Críticas de cómics

Crítica: «Billionaire Island», una sátira que golpea

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Muy Recomendable

Inteligente sátira de nuestra sociedad y nuestro modo de vida... aunque en ocasiones su falta de ritmo le reste impacto.

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Mark Russell ha destacado (está destacando) como guionista en el mundo del cómic norteamericano gracias a sus inteligentes propuestas, siempre disparando críticas mordaces y certeras. No cabe duda que utilizar personajes tan populares como Los Picapiedra o el León Melquiades le sirvió como reclamo, marcándose unas premiadas y celebradas miniseries que no fueron sino el paso previo a su actual etapa como autor de cómic independiente y, en concreto, colaborando/editando con el sello Ahoy Comics. Ya comprobamos como se las gasta con el título Second Coming, en el que narraba la segunda venida de Cristo y como se enfrentaba a este loco mundo actual. Le toca ahora el turno a Billionaire Island, cuyos primeros seis números publica Planeta Cómic en el presente volumen.

Para la ocasión, Mark Russell hace tandem con el mismo artista que colaboró en Los Picapiedra: el dibujante Steve Pugh. El resultado es realmente bueno y, con sus más y sus menos, los autores logran el objetivo que se proponen.

En Billionaire Island asistimos a un futuro inmediato en el que el planeta está manifestando los efectos más desagradables y definitivos producidos por la crisis climática. Los océanos han subido varios metros, los tsunamis arrasan poblaciones costeras, la desertización avanza a una velocidad creciente, la hambruna llega cada vez a más y más países, los combustibles y los recursos escasean con preocupante celeridad… vamos, a lo que nos dirigimos en la vida real. De hecho, Mark Russell nos lo explica en un demoledor y desolador prólogo. El ser humano tiene en su mano la solución, pero opta por lo cómodo y egoísta que es mirar para otro lado y aferrarse a una tabla de salvación cada vez más podrida y maltrecha. Los más ricos, los poderosos, pueden sobrevivir… solo un poco más.

Dando título a la serie, la isla artificial llamada Libertad Ilimitada acoge a los personajes más ricos del Planeta. Ese es su refugio, flotando siempre en movimiento por aguas internacionales, les permite aislarse del mundo mientras este se desmorona. Allí tienen cobijo completo con todas las comodidades que necesitan y más, mientras miles de millones de personas que no pueden pagarse ese lujo mueren de hambre y de sed, arrastrados por la destructiva crisis climática que ha llegado a su punto crítico.

En el mundo exterior a la dichosa isla se mueven todavía las personas que intentan sobrevivir y, entre ellos, algunos de los protagonistas de nuestra historia. Una reportera que llegará a la isla para entrevistar al magnate que la dirige y, de paso, preguntarle por una sospechosa operación con la que quiere alimentar a la población… pero que esconde una segunda intención bastante censurable. Un mercenario también ingresará en la isla, buscando venganza contra estos psicópatas de traje y corbata que presumen de tenerlo todo sin importar lo que cueste para el resto de sus congéneres y de su planeta. A través de ellos recorreremos la isla y conoceremos su origen y la gente que la habita.

Una sátira mordaz y sangrante que nos planta un espejo donde mirarnos, para nuestra propia vergüenza y escarnio y para que nos paremos a pensar un poco a donde nos lleva este modo de vida consumista e incendiario. Se suceden las escenas divertidas y los gags, que nos hacen reír y sonreír constantemente… pero esa misma risa se nos congela en los labios cuando caemos en la cuenta de que, en realidad, nos estamos riendo de algo que tiene todos los visos de pasar.

El principal problema que, como cómic, tiene Billionaire Island es su desestructurada narrativa. El mensaje, que es sensacional y tremendo, se come a la propia narrativa y pasa por encima de unos personajes que apenas quedan dibujados… y son tragados por la historia. Son algo así como meras marionetas, sin carisma ni apenas interés. En estos seis números da la impresión de que ya está todo dicho, queda todo contado y nada se guarda para futuras etapas. Si se hubiera tomado con más tranquilidad y se hubiera desarrollado una historia a partir de los personajes tendríamos, sin duda, un producto más sólido y perdurable. De la forma en que está contado es, desde luego, impactante… pero el impacto se pasa con la misma celeridad con la que se lee el tomo.

Steve Pugh queda algo más deslucido que en trabajos anteriores, con un acabado menos detallista y exigente. De todas formas, su arte se pone al servicio de la historia y consigue reflejar y plasmar con acierto cada escena. Seguramente al aspecto gráfico se le puede hacer la misma crítica que al literario: cumple de sobra y consigue trasladar la idea, pero da la impresión que no ambiciona nada más. Con más trabajo y codicia por crear algo memorable, podrían haber construido una serie absolutamente paradigmática. Pero se queda en una inteligente sátira. Que no es poco.

Es el primer volumen de la serie… pero el mensaje está lanzado y las cartas mostradas. A ver con qué nos sorprenden los autores en futuras entregas. Si su ambición es crear algo a largo plazo y este es solo el punto de partida, estamos ante algo grande. Pero si continua con el tono actual, quedará en un cómic sobresaliente y corrosivo, crítico y sangrante… pero también como algo que podía haber sido un referente.

Seguiremos informando…

Giacco

Redactor jefe de las secciones de Cómics y Videojuegos, así como presentador de muchos de los programas de Hello Friki Podcast.

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