundidad o evolución en los personajes; se llevarán un buen chasco.
Esto no sería un problema si la propia historia fuese muy buena, pero por desgracia resulta simple, tópica, mal contada y previsible.

Tras los primeros 20 minutos donde se nos plantea la situación de Jill (quizá lo único que puede llegar a ser un poco interesante), el filme se convierte en un mal videojuego donde la protagonista va recolectando pistas y yendo del punto A hasta el B, donde encuentra algo que la lleva al C, y así consecutivamente.

Lo peor de todo es que el guión, a pesar de ser tan simple, está repleto de sinsentidos. Hay situaciones que resultan inverosímiles mientras transcurre la historia. Por ejemplo, Jill se encuentra un ticket de una ferretería y va a interrogar al propietario de la misma, que no solamente recuerda la cara del comprador, sino que es capaz de darle el apellido, modelo del coche que conducía, los kilómetros que había realizado su vehículo y el lugar de residencia, a pesar de no haber pagado con tarjeta de crédito, no ser un cliente habitual ni notar nada raro en él.
Eso por no hablar de que la protagonista conduce 4 coches distintos que consigue de manera irrisoria, o de la absurda actuación policial.

Los diálogos tampoco se salvan. Casi todas las conversaciones están metidas con calzador y resultan muy irreales propiciadas, sobre todo, por la falta de carisma de los secundarios y de las inexistentes relaciones entre ellos.

El reparto, liderado por Amanda Seyfried, no cumple con las expectativas. Quizá no sea culpa de los actores y sí de unos personajes sin ningún tipo de interés. Aun así, que la única cara familiar, además de la de Amanda, sea la de Jennifer Carpenter (conocida por ‘Dexter’ y que solamente sale en pantalla durante 5 minutos escasos) deja bastante que desear. Por suerte, el peso de todo el filme cae sobre ella, que, aunque no hace un papel espectacular, no defrauda.

La música no es gran cosa, aunque tampoco resulta pésima y cumple con su propósito.

En definitiva, ‘Sin rastro’ tiene todos los ingredientes para ser un telefilme. De hecho, nos resulta asombroso que tenga una distribución tan grande y que una actriz con aceptable éxito haya aceptado protagonizarla. Falla en todos los aspectos y una vez alcanzados los títulos de crédito se borra automáticamente de la memoria.
Ha sido un mal comienzo del director brasileño Heitor Dhalia en territorio americano.

Si hubiese que destacar algo positivo sería que, si obviamos los problemas de guión y reparto, nos queda una película de hora y media que puede resultar mínimamente entretenida si ponemos el listón de exigencia muy bajo y no le damos importancia a las incongruencias que emanan sin parar.

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